De la redacción
El Buen Tono
Boca del Río, Ver.- La inseguridad que durante años ha sido reclamo cotidiano de los veracruzanos terminó tocando directamente al diputado Héctor Yunes Landa: mientras hacía ejercicio en Boca del Río, tres sujetos lo habrían vigilado, atacado y despojado de una cadena cuyo valor estimado supera los 100 mil pesos.
Lo más llamativo no es únicamente el robo, sino la facilidad con la que, según la investigación, habría operado el grupo. Uno vigiló desde un vehículo, otro le arrancó la cadena y un tercero acudió posteriormente a una casa de empeño para convertirla en 58 mil pesos.
Todo ocurrió en una zona ampliamente transitada por corredores y ciclistas, donde, de acuerdo con la propia carpeta de investigación, ya existen antecedentes de robos similares.
Y aquí aparece la parte incómoda para Yunes: una cosa es hablar de seguridad desde el discurso político y otra muy distinta descubrirla cuando la víctima es uno mismo.
La ciudadanía no necesita discursos para saber que existen zonas donde salir a correr, caminar o simplemente transitar puede representar un riesgo. Ahora el diputado experimentó en carne propia esa realidad que miles de ciudadanos padecen sin escoltas, sin reflectores y sin la posibilidad de convertir un asalto en una investigación que llegue rápidamente a los tribunales.
La cadena terminó en una casa de empeño por 58 mil pesos, aunque su valor estimado sería superior a los 100 mil. La Fiscalía logró recuperar la pieza, pero incompleta: falta un dije de considerable valor que presuntamente quedó en manos del tercer involucrado, quien continúa prófugo.
Dos personas ya fueron detenidas. Una sería quien esperaba al volante y la otra quien habría realizado el empeño utilizando su propia credencial de elector. El presunto responsable de arrancarle la cadena al diputado sigue sin ser localizado.
El episodio también expone otra situación preocupante. Según la investigación, los involucrados ya tendrían antecedentes por robos similares cometidos contra personas que realizan ejercicio en el bulevar Ávila Camacho, particularmente en la zona de Juan Pablo II.
Es decir, no se trata de un territorio desconocido para quienes cometen estos delitos. La pregunta inevitable es por qué, pese a los antecedentes, quienes salen a correr continúan encontrándose con condiciones de inseguridad.
Yunes Landa ahora tiene una experiencia personal que difícilmente puede reducirse a una estadística: fue vigilado, atacado y despojado en plena vía pública.
La audiencia más reciente fue diferida y el proceso continúa abierto.
Mientras tanto, la cadena podrá terminar nuevamente en manos de su propietario, pero el episodio deja una ironía imposible de pasar por alto: un político que durante años ha tenido el micrófono para hablar de los problemas del estado terminó protagonizando, como víctima, uno de los problemas que miles de veracruzanos enfrentan todos los días.
La diferencia es que para muchos ciudadanos un robo significa perder lo poco que tienen. En el caso de Yunes, significó perder temporalmente una joya valuada en más de 100 mil pesos.
La inseguridad, queda claro, no respeta cargos. Pero tampoco debería necesitar que le roben a un diputado para que el problema vuelva a ocupar los reflectores.
