AGENCIAS
México.- El consumo de carne en México muestra señales de desaceleración ante la pérdida del poder adquisitivo de los hogares, el incremento de los costos de producción y las dificultades económicas de las familias. Para el cierre de 2026, el crecimiento será de apenas 0.8%, estimó el Consejo Mexicano de la Carne (Comecarne).
De acuerdo con las proyecciones del organismo, aunque algunos productos como el pollo y el cerdo registraron reducciones de precio, estas disminuciones no han sido suficientes para impulsar el consumo, debido a que las familias tienen menor capacidad para comprar alimentos y cubrir otros gastos básicos.
Las estimaciones para este año muestran comportamientos distintos entre los principales tipos de carne: el consumo de pollo crecería 1.3%, el de cerdo 1.5%, mientras que el de res registraría una caída de 1.5%.
El comportamiento de los precios también refleja diferencias importantes. Entre enero y octubre de 2026, el pollo bajó 4.5% y el cerdo 2.8% en precios al consumidor; sin embargo, la carne de res aumentó 7.4%, encareciendo una de las principales fuentes de proteína para los hogares.
Comecarne atribuyó esta desaceleración a la menor capacidad de compra de la población y a un crecimiento más moderado de la masa salarial, que pasó de 7.9% en 2025 a una previsión de 7.1% para 2026. A ello se suman los mayores gastos de energía, transporte, seguridad y operación de las empresas productoras.
El consumo y la producción en cifras
Durante 2025, México registró un consumo de 11.55 millones de toneladas de carne, equivalente a un promedio de 85.3 kilogramos por habitante. La producción nacional alcanzó 8.73 millones de toneladas, mientras que las importaciones sumaron 3.27 millones.
El organismo también advirtió sobre nuevas presiones para el próximo año. Para 2027 proyecta incrementos en los precios al consumidor de 6% en carne de res, 4.8% en cerdo y 3.3% en pollo, lo que podría representar un nuevo desafío para la economía familiar.
Las cifras reflejan que, aunque la disponibilidad de carne se mantiene, el encarecimiento de algunos productos y la pérdida de capacidad de compra están limitando el consumo de proteína animal en los hogares mexicanos.
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