AGENCIA
Ciudad de México.- El Gobierno federal busca presentar la transformación del Sistema Nacional de Salud como un paso histórico hacia una atención médica universal, digna y de calidad, pero detrás del discurso oficial persiste una realidad difícil de ignorar: millones de mexicanos continúan enfrentando hospitales saturados, falta de medicamentos, largas esperas y escasez de especialistas.
La estrategia anunciada para avanzar hacia 2027 coloca a los adultos mayores y a los pacientes con enfermedades crónicas entre sus principales prioridades. La razón es evidente: cuatro de cada 10 derechohabientes atendidos en instalaciones del IMSS y del ISSSTE tienen más de 60 años, lo que representa una presión creciente para instituciones que ya enfrentan importantes problemas de capacidad y financiamiento.
El Gobierno pretende responder con mayor prevención y detección temprana de enfermedades como diabetes, hipertensión e insuficiencia renal. También plantea modernizar la atención primaria, incorporar inteligencia artificial, garantizar medicamentos y terapias avanzadas y fortalecer servicios como diálisis, hemodiálisis y trasplantes.
El problema es que la tecnología y los nuevos programas difícilmente resolverán por sí solos las carencias estructurales de un sistema que requiere más médicos, especialistas, infraestructura, medicamentos y presupuesto.
La promesa de universalidad
La presidenta Claudia Sheinbaum ha planteado que ningún mexicano debería enfrentar obstáculos para recibir atención médica por su condición económica o lugar de residencia. Es un objetivo necesario, pero la verdadera prueba estará en los hechos y no en los anuncios.
Hablar de un sistema universal resulta complicado cuando todavía existen diferencias importantes en la capacidad de atención entre regiones y cuando miles de pacientes deben esperar semanas o meses para conseguir una consulta especializada, un estudio diagnóstico o una intervención quirúrgica.
La estrategia también apuesta por herramientas de inteligencia artificial para apoyar diagnósticos a distancia. Aunque puede representar un avance, difícilmente sustituirá la presencia de médicos, especialistas, enfermeras y personal capacitado, especialmente en comunidades alejadas donde la infraestructura básica continúa siendo insuficiente.
Más tecnología, pero ¿más medicamentos?
Otro de los compromisos es garantizar tratamientos innovadores y medicamentos esenciales sin importar la institución a la que pertenezca el paciente. Precisamente aquí se encuentra uno de los mayores desafíos.
La población no necesita únicamente nuevas plataformas, credenciales o sistemas de registro. Necesita que cuando llegue a una clínica exista el medicamento que le recetaron, que haya personal suficiente y que pueda recibir atención sin tener que recorrer varias instituciones para resolver un problema que debería atenderse en una sola.
El fortalecimiento de servicios como la hemodiálisis y la diálisis también representa un reto financiero considerable, pues se trata de tratamientos permanentes que requieren infraestructura especializada y personal capacitado.
El riesgo de convertir la salud en otro anuncio
El Gobierno federal pretende consolidar la estrategia hacia 2027, pero el plazo también genera dudas sobre la capacidad real de transformar en pocos meses problemas acumulados durante décadas.
La universalización de la salud no puede reducirse a una campaña institucional ni a una nueva credencial. Tampoco puede medirse únicamente por el número de módulos instalados o pacientes registrados.
El verdadero indicador será mucho más sencillo: que un adulto mayor pueda acudir a una clínica y ser atendido a tiempo; que un paciente con diabetes encuentre sus medicamentos; que una persona con insuficiencia renal tenga acceso a su tratamiento; que una consulta especializada no se convierta en una espera interminable y que vivir en una comunidad alejada no signifique recibir una atención médica de segunda.
El Sistema Nacional de Salud enfrenta así una prueba de credibilidad. Si los recursos, infraestructura y personal no crecen al ritmo de las promesas, la llamada transformación podría terminar siendo únicamente un cambio de nombre y de estructura administrativa.
La salud pública necesita menos propaganda y más resultados. Para los millones de mexicanos que dependen del IMSS, ISSSTE y demás instituciones públicas, la verdadera transformación comenzará cuando las promesas se traduzcan en médicos, medicamentos, equipos y atención oportuna.
Seguimos igual desde hace ocho años y el sistema de salud sigue con sus múltiples carencias. Seguimos esperando el sistema de salud similar al de Dinamarca, ya no queremos más cucharadas con salud del Bienestar.
¡Más de lo mismo, al igual que AMLO, ni siquiera el discurso es capaz de modificar!
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