Hay un galardón negro que tiene el estado y que incluye a la zona centro: el liderazgo en el número de fosas clandestinas usadas por los grupos del crimen organizado en su intento por desaparecer a sus víctimas. En lo que va del semestre gubernamental, de diciembre a la fecha, se han localizado 222 cementerios ilegales y, de ellos, 76 están en Veracruz.

Lo anterior de acuerdo con el reporte dado por el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas quien precisó que después de la entidad veracruzana siguen Sonora y Sinaloa como punteros en la cifra de fosas clandestinas con 35 y 23 sitios respectivamente. Es decir, Veracruz duplica a su “seguidor más cercano” -por llamarlo de alguna forma- en los fosarios ilegales.

En esos lugares se han localizado 337 cuerpos, señaló el funcionario, aunque dicho número es apenas el 1 por ciento de los casi 40 mil desaparecidos que reportan las autoridades en todo el País, un dato desolador. También es grave que son muy pocos los restos óseos que se han podido identificar tras el procesamiento forense correspondiente para determinar un perfil genético que lleve a ubicarlos con nombre y circunstancia.

Los cadáveres y osamentas hallados no es el final del camino, como se ha dicho, pues a esos restos se les tiene que dar una identidad y retornarlos a sus familiares. Algunos de ellos son o eran buscados por colectivos y parientes que denunciaron su desaparición, pero otros son las víctimas silenciadas y silenciosas de esa tragedia que hay en el subsuelo del País, porque nadie los busca o el reclamo de sus seres queridos no se ha logrado escuchar.

 La tragedia de los desaparecidos y las fosas clandestinas ya tiene dos décadas de enlutar a México -tres sexenios al menos, los de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto- ya que, según lo expresado por Encinas, los estudios realizados a los restos humanos localizados arrojan dicha datación. Vaya, es tan grave la tragedia que la misma Fiscalía General de la República (FGR) acaba de emitir una recomendación que para muchos suena macabra, pero que es algo necesario ante el contexto de muerte.

“Ante cualquier percance, ten siempre a la mano los datos de tus hijas e hijos. Adicionalmente, toma una muestra de ADN de cada uno de ellos”, expuso la institución a través de un mensaje en las redes sociales. La conseja ha generado polémica, pues algunos consideran que es una aceptación implícita de lo macabro y la resignación de que seguirá desapareciendo gente, sobre todos niños y jóvenes.

 Es una suerte de aceptación, sí, pero no debe ser tomada como “resignación” sino como la precaución ante lo posible, aunque duela a todos reconocerlo. Como se expuso líneas arriba, el hallazgo de restos humanos que fueron inhumados clandestinamente apenas es el comienzo de un largo camino para encontrar a los ausentes.

Es insoslayable trabajar -las autoridades- y contribuir -la población- con la medicina forense que es el camino para darle nombre y circunstancia a cada hueso o cuerpo localizados. Es un proceso largo que sólo tendrá éxito en la medida que la sociedad ayude teniendo a la mano el perfil genético de cada uno de sus integrantes. A eso ha empujado la hecatombe humanitaria, a anticiparse por si hay que buscar un desaparecido en nuestro entorno.

LOS ‘REINOS DEL TERROR’

Y como también se mencionó al inicio del texto, Veracruz y su zona centro no son ajenos a esa tragedia, pues allí se han ubicado decenas de fosas clandestinas. Colinas de Santa Fe en el puerto, Los Arenales en Río Blanco y El Porvenir en Úrsulo Galván son apenas unos de los nombres de los cementerios clandestinos con mayor número de fosas halladas. El cálculo de los expertos es que habría muchos más.

En días pasados se informó que los reclusorios, concretamente el Duport Ostión de Coatzacoalcos, habría también fosas clandestinas donde se inhumó a muchas personas, y la noticia no sorprende porque es del conocimiento popular que desde el sexenio del innombrable el control de los penales se entregó a  la delincuencia organizada y estos era -y algunos siguen siendo-  “centros de operaciones” de la misma.

Tampoco es la primera penitenciaria que sirvió para desaparecer personas, hay que recordar que en el penal de Piedras Negras, Coahuila, fue durante muchos años -los sexenios de los hermanos Rubén y Humberto Moreira- refugio y matadero oficial de la delincuencia organizada. Cientos de personas fueron ingresadas allí clandestinamente para ser torturadas, asesinadas y desaparecidas, como relata el académico Sergio Aguayo en su investigación “Yugo Zeta, el norte de Coahuila”, presentado en noviembre del 2017. El penal veracruzano de Coatzacoalcos fue otro ‘reino del terror’ de ese mismo grupo delictivo que, obviamente, actuó bajo la venia de los exgobernantes. 

Pero regresando al tema de las personas desaparecidas, tan grave es la situación en Veracruz que el titular de la Comisión Estatal de Búsqueda, Geiser Manuel Caso Molinari ya renunció alegando presuntos “motivos de salud”. De acuerdo con lo trascendido, el funcionario no resistió el estrés y desarrolló una afección cardiaca, por lo que se retira y queda acéfala dicha comisión.

Hay un encargado de oficina, pero se deberá repetir el proceso de selección en el congreso local para nombrar a otro comisionado. Tal es la magnitud de la catástrofe humanitaria que ni siquiera los burócratas resisten al toparse con la negra realidad veracruzana.