AGENCIA
Katmandú.- Una devastadora riada azotó este miércoles la zona fronteriza entre Nepal y China, dejando una estela de destrucción en comunidades, carreteras, puentes y centrales eléctricas, mientras equipos de emergencia realizan una intensa búsqueda de personas desaparecidas.
Hasta el corte más reciente, distintas autoridades y medios reportaban cifras variables de víctimas debido a que las labores de rescate continúan. Al menos 22 personas habían muerto en Nepal y cerca de 384 personas, entre ellas unos 291 extranjeros, permanecían sin contacto, de acuerdo con reportes de autoridades y organismos turísticos. La cifra podría aumentar conforme los rescatistas logren acceder a las zonas más afectadas.
La emergencia se concentró principalmente en el distrito de Rasuwa, donde el desbordamiento del río Bhotekoshi arrasó viviendas, vehículos, caminos y otras instalaciones. Del lado chino, en el Tíbet, un deslave afectó el puerto de Gyirong, un importante punto de conexión comercial con Nepal, donde también se reportaron personas desaparecidas y graves daños.
Entre los desaparecidos hay turistas y peregrinos de distintas nacionalidades que se encontraban en la región para trasladarse hacia el Tíbet, incluidos ciudadanos de India, Estados Unidos, Reino Unido, Malasia y otros países. Las autoridades de ambos lados de la frontera desplegaron personal militar, policial y equipos especializados para localizar a las víctimas.
La fuerza de la corriente también provocó severas afectaciones a la infraestructura eléctrica. La Autoridad de Electricidad de Nepal informó daños en instalaciones de generación, transmisión y distribución, con alrededor de 430 megavatios de capacidad afectados, equivalente a más de 12 por ciento de la capacidad hidroeléctrica nacional.
Respecto al origen del desastre, las primeras versiones apuntaron a un terremoto registrado horas antes, que habría provocado un desprendimiento de roca y hielo capaz de bloquear temporalmente el cauce del río Lhende Khola. La ruptura de ese bloqueo habría generado una súbita descarga de agua y sedimentos. Sin embargo, especialistas y autoridades mantienen abierta la investigación y no existe todavía una explicación definitiva.
Las condiciones montañosas, los caminos destruidos y la acumulación de sedimentos han complicado las labores de rescate. Además, autoridades han advertido sobre la posibilidad de nuevos deslizamientos y otra crecida, por lo que se mantiene la vigilancia en las comunidades ubicadas río abajo.
La tragedia vuelve a exhibir la elevada vulnerabilidad de la región del Himalaya ante inundaciones repentinas, deslaves y fenómenos asociados con la actividad sísmica y el comportamiento de glaciares y ríos.
