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¿Adorno de lujo? El sincericidio de Luisa Alcalde y los costos del poder

Por: Enzzo Omar Sosa

Asistimos a un nuevo capítulo de las telenovelas del poder en Palacio Nacional. La ya exdirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde Luján, protagonizó un fugaz pero revelador forcejeo público con la presidenta Claudia Sheinbaum. La Mujer Maravilla de la 4T, acostumbrada a los reflectores, no pudo ocultar la incomodidad que le generó el puesto ofrecido, mostrando que, para las élites del oficialismo, el servicio público es un botín, no una vocación. En este contexto de ajustes, Sheinbaum ha orquestado una reconfiguración que, empujada por las elecciones intermedias de 2027, busca consolidar su poder, debilitando a la corriente del expresidente López Obrador y a su hijo, Andrés Manuel López Beltrán.

Lo que tenemos frente a nosotros es un sincericidio político. Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum le extendió la invitación para ocupar la Consejería Jurídica de la Presidencia, Luisa María pidió tiempo, desatando una ola de versiones que la retratan: según El Universal, a doña Luisa le pareció “muy poco”, pues sus aspiraciones apuntaban a una “secretaría de Estado trascendente”. La anécdota de que pidió “pensarlo un ratito” confirmó que no es una militante más, sino una pieza que exige ser colocada en el tablero con todas las de la ley.

Pero aquí no hay espacio para divas. Sheinbaum, con mano firme, le recordó a Luisa quién manda. Al final, la exdirigente tuvo que aceptar ipso facto el cargo que, desde la salida de Julio Scherer, ha perdido la influencia en las decisiones presidenciales. Así, la hoy consejera jurídica llega como un “adorno” que, por su juventud y belleza, será un bonito florero en la vitrina del poder. Para justificar la maniobra, Sheinbaum ha establecido una regla de oro: cualquier funcionario que aspire a un cargo de elección debe separarse de su puesto. La jugada despeja el camino para que Ariadna Montiel tome las riendas de Morena.

El problema de Alcalde no es solo su ambición desmedida, sino su historial. Morena supo del comportamiento polémico de sus fichas, como el de los candidatos Manuel Alonso y Luis Abella Alvarado, señalados por “lavado de dinero” y nexos con el crimen organizado en Córdoba, Veracruz. A pesar de las denuncias, la dirigencia morenista, encabezada por Alcalde, mantuvo sus candidaturas intactas. El partido, que prometió “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, se ha convertido en un refugio para quienes compran candidaturas y operan al margen de la ley.

A esta lista se suma el ya conocido nepotismo. La prensa ha documentado que Alcalde Luján tiene o ha tenido al menos siete familiares en la nómina gubernamental, incluyendo a su madre, su hermana y varias primas, quienes se mantienen en cargos de alto rango. Luisa María los defiende diciendo que tienen méritos propios, pero la percepción ciudadana es de un inquietante favoritismo. En un intento por frenar la sangría, Morena aprobó en marzo de 2026 lineamientos para cerrar la puerta al nepotismo y al dinero ilícito, una medida que huele a cortina de humo.

El escenario político esta sacudido por las elecciones intermedias de 2027 que, para muchos analistas, ya comenzaron. Sheinbaum está moviendo sus fichas. Citlalli Hernández ya está en la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, y el nuevo rol de Alcalde es un movimiento maestro para neutralizar la influencia de Andrés Manuel López Obrador y la de su hijo.

El “Peje” se fue a su finca en Palenque, pero su herencia política tambalea. Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, Secretario de Organización de Morena, es señalado como el perfil menos popular para aspirar a la Jefatura de Gobierno de la CDMX en 2030, con apenas el 1.6% de las preferencias electorales. Sheinbaum, al mover las piezas y nombrar a los suyos, le está quitando poder de maniobra a la corriente morenista más radical. No lo hace por capricho: sabe que su mandato y la mayoría en la Cámara de Diputados están en juego.

Cuando las campañas arrecien y las críticas por la inseguridad y la economía se multipliquen, el oficialismo se jugará todo. Alcalde será una adorno más. Aceptó el pochoclo, y eso la ha dejado reducida a una silueta decorativa en el régimen. Bien dicen por ahí que el poder se parece mucho a la gelatina: si no lo muerdes, se te escurre entre los dedos.

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