JavaScript must be enabled in order for you to see "WP Copy Data Protect" effect. However, it seems JavaScript is either disabled or not supported by your browser. To see full result of "WP Copy Data Protector", enable JavaScript by changing your browser options, then try again.
PUBLICIDAD publicidad

Santos y Demonios
Guillermo Santos Martinez

La primera es una percepción que muchos ciudadanos comparten: quien controla el aparato gubernamental también dispone de una enorme capacidad para influir en el proceso político mediante programas, estructuras, operadores y recursos públicos. Esa percepción, justa o injusta, erosiona la confianza en la democracia.

La segunda reflexión es sobre nosotros mismos. Cada elección vuelve a exhibir una realidad preocupante: hay ciudadanos que terminan intercambiando su voto por una despensa, una promesa, un apoyo temporal o unos cuantos pesos. Mientras sigamos vendiendo nuestro futuro por beneficios momentáneos, seguiremos obteniendo los mismos resultados.

Pero también existe otro sector que no se deja comprar y, aun así, decide no participar. El abstencionismo termina siendo un regalo para quienes ya tienen estructuras electorales consolidadas. Si nadie te representa, sal y anula tu voto. Si nadie te convence, escribe el nombre de una persona no registrada. Lo importante es que tu inconformidad quede reflejada en las urnas y no en el silencio.

Los partidos políticos tradicionales parecen vivir una profunda crisis de credibilidad. Muchos ciudadanos observan que las dirigencias cambian de discurso, pero no de prácticas; cambian de colores, pero no de privilegios. Hay quienes consideran que algunos partidos sobreviven más por sus estructuras y financiamiento que por una auténtica conexión con la ciudadanía.

Sin importar quién gane, la exigencia debe ser la misma: que los gobiernos cumplan. No se trata de defender siglas ni de actuar como aficionados de un equipo de fútbol. Se trata de exigir seguridad, infraestructura, servicios públicos eficientes, empleo y resultados.

También es momento de decir basta a la delincuencia que todos los días encarece la vida de millones de mexicanos. Las extorsiones, los cobros ilegales, los robos y la inseguridad terminan pagándose en cada producto, en cada negocio y en cada familia.

Asimismo, es válido debatir si los recursos públicos destinados a apoyos o cooperación internacional deberían revisarse cuando existen tantas necesidades sin resolver dentro del país. Para muchos ciudadanos, la prioridad debe ser atender primero los problemas de los mexicanos.

Y respecto a la migración, la discusión debe centrarse en que toda persona, sea mexicana o extranjera, respete la ley. Quien venga a trabajar, aportar y construir es bienvenido; quien venga a delinquir debe enfrentar las consecuencias legales correspondientes.

La democracia no se fortalece con fanatismos, ni con acarreados, ni con campañas de odio en redes sociales. Se fortalece cuando los ciudadanos dejan de comportarse como clientes de los políticos y comienzan a comportarse como sus verdaderos patrones.

Porque al final, los gobiernos pasan, los partidos cambian de nombre, los políticos se reciclan… pero los problemas de México siguen ahí. Y si el pueblo no exige, nadie lo hará por él.

Los leo sin hipocrecias.

CANAL OFICIAL