Por Andrés Timoteo  / columnista

AMLO-FEST Y ANTI-AMLO 

En el terreno político, ayer domingo se cumplió el primer año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Claro, oficialmente porque en los hechos comenzó a tomar decisiones de impacto gubernamental desde su triunfo electoral en julio del 2018. El tabasqueño llega a sus primeros doce meses de ocupar palacio nacional con claroscuros muy marcados.

 Los negativos son principalmente en materia económica y de seguridad pública. La economía nacional tiene un cero crecimiento contrario a los 6 puntos porcentuales que prometió López Obrador.  Ayer, el presidente pidió paciencia a los mexicanos y un año más para sentir los resultados en materia financiera, pero los pronósticos de las calificadoras y bancos no son buenos, y para el 2020 se espera que la recesión económica se sienta con mayor impacto en todos los hogares de la nación.

 En seguridad pública las cosas también van mal. El saldo del primer año del lopezobradorismo es de 30 mil ‘ejecutados’. El promedio es de terror, casi 90 personas fueron asesinadas cada día  y entre esa numeralia se tienen casos aberrantes como las masacres de Veracruz, la de la familia LeBaron en Chihuahua, de los policías en Michoacán, y la vergonzosa capitulación del Estado mexicano frente al Cartel de Sinaloa tras la captura y liberación de Ovidio Guzmán, el hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

 Los positivos en el gobierno lopezobradorista han sido opacados por los escándalos generados por las acciones gubernamentales y legislativas de la “Cuarta Transformación”. Entre ellos se pueden destacar los programas sociales, el apoyo a los adultos mayores y estudiantes, la revocación del mandato y leyes contra la corrupción, así como la intervención para erradicar algunos cacicazgos oficiales y la captura y procesamiento judicial de unos cuantos exfuncionarios saqueadores.  

 Ayer, como marca el ritual lopezobradorista, el Zócalo capitalino se llenó con unas 250 mil personas para el llamado “Amlo-Fest” que es la fiesta de los incondicionales del presidente. Escuchar, aplaudir y celebrar el discurso presidencial a un año de gobierno. Van tres “Amlo-Fest” en este 2019, el primero fue en julio para celebrar el triunfo electoral, el segundo el primero de septiembre por el informe oficial y el tercer por el aniversario numero uno de la gestión gubernamental.

 Lo destacable de la jornada también fue la ‘Marcha Anti-Amlo’ que se realizó en la Ciudad de México y en otras urbes del interior del País. A diferencia de otras movilizaciones contra López Obrador esta vez ya no fueron decenas ni centenas sino varios miles que se manifestaron contra su gestión. En la capital del País se estimaron 20 mil participantes y en el resto de las ciudades otros diez mil. Poco a poco va permeando el llamado a salir a las calles.

 Vaya, hasta la Iglesia Católica abordó el tema. La Arquidiócesis de Xalapa ponderó la ‘Marcha Anti-Amlo’ en su comunicado dominical al asegurar que se debe a que el Gobierno del tabasqueño “lamentablemente ha provocado más desencanto que satisfacciones”. Y le dirige un mensaje duro: “en la realidad que estamos viviendo tenemos momentos como de naufragio y oscuridad (violencia e inseguridad, pobreza extrema, mala calidad de los servicios de salud, escasez de medicinas crisis económica y social, vías de comunicación destrozadas y áreas públicas abandonadas)”.

 “La vida presente está caracterizada por la incertidumbre que provoca desconfianza, criticas amargas, desencantos, dudas escepticismos, especulaciones, agresiones y desánimo. La mega manifestación abraza mucho de esta realidad: son voces que reclaman una verdadera transformación, es el dolor y el agravio de muchas víctimas que están sufriendo las consecuencias de un sistema que no responde a sus necesidades y que está atentado contra las instituciones y las libertades fundamentales. Es el cansancio y el malestar que todavía busca canales para encontrar una respuesta”, reza el texto diocesano.

 Obvio, la crítica de la Arquidiócesis de Xalapa tiene doble dirección, formalmente va para el lopezobradorismo y en trasfondo para el cuitlahuismo que adolece de los mismos resultados negativos. “Te lo digo Juana para que lo entiendas Chana”, dirían las abuelas del pueblo.

 Entonces, los reacomodos y reavituallamientos de la oposición -sean partidos políticos, organizaciones sociales, el empresariado, intelectuales y el pueblo llano- contra el nuevo régimen político se están dando y la “ola” “Anti-Amlo” podría crecer significantemente por la decepción popular que también va en aumento y que apunta a convertirse en repudio, el llamado “mal humor social” como lo definió el priista Enrique Peña Nieto cuando todos le reprochaban en la vía pública. Ya se verá qué tantos salen a las calles el año siguiente.

¡POR FIN SE VA!

Con el arribo de diciembre también llegan cambios políticos en la entidad. Hay otra buena noticia para Veracruz porque Edel Álvarez Peña no buscará la reelección en la presidencia del Tribunal Superior de Justicia del estado (TSJ) así que otro será quien presida ese poder soberano. Se habla de que el candidato de palacio de gobierno es una mujer, nueva magistrada y sin experiencia, según ha trascendido.

El sábado 30 de noviembre concluyó el periodo de Álvarez Peña al frente del TSJ y hoy lunes se realizará la elección interna en el Poder Judicial -con el voto de los presidentes de las salas respectivas- para seleccionar a su sucesor. Y no es que el sureño Edel Álvarez no haya querido reelegirse, sino que en el gobierno morenista no lo quiere y su salida es una suerte de limpieza en dicho poder.

Acomodaticio y convenenciero, Álvarez Peña cambia de patrones y lealtades como de ropa interior. Fue fidelista empedernido, luego duartista obediente y más tarde yunista complaciente. Ahora intentaba que el morenismo lo aceptara para conservar su coto político, pero le dieron una patada por el trasero. 

Se va como en su momento se fue también otro del mismo pelo, Lorenzo Portilla, del Órgano de Fiscalización Superior (Orfis). Buena nueva, sin duda, aunque el destino del TSJ sea precario con la imposición que se espera de una improvisada y al servicio de palacio de gobierno. Nada nuevo, pues.