Por Andrés Timoteo / columnista

ASESINOS DE INTRAMUROS

Una bofetada no es una equivocación ni un pequeño exceso, tampoco un error ni mucho menos una caricia. El hombre que ataca a gritos o golpea a la mujer en realidad está afilando el arma para acabar con ella. Puede que lo haga al rato, mañana, en una semana, dentro de uno o diez años, pero llegará el día en que termine lo que comenzó. Tal es la advertencia que se lanza desde París a toda la población femenina.

Las alarmas se encendieron en Francia tras conocerse el reporte semestral sobre los feminicidios: 74 mujeres asesinadas, más de 12 por mes, 4 cada semana. La estadística se disparó y se teme que el 2019 sea el año más mortífero para las mujeres galas, ya que se prevé duplique los 130 asesinatos que se registraron durante todo el 2018.  Claro, las cifras no se comparan ni por equivocación con las de Veracruz, donde desde hace siete meses que comenzó a gobernar Cuitláhuac García suman 127 feminicidios.

Reunidos en la Plaza de la República en París este fin de semana, activistas, hombres y mujeres, estudiantes, amas de casa, sindicalistas y hasta legisladores exigieron a las autoridades reforzar las medidas contra la “ola” de violencia a las féminas y llamaron a todas ellas en general para tomar medidas de autoprotección, pues ninguna política pública ni acción policíaca o judicial será efectiva si las víctimas continúan pasivas.

Los manifestantes piden que a la par de los protocolos oficiales, también se informe e instruya a las mujeres sobre los protocolos personales aplicables al interior del hogar, para detectar el peligro de muerte. Debe haber cuidado ‘intramuros’ porque el 98 por ciento de los feminicidios los perpetran esposos, parejas sentimentales o estos cuando ya se convirtieron en “ex”.

Piden también que se elimine el término “pasional” en la narrativa oficial de esos homicidios. “Un asesinato no es pasional, es criminal”, aseguran. Históricamente al llamarlos “crímenes pasionales” se intenta rebajar su gravedad o al menos justificarla por convivencia o cercanía temporal de la víctima con el victimario. “Cuando debería ser al revés, se debería castigar con más severidad porque el asesino es quien decía amar a la asesinada, ahí no hay nada de pasión”, explicaron.

El significado de “pasional”, agregan, conduce a una connotación de alcoba, de infidelidad y hasta de promiscuidad sexual cuando en la mayoría de los casos los feminicidios se producen por cuestiones de odio e intolerancia. La movilización en París contra los feminicidios hizo reaccionar al gobierno del presidente Emmanuel Macron, que prometió diseñar con prontitud una “Grenelle contra los feminicidios”.

El uso del nombre Grenelle, una comuna francesa perteneciente a París, es la connotación de grandes medidas para resolver un conflicto de primer orden, como fueron los Acuerdos de Grenelle en materia laboral y ecológica de 1968 y 2007, respectivamente. Esos acuerdos fueron ejemplo mundial en cuanto a las políticas públicas en derechos laborales y ambientales.

EL SUEÑO GUAJIRO

 Ahora se pretende hacer lo mismo en materia de feminicidios y para eso el gobierno galo ha convocado a una movilización nacional para el 3 de septiembre próximo en el que anunciará esas medidas. La fecha, 3/9/19, se eligió por ser el acróstico de la línea telefónica de emergencia para las mujeres, el 3919.

Entre lo previsto está que por decreto presidencial toda llamada a ese número gratuito será atendida inmediatamente, es decir, que haya una reacción de Estado ante la petición de auxilio de una mujer. Además, se contratarán grupos de psicólogos y trabajadores sociales que supervisarán la atención a las víctimas de manera personalizada y se pretende ampliar en más de 200 los refugios para féminas alejadas de su entorno familiar como medida de protección.

Sin embargo, las críticas de las organizaciones civiles y los especialistas en el tema hacia el gobierno macronista no son pocas. Acusan que en toda Francia se han abierto anualmente un promedio de mil 300 investigaciones judiciales, cuando en países aledaños como España suma casi 20 mil por año. Algo pasa en el sistema judicial porque a las víctimas que denuncian no se les atiende o muchas ni lo hacen por no confiar en la justicia.

En este 2019, el Gobierno francés destinó 504 millones de euros -10 mil 700 millones de pesos- para combatir los feminicidios que, acusan, es insuficiente ya que se requiere por lo menos el doble. También señalan que ha fracasado el sistema de auxilio inmediato por medio de una especie de “botón de pánico”, que son aparatos celulares dotados a las víctimas para pedir ayuda y que esta sea instantánea en el caso de que se sientan en peligro. De los 880 aparatos anunciados, apenas si se han distribuidos 320.

Asimismo, es incipiente el sistema de brazalete electrónico, que por fallo judicial se deberá colocar a los agresores para que este suene cuando se encuentren a una distancia determinada de sus víctimas y envié una señal GPS a las corporaciones policiacas. Así, el ‘botón de pánico’ que deben portar las mujeres también fungirá como detector de la señal emitida por brazalete electrónico de su acosador, aún cuando no lo logren ver directamente, y puedan ponerse a salvo. 

Esas medidas tecnológicas que se aplican en Francia suenan a sueño guajiro en Veracruz, donde las mujeres son masacradas casi frente a la policía -como sucedió el pasado 14 de junio en el fraccionamiento El Campanario de la ciudad de Veracruz-, la Alerta por Violencia de Género es un chiste, las “patrullas moradas” -como la que presume el alcalde porteño Fernando Yunes- son una tomadura de pelo y donde las activistas ‘chiras’, de calle y escritorio, se callaron desde diciembre pasado.

En Veracruz se cometieron 123 feminicidios en el 2017 y 204 en el 2016, el peor año, pero todo apunta a que este 2019 lo superará y se convertirá en el más sangriento para las mujeres. En el primer semestre van 108 feminicidios, más los 19 de diciembre pasado hacen un total de 127 crimines de mujeres. En pocas palabras, una mujer ha sido asesinada cada tercer día en los últimos siete meses sin que a las autoridades les importe. El colmo es que ya hasta las feministas ‘achairadas’ piden que se deje de contarlas porque las cifras se usan para ‘golpear’ al cuitlahuismo.