En Estados Unidos siguen existiendo rezagos notables en la organización, supervisión y funcionamiento de las instituciones encargadas de estructurar las elecciones, tanto así que, en muchos sentidos el sistema electoral mexicano más avanzado. Para empezar, la Comisión Federal Electoral no tiene ni autonomía, ni una estructura nacional permanente que esté a cargo de garantizar la organización en todas las entidades del país; ni existe una credencial con fotografía que corresponda con el padrón. Se trata de una democracia indirecta, donde los votos electorales por estado, sin importar el peso demográfico de las entidades, tienen más peso que la votación directa de los ciudadanos en las urnas. Es un sistema donde los fraudes son posibles y no siempre tienen consecuencias, como se pudo apreciar en Florida, durante la segunda elección de Bush, ya que la Suprema Corte de Justicia, al final ratificó su triunfo. Hay muchas regiones enteras, y varios estados, donde domina a tal grado un sólo partido, sea demócrata o republicano, que se podría hablar de “sistema de partido hegemónico”, estados donde el clientelismo en el más puro sentido de la palabra, es parte estructural de la política. En el modelo de financiamiento a las campañas electorales norteamericano, el financiamiento público es opcional, si los candidatos optan por el financiamiento privado, como es el caso de Obama y Romney, no hay tope a los gastos de campaña. Como en muchos países, el éxito del candidato depende de los recursos que sea capaz de recaudar, sólo que en Estados Unidos esa es una actividad que se realiza a plena luz del día porque se considera lícita. De tal suerte que en esta campaña se calcula que Barack Obama ha recaudado el equivalente a cerca de 6 mil 500 millones de pesos y Mitt Romney se acerca a esa cifra en estas últimas semanas de campaña. El patrocinio privado de las campañas presidenciales es enorme y conlleva también compromisos en lo que será la política que desarrolle el ganador de la elección. En el caso de Romney sus apoyos provienen principalmente de los empresarios petroleros y de los grandes grupos financieros, mientras que Obama ha buscado afinidades con las empresas en telecomunicaciones y grupos profesionales como los abogados corporativos. Las campañas presidenciales de 2012 en los Estado Unidos serán probablemente las más caras de las que se han celebrado en ese país en casi dos siglos de democracia electoral En los medios de comunicación la imparcialidad tampoco es un requisito, es evidente que hay cadenas de televisión que favorecen abiertamente a uno u otro candidato. Sin embargo, parece que ese debate abierto, en el que cada quién muestra sus preferencias, deja a los electores satisfechos. Cuando se observan los debates de los candidatos la intensidad con que se discuten las preferencias por Obama o por Romney, o los errores en las políticas públicas de los demócratas o de los republicanos, da la impresión de que los ciudadanos realmente tienen mucho interés en formarse una opinión sobre las opciones que ofrecen los candidatos. Resulta contradictorio que los votantes norteamericanos expresen en las encuestas preferencia por el candidato que ofrece recortes a la seguridad social. A partir de estas reflexiones superficiales quedan preguntas que deberíamos tratar de responder para el futuro de nuestra propia democracia, porque si la democracia electoral de los Estados Unidos es tan imperfecta desde el punto de vista institucional, y las instituciones mexicanas son aparentemente más avanzadas, ¿Qué es lo que hace a la democracia norteamericana estable? Me parece que esto podría deberse al carácter bipartidista de la democracia norteamericana, que ha llevado a borrar las posiciones de extrema derecha o izquierda.. inclusive de moderada izquierda, para dejar sólo un centro donde la alternancia entre republicanos y demócratas al final significa muy pocos cambios. ¿Será la resignación de los norteamericanos para aceptar éstas como las únicas opciones posibles, lo que da estabilidad a su democracia?

 

Investigadora del Centro de Estudios

Sociológicos de El Colegio de México