Por Andrés Timoteo  /  columnista

CIFRAS APOCALÍPTICAS

 En los poco más de 12 años de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, iniciada por el panista Felipe Calderón y prolongada por el priista Enrique Peña Nieto, el balance es apocalíptico: 40 mil personas desaparecidas, 26 mil cadáveres que permanecen en depósitos forenses que no han sido identificados o que nadie reclama y mil 200 fosas clandestinas en todo el territorio nacional.

Esto sin mencionar los 200 mil asesinados, lo que significa, por ejemplo, 50 mil más que en los trece años de la guerra de Afganistán, del 2001 al 2014, y casi cuatro veces más el saldo de la guerra en Vietnam que duró 20 años, de 1955 a 1975. En el tema de las personas desaparecidas, Colombia en sus 50 años de conflicto con la guerrilla, el narcotráfico y los paramilitares tiene un registro de 80 mil 514 personas, según el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Si se realiza el cálculo, en apenas 12 años México ya tiene el 50 por ciento de la cifra de desparecidos medio siglo de Colombia. Nuestro país “es una enorme fosa clandestina”, afirmó el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas al presentar el Plan de Búsqueda de Personas Desaparecidas, y los detalles que dio de esos números también son indicativos y espeluznantes.

La mayoría de las personas que fueron plagiadas –‘levantadas’, según el argot- y desaparecidas son jóvenes de entre 17 y 29 años, hay también una cifra creciente de mujeres -que no la proporcionó el funcionario- y entre el 8 y 10 por ciento son migrantes, se supone que indocumentados, los indefensos entre los indefensos, que al transitar por México caen en las garras de los grupos criminales y de las policías coludidas que los usan para trabajos forzados, en la prostitución, el tráfico de enervantes o lo asesinan y terminan en los cementerios clandestinos.

Son cifras duras, muy duras, pero que la gente debe tener presente porque es lo que sigue sucediendo. Todos deben conocerlas porque son los saldos de un problema que aqueja al País, al estado y al Municipio, y que exige una respuesta de las autoridades y también de la sociedad.  A los ausentes hay que buscarlos, es una tarea que -como ya se ha dicho antes- tardará años, décadas quizás, pero se tiene que hacer para procesar esas pérdidas y construir la memoria colectiva que impida su repetición.

DELEITE O DELITO

El alcalde de Veracruz, Fernando Yunes, no solo se coloca en la mejor posición para que sea vituperado por sus malquerientes sino también para que en el imaginario colectivo se eleve su fama de ser un personaje frívolo y despegado de la representación popular. Sin guardar las formas y ni siquiera hablar de frente a la ciudadanía, anticipando su periplo de fin de semana, el edil se fue a Atlanta, Estados Unidos, para disfrutar de la final del Super Tazón de futbol americano.

Que se tome unos días de asueto y que gaste su dinero en lo que quiera no es algo judicialmente imputable. No, lo reprobable son las formas. Irse de juerga al extranjero y jactarse de eso exhibiéndose en las redes sociales denota indolencia porque el porteño de a pie sufre para salir su día. Si bien está en su derecho disfrutar sus días libres como guste, presumirlo se antoja a burla para los miles de porteños que no ven la suya.

En el imaginario colectivo queda la imagen de un alcalde derrochador, que paga 50 mil o 100 mil pesos para asistir a un evento deportivo, e indolente mientras que la ciudad que está bajo su responsabilidad se encuentra abandonada. Además, la azota la “ola” de violencia y la policía municipal sigue sin funcionar. Ante eso qué vale, viajar para divertirse o trabajar en resolverlo.

Los porteños se quejan del descuido urbano -lámparas apagadas y baches por doquier, principalmente- y cada día se habla más de la incapacidad del Ayuntamiento para resolver lo mínimo como son los servicios básicos de movilidad, iluminación y calles transitables.  Y el alcalde en el extranjero, jactándose de la farra. Si la ciudad estuviera de maravilla, el periplo no hubiera causado escozor popular ni les serviría a sus detractores para alimentar la inquina. Pero no es así.

El desorden en el Ayuntamiento y el descuido urbano ha hecho que muchos comiencen a hacer la comparación de Fernando Yunes con su hermano, Miguel Ángel Yunes Márquez quien gobernó Boca del Río impulsando su embellecimiento y procurando la optimización de la infraestructura urbana.

 Es cierto, al irse de francachela al extranjero, Yunes Márquez no incurrió en un delito sino en un deleite, como dirían los burlones, pero lo que hizo fue políticamente incorrecto. Las actitudes y el desempeño del edil jarocho terminarán siendo un lastre para el proyecto electoral de la familia Yunes en el 2021 y el 2024. No se olvide que el puerto de Veracruz es la trinchera del yunismo.