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CIUDAD FURIA

Superiberia

Andrés Timoteo  /  columnista

CIUDAD FURIA

 Para calmar el miedo de los cordobeses, fortinenses, huatusqueños y demás habitantes de la zona Centro que llevan días con pavor de salir a las calles, el gobernante en turno y sus funcionarios recetan declaraciones en lugar de estrategias, planes o accesiones concretas que combatan la ola de violencia y conjuren el riesgo de nuevos ataques perpetrados por las células del crimen organizado.

 Cinco días después de la jornada trágica en la que perecieron siete personas, entre ellos cuatro policías, apenas ayer se realizó en Córdoba la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz en la que participó el mandatario estatal, la alcaldesa panista, Leticia López, y representantes de las fuerzas armadas y corporaciones policíacas de la federación. Pese a ser un asunto de medular importancia se impidió el acceso a la prensa en las instalaciones policíacas de la colonia Buena Vista donde se efectuó la reunión.

 La única postura oficial fue un tuit de cuatro líneas y 39 palabras que subió el gobernante Cuitláhuac García Jiménez a la red social: “Iniciamos actividades en Córdoba con la Coordinación para Construcción de la Paz.  Analizamos los avances de los operativos en esta región y tomamos decisiones a fin de continuarlos y no ceder en nuestro afán de proteger a la gente”. Fue todo.

 Por supuesto que la interpretación de ese mensaje deja más preocupación que certidumbre. Dice que continuarán los “operativos” en la región. ¿Cuáles si no se ven por ningún lado o si los hay no son efectivos? Que no “cederán en el afán de proteger a la gente”. ¿A poco la protegieron el sábado pasado?, y ¿tienen el afán nada más o una estrategia seria?

 Más desastrosa fue la declaración del segundo a bordo, el secretario de gobierno, Patrocinio Cisneros quien de plano dijo que las balaceras del fin de semana “no son un asunto para alarmarse”. Vaya, como el funcionario no vive en Córdoba ni en Huatusco declara con tal ligereza. Y si la muerte de policías y la lluvia de balas no son  para alarmarse entonces qué lo será. ¿Una masacre?

 Por lo pronto, en las redes sociales el ayuntamiento emprendió una burda campaña de defensa de la cuestionada Leticia López en el intento por sacudirle el escándalo de corrupción por las casetas de vigilancia hechizas que ya costó vidas. El texto que ordenaron difundir en las redes sociales a los empleados y funcionados municipales es para doblarse de a carcajadas. Por ejemplo, piden que no se critique a la alcaldesa porque se siente heridos ellos mismos. Risas.

 “No aceptaré un descrédito en contra de la alcaldesa, ya que ofender a ella y a esta administración ofenden mi labor diaria que la hago con mucho amor y entusiasmo”, dice el mensaje. Sin duda la duartista Martha Marañón, vocera de la alcaldesa, se azotó contra el suelo aun sabiendo que había vidrios con ese argumento que ordenó que difundieran los burócratas.

 En primer lugar, nadie descredita a López Landero, sino que ella misma quedó atrapada y exhibida en sus mentiras y actos de corrupción. Eso no es un descrédito sino una realidad. Los caraduras que difunden ese texto deberían ofrecer una disculpa pública porque si en verdad hicieran su trabajo “con mucho amor y entusiasmo”, la ciudad no estaría en medio del desastre y el atraso socioeconómico.

 Y todavía adosan la etiqueta “#Córdoba_Brilla”. Estos señores no tienen compostura ya que eso solo puede ser cierto por el resplandor de las armas disparando o, hablando metafóricamente, por la centellante corrupción en el cabildo.

 La zona centro, pero en especial Córdoba, han sido noticia nacional por la jornada de sangre que registró el pasado 22 de febrero. A la llamada Ciudad de los Treinta Caballeros ya los analistas nacionales la denominaron “Ciudad del Miedo” y “Ciudad Fantasma”. A nivel local también le han asignado un sobrenombre que parece describirla a la perfección: “Ciudad Furia” por la furia con la que opera el crimen organizado y la furiosa corrupción de la alcaldesa López Landero.

 Únicamente haría falta una tercera cosa para honrar ese adjetivo: que la furia ciudadana se materialice para obligar a las autoridades a hacer su trabajo y, en su caso, a castigar las evidentes tropelías con el erario que salieron a la luz tras los sucesos violentos del fin de semana.

EL DESGOBIERNO

Lo que sucede en Córdoba es anarquía pues no hay gobierno municipal ni estatal. Los maleantes hacen lo que quieren y los demás también. El segundo ejemplo más actual de ello es lo que sucede en el mercado “Revolución” que este fin de semana cumple un mes de haberse incendiado y es la fecha en que tampoco hay un plan para reconstruirlo.

 En total, según el peritaje, fueron 240 locales dañados y 134 comerciantes damnificados. El lector se preguntará por qué no cuadran las dos cifras y la respuesta es porque muchos de los comerciantes eran “dueños” -dicen ellos, pero en realidad son permisionarios- de dos, tres, cuatro y hasta cinco locales. Ahí hay un indicio de la anarquía combinada con la corrupción.

 Pues bien, ha pasado casi un mes del siniestro y no hay avances ni en la reconstrucción ni en la investigación de las causas. No se sabe nada de las pesquisas judiciales para determinar si fue un accidente, un sabotaje o un acto del crimen organizado. No hay deslinde de responsabilidades sobre todo por las negligencias y omisiones de los funcionarios municipales.

 Ya no se diga de reparar las averías pues están entrampados en los jaloneos con los vendedores. Unos no se quieren instalar en el espacio designado para improvisar la venta, el estacionamiento del mercado o alguna calle adyacente, y otros, los que no registraron daños, pretenden seguir en el inmueble apostándole a que venderán más porque ya no tienen competencia momentánea pues a los de junto se les quemó el changarro.

 El asunto es kafkiano, o sea increíble. ¿En qué cabeza cabe que los comerciantes pretendan seguir bajo la estructura que podría colapsar y hacer que los clientes lleguen ahí pese al riesgo que representa?, y ¿cómo es posible que los afectados no quieran reubicarse y pretendan invadir la vía pública para montar los tenderetes a costa de la afectación a la ciudad? No solo colapsan la vialidad sino hacen más fea la zona de lo que ya está.

 Ahí hay un vacío de poder que aprovechan los vendedores para hacer su voluntad a pesar de que es el ayuntamiento el poseedor jurídico y plenipotenciario de los espacios. Ahí debe haber rigor para hacer la reubicación de todos los que ocupaban el área afectada y proceder a la reconstrucción de la misma.

 Sin embargo, lo que priva es el desgobierno. Así como ha transcurrido un mes del incendio en el centro de abastos pueden pasar seis meses, un año y mucho más tiempo porque no hay ningún proyecto sobre el cual trabajar ni la voluntad política para poner orden y recomponer el sitio.

 Ah, y mucho ojo porque si se descuidan los locatarios, la alcaldesa Leticia López hasta podría reconstruirles el techo y paredes quemadas con fibra de vidrio, madera y lámina, como lo hizo con las casetas policíacas, y jurarles que se gastó 100 millones de pesos en materiales de primera calidad. Ya ven que el refrán popular advierte que “gallina que come huevo, aunque le quemen el pico”.

 LA PROFECÍA BÍBLICA

 Más de cincuenta compañeros reporteros, fotógrafos y editores de un periódico que circula la ciudad – los de enfrente pues- llevan varias semanas sin cobrar su salario. Los retrasos y limitaciones en el pago por el trabajo realizado comenzaron en octubre pasado, pero empeoraron desde enero de este año. También les suspendieron despensas, servicio de telefonía móvil -a pesar de que los obligan a transmitir en vivo algunas noticias- y viáticos.

La familia propietaria de ese diario no la cara ni sus administradores, se agazaparon. En Orizaba los reporteros de plano fueron a la Junta de Conciliación y Arbitraje a denunciarlos por mala-paga y abusivos. Se espera que en la sede de Córdoba hagan lo mismo. Por si fuera poco, tienen una deuda millonaria con el IMSS porque dejaron de pagar cuotas y los colegas están en la indefensión médica desde hace tiempo.

 A la par ha trascendido la versión de que el periódico podría ser vendido -prácticamente rematado- a unos empresarios locales que recientemente compraron una estación radiofónica. Claro, lo hacen a espaldas de los trabajadores. Es un intento de chapucería para no pagar lo que deben a los empleados. Hay quienes dicen que esos señores pretenden darse a la fuga con lo que les den por los fierros y dejar ‘colgada’ a la plantilla laboral.

 Urge la intervención de la Comisión Estatal de Protección a Periodistas y de la misma comisión del congreso local que debe velar por los comunicadores, así como de las autoridades de protección laboral ya que lo que les hacen a los compañeros es un ataque a su derecho al salario por trabajo ya devengado y una violación a las garantías laborales que ampara la ley. La cosa hasta parece una profecía bíblica por eso de que el mundo se va a acabar. ¿O, mejor dicho, se lo acabaron?

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