Por Fernando M. Cruz

El pueblo soberano ha luchado durante cientos de años -muchos han dado la vida- para lograr el pase de siervos a ciudadanos. Son muchas batallas sangrientas las que se han librado por la conquista de las libertades civiles.

Sin embargo, en la actualidad, aquellas libertades civiles -que hoy en día se dan por sentadas- están en el centro del debate a nivel mundial. No por su ausencia -que las hay en países dictatoriales o defectuosos como México- sino por la falta de interés de la sociedad sobre las cuestiones públicas, esto sumado a la escasa representación de los políticos.

La problemática de la apatía ciudadana, con la falta de representación política es la mayor preocupación de los organismos electorales y de gobierno a nivel mundial.  El problema es claro, no hay una plena sociedad democrática. 

Por el lado político, no parece necesario insistir en la tormenta de desprestigio a la política -y los que la ejercen- que cubre desde los más inspirados artículos hasta las más largas pláticas de café. Pensamos que todos los políticos vienen de ese planeta que se llama corruptón  y que su maldad sólo está comparada con el nivel de corrupción e incapacidad. Todos, todos ellos.

Nos lo dicen las más altas élites intelectuales, hasta el taxista. En muchos de los casos es verdad. Son unos inútiles y unos ladrones, desde el representante del comité municipal de la comunidad más pequeña hasta el propio alcalde de la ciudad más poblada. Lo son los diputados locales de los distritos más pequeños hasta el propio secretario de la mesa directiva del Congreso local. 

Los peores son los de mayor jerarquía, los diputados federales, senadores, secretarios, gobernadores, ministros, magistrados, hasta el presidente de la República. No importa que hayan sido elegidos por una amplia mayoría en elecciones democráticas y libres. Al poco tiempo de administración los políticos se convierten en los actores sociales más repudiados. A lo que vienen dos preguntas ¿La sociedad votó por unos corruptos y ladrones o se convirtieron en eso cuando asumieron el  poder? ¿Se necesita ser corrupto y ladrón para llegar al poder o el poder es el corruptor?  Las respuestas aún no son claras. 

Los dos problemas sí que son evidentes. Por un lado los políticos -no importa el partido-  muchos de ellos son corruptos, ladrones y mentirosos. Por otro lado la sociedad es desinteresada, tolerante, indiferente y hasta cómplice. Son dos realidades tristes de la democracia en México, y sobre todo en Veracruz. Pero no nos engañemos, la mayor desilusión viene de que la sociedad quiere soluciones a sus problemas y los políticos como se ha visto nada pueden y aún no sabemos si quieren. 

La solución está en el cambio cultural, difícil pero no imposible. ¿Qué debemos hacer? ¿Reformas legislativas? ¿Candidatos ciudadanos? ¿Echar a todos los políticos corruptos? ¿Meterlos a la cárcel? Sí, por su puesto. Pero que todo ello lo hagan los políticos honestos -los pocos que quedan- que elijamos en elecciones.

Y los ciudadanos, incluidos en ellos la prensa libre y participativa, asuman su función de ser vigilantes permanentes del gobierno, de exigir día con día mejoras a la calidad de vida, y no soportar ni por un segundo la presencia de políticos mentirosos y corruptos. El reto por tanto es hacer de todos los ciudadanos, políticos; y de todos los políticos, ciudadanos. Ciudadanizar la política. Porque como señalaba Bertrand Russell, “Tengo recelo del Gobierno y desconfío de los políticos; pero como es preciso tener un Gobierno prefiero que sea democrático”, y añadiría yo, un Gobierno Ciudadano. Hagamos que suceda.

 

@Fermorales_cruz