Por Antonio Navalón

A partir de hoy y hasta el domingo, seis mil maestros a través de debates, preguntas, respuestas y formulaciones, nos ayudarán a entender mejor cómo será el sexenio que empezará el 1 de diciembre con el presidente -ya no electo, sino efectivo- Enrique Peña Nieto. 

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) está de Congreso y la maestra Elba Ester Gordillo -símbolo entre los símbolos de una época que fue y cuya máxima pregunta es ¿seguirá siendo?-, tiene oportunidad de hacer varias cosas.

La primera es ganarle tiempo al tiempo para así poder seguir y permanecer. La segunda es ganar, y ya veremos durante cuánto tiempo y de qué manera podrá mantener el resultado de esa votación que la favorece. La tercera es aceptar que esto también pasará. 

Por eso es preciso darse cuenta que cuando se pasa a ser un dato que sirve para explicar la realidad de un momento, sólo se tienen dos caminos: ser compatible con la realidad o convertirse en la gran prueba de fuego, que significa ser el cambio que las realidades sociales exigen. 

Independientemente de que tenga o no la razón y de que sea justo o injusto, el tiempo siempre se acaba por la lógica política. 

Enrique Peña Nieto tiene delante de sí, en este Congreso del SNTE, la primera señal inequívoca de cómo será su mandato. 

Que tenga entendimiento con el SNTE, lo entiendo. El sindicato sigue siendo -y no digo que eso sea malo, sino todo lo contrario- la mayor organización magisterial de América Latina.

Sin embargo, un punto importante a mencionar es que no es recomendable confundir al SNTE con la dirigencia. Ese es un problema de los agremiados. Ellos son los únicos que tendrán que decidir cómo, cuándo, dónde, por qué y a quién quieren en cada puesto. 

Enrique Peña Nieto debe -y me parece que es una alternativa no viable que jugará la transmisión de los afiliados, de los normalistas y de todos los demás que están fuera- contribuir a un mayor desencuentro y caos, o bien, tiene que esperar a que el Sindicato elija a sus líderes y después decidir en qué medida, desde la soberanía del estado, se pacta la reforma educativa. 

Lo ha dicho el presidente electo en su viaje por Europa. Quiere creer que es imprescindible una reforma educativa. Yo también pienso que es imprescindible que explique qué, cómo y con quién la quiere hacer. 

El futuro, la prueba del nueve de este sexenio, comienza con ese Congreso. Será un evento que va a definir, hacia dentro, una manera de entender la dirigencia sindical y hacia fuera, todos los mensajes, absolutamente todos. 

Lo sorprendente es la facilidad que se tiene para criminalizar a personas y casos. Lo difícil es entender que el programa global que quiera llevar a cabo Peña Nieto, así como su partido y sus colaboradores, la señal de la entidad de lo que hará, lo que empezará a construir, tendrá su base en el Congreso que empieza hoy.

Las preguntas son: ¿Se va a entender o no, con quién y a qué precio, con la licencia que salga de allí? ¿Su reforma será en contra o a favor del pueblo de México? ¿Con qué mediador político del SNTE se entenderá? 

La maestra, como todas las personas que polarizan con su vida y con su figura las grandes tensiones y manifestaciones sociales, tiene delante de sí el mayor desafío de su vida. 

Suponiendo que lo logre, que su Sindicato la elija y que todo vaya bien, ¿qué va a significar eso? Y no me refiero sólo al domingo, sino a los próximos dos años de la vida magisterial, educativa y política nacional. ¿Qué pasará?