El arte en general funciona dentro de cada mente a través de la experiencia de cada individuo en muchas maneras: para expresar imaginación, realzar moralidad (D. H Lawrence) o simplemente relajarte (Matisse). 

Una historia dramática en cierto punto, pero con una gran lección, ocurrió en la exhibición en el ‘Paris Salon’, en 1865. El famoso impresionista Edouard Manet presentó ‘Olympia’, un cuadro que causó un impacto social y modificó la percepción de nuestra sociedad actual. En el cuadro observamos a una mujer desnuda, una cortesana francesa de su época que nos mira fijamente. Olympia era una prostituta de su época, y Manet la representó en una obra de arte. La reacción del pueblo Frances fue el rechazo, se creó gran controversia y escándalo, ya que fue considerada una obra de arte inmoral, especialmente en la política, por los conservativos y su ideología equivoca.

Antes de este acontecimiento, el arte usualmente era un medio de propaganda en el cual se presentaban sólo a mujeres desnudas que estuvieran relacionadas con religión o mitología. Olympia no era Eva, ni tampoco Venus. Claramente la generalización que había en la mujer causó que la obra fuera considerada vulgar. 

A todos nos pasa: cuando apreciamos una obra de arte, tenemos la tendencia a recordar los cien aspectos que influencían nuestros gustos. En el caso de Olympia, una memoria irrelevante creo un prejuicio, quitándoles el placer de haber aprendido algo importante. El público ‘parisiene’ y la ‘bourgeoisie’ valoraban sus tradiciones del pasado, lo cual es aceptable, pero principalmente no querían motivar la prostitución en Francia.

Históricamente, Manet es un claro ejemplo de cómo la individualidad en el arte comenzó a ser algo importante y cultivado. Emile Zola proclamo que la pieza era una ‘masterpiece’, ya que Manet representó la realidad de su tiempo, y no mentía al pintar a Venus. Olympia representa a una mujer fuerte que rompió con los estereotipos franceses del siglo diecinueve. Al romper con las convenciones, el público en general modificó sus convenciones y expandió su perspectiva. 

Personalmente yo acepto la pintura, y creo que es muy estética, no me siento ofendida por la desnudez del cuadro, nuestra sociedad tiene mas cultura y somos mas abiertos. Actualmente ‘Olympia’ es una obra que no esta a la venta, valuada en millones de euros, y se encuentra en el Músee d’Orsay Arte Contemporáneo en París.