Andrés Timoteo
Columnista

DÍA 31: EL CUARTO JINETE

En unos días, el jueves 16, se cumplirá el primer mes de encierro obligatorio en Francia y ayer se completó el primero de Europa como epicentro de la pandemia por Coronavirus, aunque en esta semana seguramente transferirá de forma oficial ese título macabro al Continente Americano. En lenguaje bíblico: El cuarto jinete del Apocalipsis, ese que monta el caballo amarillo y porta la peste, ya saltó el océano y comenzó a cabalgar por toda América sembrando la desolación.

La pandemia en el Continente Americano ya tiene a Estados Unidos como ‘zona cero’, así como Italia lo fue en Europa, aunque mucho más potenciado. Entre jueves y viernes de la semana pasada, dos mil 108 estadounidenses murieron por la gripe ¡en apenas 24 horas!, algo que no se llegó a contabilizar ni en los peores días en Italia, España, Francia o China. Y Nueva York es la urbe más castigada, equiparable a la Lombardía italiana o a la asiática Wuhan -donde inició la plaga- pero con saldos más terroríficos.

El último recuento en la Unión Americana era -hasta anoche- de 542 mil infectados y 21 mil 490 muertos y sólo Nueva York registraba 199 mil 902 enfermos lo que supera a Italia que acumulaba 156 mil 363, España con 166 mil -ya superó a la península itálica- y Francia que registraba 133 mil 667 enfermos. En decesos, la ciudad de los rascacielos concentra la mitad de los fallecidos en todo el país con nueve mil 385. Y la curva asciende a alta velocidad.

La semana abre en Europa con briznas de optimismo, pues la curva de contagiados, hospitalizados y fallecidos comenzó a ‘achatarse’ levemente. Italia reportó el fin de semana un descenso de tres por ciento en las cifras, algo ínfimo, pero que dada la magnitud de las cifras alcanzadas el dato suena a gloria. En España y Francia también descendieron minúsculamente los nuevos casos reportados como positivos al Covid-19 aunque siguen registrando un vaivén de muertes diarias de entre 400 a 800 por día.

Eso hace que muchos estén lanzando campanas al vuelo no porque la pandemia esté doblegada, sino porque se está comenzando a ver los resultados del encierro de la gente. La curva estadística está aplanándose, lentamente, pero lo hace. Eso ha elevado el optimismo de los millones que están en confinamiento, es algo para celebrarse hasta con el descorche de una botella de champagne. ¡El encierro ha valido la pena!, al menos eso prometen los números y apacigua un poco la angustia.

La aritmética de la pandemia no es difícil de entender: no se detiene la plaga, pero se ralentiza su azote y entre menos infectados haya menos saturados estarán los hospitales. Es decir, el sistema sanitario no colapsa y los que enfermen tendrán camas, respiradores artificiales y atención médica que ensanchen sus posibilidades de sobrevivir. Así de simple. Resumiendo: quedarse en casa es la acción más útil -por no decir la única- para cortar la cadena de contagio y combatir la pandemia mientras no halle el medicamento que la cure. El virus ahí sigue y la medida para ralentizarlo se debe mantener.

Hoy el presidente francés Emmanuel Macron dará un mensaje a la nación, seguramente para anunciar que se extiende el confinamiento domiciliario hasta mayo. Ayer, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, anunció para este lunes la reanudación de algunas ramas industriales, entre ellas la construcción, pero la mayoría de gente seguirá encerrada también hasta mayo.

ESPERANZA A

CONTRARRELOJ

A la par, los científicos trabajan a marchas forzadas para encontrar un lazo que detenga al jinete apocalíptico. Al momento son siete los consorcios farmacéuticos -Johnson & Johnson, CureVac, GlaxoSmithKline, CSL Limited, Novavax, Pfizer y Sanofi- que iniciaron procesos para obtener una vacuna contra el Covid-19. No obstante, el tiempo para realizar pruebas, primero en animales y luego en humanos y obtener respuesta positiva de anticuerpos, no será en menos de un año o año y medio.

Es decir, si se logra una vacuna contra el Coronavirus en tiempo récord estaría disponible entre abril y octubre del 2021. Hay vacunas -para otras enfermedades bacterianas o víricas- que han tardado hasta 15 años para obtenerse y comprobar su efectividad. La segunda esperanza que se trabaja a contrarreloj es un medicamento que ayude a tratar la infección y evitar la muerte del paciente.

Los ojos del mundo están puestos en el fármaco conocido como Hidroxicloroquina, un derivado de la Cloroquina que en Europa se conoce con el nombre comercial de Resochin y Plaquenil y en América como Aralen y Nivaquine. Este medicamento tiene años que se usa para tratar el paludismo y la artritis reumatoide, pero sus resultados contra el Coronavirus son inestables principalmente por secuelas de tipo cardíaco.

La Asociación Mundial de la Salud (OMS), acaba de autorizar los ensayos de este fármaco en enfermos de la gripe a fin de confirmar si es efectivo como lo anticipan casos ya tratados en distintos puntos del mundo. Uno de los pioneros en probar dicho fármaco contra el Coronavirus es el Institut hospitalo-universitaire (IHU) Méditerranée infection de Marsella que, dirige el investigador Didier Raoult quien la semana pasada se reunió con el presidente Macron para entregarle un expediente sobre los resultados de los tratamientos con Hidroxicloroquina.

De manera paralela, las grandes farmacéuticas reactivaron -algunas- y elevaron -otras- la producción de Hidroxicloroquina. Para este verano, la francesa Senofi, la suiza Norvatis, la alemana Bayer y la israelí Teva prometen liberar alrededor de 200 millones de dosis para tratar a los infectados por el Covid-19 previendo que el medicamento para esta infección viral sea autorizado por la OMS a corto plazo.

Sin embargo, hay que recalcar que la Cloroquina no tiene probada su efectividad para curar la gripe por Coronavirus y la alerta puntual a la población es que no la compre ni se automedique porque el fármaco, además de afecciones cardíacas puede ocasionar daño hepático, renal, oftalmológico, neuronal e incluso la muerte. Es decir, podría salir peor el remedio que la enfermedad. Mucho cuidado porque todavía es un tratamiento en fase experimental contra esa cepa virulenta.