Andrés Timoteo
Columnista

DÍA 47: APOCALIPSIS NOW

Al gigante se le están viendo los pies de barro. Estados Unidos resiente la ola expansiva de la pandemia Coronavirus y hasta ayer sumaba poco más de un millón de contagiados y casi 59 mil muertos. Si Italia es el país con el cual compararlo por haber sido el más azotado en Europa, la desproporción es abismal. La península itálica tenía un acumulado -hasta ayer- de 27 mil 360 muertos, es decir la mitad de los estadounidenses.

 En tanto, la cifra de enfermos era de 202 mil, la quinta parte de los infectados en la Unión Americana. Así, Estados Unidos se refrenda como el epicentro de la pandemia y su numeralia respecto a los saldos globales es emblemática: un millón de contagiados o sea un tercio de los tres millones en todo el planeta mientras que el número de muertes supera los de los 20 años de la Guerra de Vietnam (1955-1975) que fueron 58 mil 318.

 Hablando cinematográficamente, la nación norteamericana vive su “Apocalipsis Now” como la película de Francis Ford Coppola que recreó, precisamente, episodios de la Guerra de Vietnam, aunque ahora el cataclismo no es extraterritorial, sino que se da en el propio suelo estadounidense y el enemigo no son los milicianos nativos del país asiático, sino un virus invisible y letal, el cual paradójicamente sí vino de Asia. El irónico rejuego del destino.

 México también sufre la tragedia en el país vecino porque -hasta el lunes- se tenía el registro de 567 connacionales fallecidos por Covid-19, un tercio de los que han fallecido en la República Mexicana. Son nuestros muertos extraterritoriales y son, en su mayoría, migrantes indocumentados que no tenían acceso a los servicios de salud en aquel país y que por su misma situación económica y documental tampoco pudieron guardar el debido confinamiento.

 Casi todos los mexicanos perecidos en Estados Unidos se concentran en Nueva York, la gran urbe, con 450 decesos y luego vienen los de California que son alrededor de 35, algo raro porque éste estado era catalogado el más ‘mexicanizado’, con mayor número de mexicanos radicados. Lo preocupante es el subregistro pues diversas organizaciones hablan de la cifra oficial debe multiplicarse por tres o cuatro. Entonces, el número real de connacionales muertos por Coronavirus en aquel país rondaría los dos mil.

 Hoy, en el latigazo inicial de la pandemia en la Unión Americana, los latinos, afroamericanos y en general los vulnerables -pobres, trabajadores a destajo y sin seguridad médica- son los diezmados en los grandes núcleos urbanos, pero tarde o temprano la plaga pegará en ciudades medias, en el sector de anglosajones protestantes, en los ‘rednecks’ y demás que son los votantes de Donald Trump. En ese momento, la lealtad electoral se pondrá a prueba ante un líder que falló en la protección de su gente.

 Y como es allá, será acá. Tarde o temprano el Coronavirus atacará a las masas de ‘chairos’ que festejaron desaforadamente que el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador minimizara la amenaza de la pandemia y llamara a no dejar de salir, ir a restaurantes, a abrazarse y besarse. En ellos también se catará la fidelidad electoral cuando lo suyos comiencen a caer. Ya se dijo al inicio, los pies de barro están quedando al descubierto en aquellos que se creían gigantes.

CAMIONETAS VS. CASETAS

El desbarajuste ocasionado por la pandemia gripal ha beneficiado a algunos impresentables. Por ejemplo, la que anda feliz, feliz, feliz es la alcaldesa de Córdoba, Leticia López Landero por varios motivos: uno, dejó de trabajar y se encerró en su domicilio alegando que está en el sector poblacional vulnerable a contagiarse. Dos, porque quedó en el olvido el incendio del mercado “Revolución” que mañana cumple tres meses y donde nada se ha hecho para reparar los daños. El tiradero ahí sigue.

Pero lo que tiene más contenta a la edil panista -de título y morenista de actitud- es que ya nadie se acuerda del chanchullo de las casetas de vigilancia hechizas que compró a precios millonarios y que resultaron un fraude. En una de ellas, la que estaba sobre el bulevar Córdoba-Fortín de las Flores, fueron acribillados dos policías municipales el pasado 22 de febrero cuando el crimen organizado lanzó ataques contra ellos.

 Las dos garitas que López Landero hizo pasar como blindadas y aptas para la vigilancia policiaca resultaron un fraude porque estaban fabricadas con lámina, madera y fibra de vidrio. La transa incluyó el pago de 7.5 millones de pesos por ambas y quedó demostrada cuando los dos agentes que estaban en una de ellas no lograron salvar la vida al ser balaceados por los delincuentes.

 Pues bien, el periódico Notiver que se edita en el puerto de Veracruz acaba de dar a conocer que, en noviembre pasado, la Fiscalía General del estado desembolsó 10 millones 176 mil pesos por dos camionetas blindadas para el traslado de la titular, Verónica Hernández Giadáns, a pesar de que esta prometió ejercer el cargo con austeridad y fustigó los excesos de su antecesor, el destituido Jorge Winckler.

 No es así y se compró dos unidades de alta seguridad para su uso personal, a razón de cinco millones 85 mil pesos por cada una. Y ahí está un punto de comparación con el caso de Córdoba porque ambas cosas -camionetas y casetas- tienen que ver con asuntos de seguridad pública y también porque absorbieron montos presupuestales parecidos. Las camionetas de la Fiscalía fueron acorazadas por una empresa especializada, Transportadora de Protección y Seguridad S. A. de la Ciudad de México.

 Las casetas de López Landero se hicieron, supuestamente, en una empresa de Tehuacán, Puebla, también especializada en eso, al menos es lo que se reportó documentalmente, pero cuyo domicilio no existe. Los vehículos para el traslado de la fiscala Hernández tienen blindaje nivel cinco, capaz de soportar la detonación de una granada de fragmentación e impactos de bala de calibre reservado a las Fuerzas Armadas.