Andrés Timoteo
Columnista

DÍA 70: LA TRIADA DEL DESASTRE
En América Latina son tres los presidentes que han llevado desastrosamente la crisis sanitaria por la epidemia de Coronavirus: el chileno, Sebastián Piñeira, el mexicano Andrés Manuel López Obrador y el brasileño, Jair Bolsonaro. Sorprendentemente, los dos primeros están peor evaluados que Bolsonaro a pesar de que Brasil ya tiene 293 mil enfermos y 19 mil fallecidos, manteniendo el sexto lugar mundial en saldos mortíferos. En conjunto, ellos forman la triada de desastrosos en estos momentos.
De acuerdo con el reporte más reciente de la organización Directorio Legislativo entre mandatarios de América Latina y el Caribe, uno de los actuales instrumentos de lectura de la geopolítica pues evalúa la imagen de los gobernantes respecto a sus acciones en determinadas coyunturas, Piñera se encuentra en 19 puntos de aceptación, es decir 8 de cada diez chilenos lo repudia.
Sin embargo, el mandatario chileno logró recuperar 9 puntos en este mes y medio de contingencia sanitaria pues en marzo tenía 10 por ciento luego de la represión contra las protestas callejeras que desde octubre se vivieron en aquel país del Cono Sur. No obstante, hoy por hoy, Piñera es el presidente latinoamericano peor evaluado. Le sigue, en nivel de desplome más no en números absolutos, el tabasqueño López Obrador. Su caída es en términos cualitativos lo que finalmente es lo que más impacta.
“La gestión del mexicano Andrés López Obrador es las más castigada por la crisis sanitaria: su imagen positiva pasó del 63 al 54 por ciento”, apunta el estudio.  “La enfermedad llegó a México el 27 de febrero y el gobierno declaró la emergencia a fines de marzo, con mínimas restricciones a la circulación y a la actividad económica”. En el comparativo, la imagen de López Obrador hacia el exterior se desplomó 9 puntos.
El tercer afectado por sus cuestionadas decisiones frente a la pandemia es Bolsonaro de Brasil que de 41 puntos que tenía en marzo cayó a 30, es decir 11 puntos de desplome en su imagen pública. “Bolsonaro se resistió a dictar medidas de confinamiento y destituyó a su ministro de salud por promoverlas. El resultado son 10.627 muertes (dato del 11 de mayo) y un alto índice de contagios”.
La contraparte son los mandatarios de Argentina y Colombia que ocupan las mejores calificaciones. La popularidad del argentino Alberto Fernández se disparó 25 puntos pasando de 55 a 80 por mientras que el colombiano Iván Duque logró remontar el derrumbe de 20 puntos por el pésimo manejo de las protestas callejeras y hasta recuperó 5 más, es decir creció en total 25 puntos durante la emergencia sanitaria. De 23 por ciento que tenía principios de marzo Duque subió a los 48 puntos.
El Directorio Legislativo entre mandatarios de América Latina y el Caribe evaluó a los gobernantes de las 12 economías más importantes de la región y no hay que perder de vista algo que acota al sondeo y que también lo ha retomado otro organismo similar, eel Observatorio Político para América Latina y el Caribe: los antecedentes para el desplome de la popularidad de los mandatarios son las protestas callejeras, tanto por las medidas económicas como por el movimiento feminista.
Quienes trataron de restarle importancia al movimiento de las mujeres perdieron las calles -uno de ellos López Obrador- y los que respondieron con represión a las protestas por las condiciones financieras -esas sí ultra neoliberales- como los mandatarios de Chile, Ecuador y Brasil, también perdieron el control de la vía pública. En resumen, su desplome no comenzó con la pandemia de Coronavirus pues esos negacionistas ya arrastraban el desastre y su popularidad venía descascarándose.
 
HUMO Y FIESTA
Cada día es más evidente la mentira oficial sobre la situación de la pandemia del Covid-19 en México. La Presidencia y su extensión, la Subsecretaría de Salud mienten a diario sobre las cifras de casos de enfermos y muertos, y obviamente sobre las condiciones del país para levantar las restricciones sanitarias.  La falsa realidad creada por el gobierno ha sido evidenciada con las investigaciones periodísticas y la postura de los gobiernos estatales y las instituciones educativas.
Muchos gobernadores se niegan a flexibilizar el confinamiento en los plazos dictados por el gobierno federal y la decisión de las instituciones educativas es de no regresar a clases. En varios estados ya se dio por concluido el ciclo escolar para evitar que los alumnos retornen a las aulas en junio como quiere la federación y los estudiantes se expongan a contagios masivos. En Veracruz, la Universidad Veracruzana (UV) informó ayer que no volverá a clases y el ciclo escolar se concluirá de forma virtual.
Y hablando de la entidad, en el sur hay una alegoría perfecta para resumir el manejo de la crisis sanitaria por parte del gobierno estatal: el ayuntamiento de Minatitlán, gobernado por Morena, montó una engañifa al utilizar máquinas de humo o neblina como las que se ocupan para amenizar fiestas a fin de simular que se realizan aspersiones de desinfección en espacios públicos.
De acuerdo con lo que documentó el periodista cordobés, pero radicado en el puerto de Veracruz, Rodrigo Barranco, la treta no paró allí porque además se gastaron más de 50 mil pesos en la compra de esos aparatos sin licitación y a una compañía foránea, con sede en Puebla, llamada YT Medicina y Tecnología que no tiene la experiencia en el ramo y que apenas fue creada en marzo pasado, hace dos meses cuando inició la emergencia. Umm, ¿no les recuerda el caso de las casetas de vigilancia policíaca “compradas” en Puebla por la alcaldesa de Córdoba, Leticia López Landero?
Todo apunta a la tradicional ‘empresa fantasma’, fundada por prestanombres o socios inexistentes para expoliar los recursos públicos del municipio de Minatitlán. Eso desnuda las transas del ayuntamiento a cargo del morenista Nicolás Reyes Álvarez y retrata todo el ‘modus operandi’ del gobierno estatal de Veracruz: simulaciones, engaños, negocios a costa del erario y la pandemia, proveedores ‘fantasma’, compras irregulares y mentiras a la población sobre el combate a la gripe Covid-19. Es un gobierno de humo y fiesta.
Tan nebuloso es que el secretario de Salud, Roberto Ramos Alor pregonó que Tezonapa era uno de los “doce municipios de la esperanza” donde no existía ningún caso de gripe Covid-19 y estaba listo para el desconfinamiento el primero de junio, pero resultó otra mentira porque desde hace semanas se habla de personas enfermas y fallecidas.
La confirmación vino ayer cuando la regidora tercera del ayuntamiento, Anel Caballero Murillo se puso en cuarentena luego de que tuvo cercanía con un familiar que falleció por la peste en la población El paraíso. En Tezonapa se habla de más de diez casos de gripe de Coronavirus que fueron ocultados por las autoridades. En resumen, los “municipios de la esperanza” con otro engaño del gobierno morenista.
 
EL GRITO DE LA IGNORANCIA
No es el fin del mundo ni la imposición de una dictadura comunista como los ignorantes creen y los aprovechados divulgan. Conocer el grado de riqueza acumulada que hay en el país es algo tan necesario como saber el nivel de pobreza. Empero, la propuesta para tal medición se hizo de la peor forma, con una torpe comunicación y un proponente fácil a descalificar: el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
El que debe medir cuántos ricos hay y a cuánto ascienden sus fortunas no es el INEGI sino la Secretaría de Hacienda para afinar mecanismos que tasen mejor a los supermillonarios. No es algo de otro mundo. En Europa muchos países lo hacen y hay impuestos sobre la riqueza extrema que se pagan sin mayor escándalo. En Francia, desde 1989 se creó el Impuesto de Solidaridad sobre la Fortuna (ISF) que en 2018 cambió de nombre por Impuesto sobre la Fortuna Inmobiliaria (IFI).
Dicho gravamen oscila entre 0.50 y 1.5 por ciento sobre el patrimonio inmobiliario superior al millón 300 mil euros- 34 millones de pesos-. No afecta ni a la clase media ni a los pobres, y lo recaudado sirve para mantener eficientes los servicios sociales que en Francia son altamente bondadosos sobre todo para niños y jóvenes estudiantes.
Medir y tasar las grandes riquezas no es el ‘diablo en tacones’ sino algo necesario en sociedades con enorme desigualdad de ingresos por familia. Claro, el tema reventó porque se planteó para que fracasara aun antes de convertirse en propuesta formal y de paso le dio armas a los analfabetas funcionales para gritar: ¡Ahí vienen los comunistas a quitarnos todo! Leer es divertido, sirve para no dejarse manipular y se insiste: los espantados por este tema son los convenencieros y los ignorantes.
Lo que sucede en México es que los mega-ricos no quieren pagar. Ya de por sí hacen triquiñuelas para evadir al fisco y ahora la sola idea de que escudriñen y graven su patrimonio los enloquece y hace gimotear, pero en las democracias consolidadas el pago de impuestos por tener grandes fortunas es parte del equilibrio y la justicia sociales.
En una entrevista concedida en el 2013 a la periodista Sanjuana Martínez, la empresaria y escritora Cristina Sada Salinas, integrante de una de las castas multimillonarias del país, planteaba -a propósito de la pelea encarnizada de las encumbradas familias neoleonesas por las herencias- el dilema sobre la inmoralidad por tener tanto dinero cuando hay un pueblo miserable. “Ninguna familia necesita 900 millones de dólares. Dentro de cien años, si el mundo evoluciona, esto se va a ver como un acto de barbarie”, afirmó.