Andrés Timoteo
Columnista

SUSTO SOBRE SUSTO
A la zozobra acumulada por la pandemia gripal que tiene en vilo a los mexicanos se sumó ayer el sismo de 7.5 grados en la escala de Richter que sacudió al país. El temblor no ocasionó muertes numerosas de acuerdo con los reportes preliminares, pero a veces basta con el sobresalto para que haya daño psicológico y hasta sanitario. El de ayer hizo recordar los terremotos más terribles que han azotado, desde el de septiembre del 2017 hasta el de septiembre de 1985.
Muchos también -los que lo vivieron- lo compararon con aquél del 28 de agosto de 1973 conocido como el ‘Terremoto de Orizaba” que ha sido el más fuerte en la historia de México con una magnitud de 7.3 grados según el reporte inicial, pero con un pico de 8.5 grados y duración de dos minutos. Aquél temblor mató a 4 mil personas en Veracruz y Puebla. La zona Centro de la entidad fue la más castigada, pues derrumbó cines, templos, escuelas, hospitales y hasta la antigua plaza de toros en Orizaba.
Además de la Pluviosilla, hubo daños graves en Ixtaczoquitlán -donde fue el epicentro- Córdoba, Ciudad Mendoza, Zongolica, Río Blanco y Acultzingo. El temblor de ayer les sacudió la memoria a los sobrevivientes de aquel episodio. En fin, susto sobre susto. Sin duda este 2020 es uno de los peores años que ha tenido la humanidad con el agregado telúrico para México.
 
DOLOR E IGNORANCIA
La peste del Coronavirus ha trastocado vidas y conciencias de las personas. A unas las trunca y a otras las envuelve en el dolor. Tener en situación de gravedad o perder a un familiar por causa de un enemigo invisible que se cuela sin notarlo y que se aprovecha de las debilidades en el organismo por padecimientos secundarios es parte del terrible sablazo del COVID-19 en la sociedad.
En el impacto social y psicológico, una de las primeras reacciones de la gente ante la epidemia cuando está compromete la vida del ser querido es la negación individual y colectiva. Luego, ante un desenlace funesto viene el dolor, la ira y la búsqueda de culpables y los blancos de esa furia son los médicos y enfermeras que atendieron al enfermo. A ellos se les acusa de todo, desde la clásica negligencia en la asistencia terapéutica hasta de la decisión deliberada para matar al paciente aludiendo una supuesta conspiración.
En Veracruz, hay varios casos representativos de cuando el dolor y el despropósito se unen para alimentar el caos y en todos ellos la diana es colocada sobre el personal médico. Uno de ellos no tuvo que ver con un deceso, pero sí con el traslado de una mujer embarazada y joven, de la clínica 32 del IMSS al Módulo de Enfermedades Respiratorias en Minatitlán, para aislarla del resto de los pacientes.
Sucedió el 15 de mayo y en un video que circuló en prensa y redes sociales se ve a los parientes de la mujer forcejear con los camilleros y médicos para intentar bajar de la ambulancia la camilla con la cápsula aislante en la que era trasladada. En el jaloneo, las personas contaminan y se contaminan tocando el dispositivo y empujando al personal sanitario que, además, fue amenazado. Ahí hubo imprudencia e ignorancia, pues la paciente intentó ocultar que su esposo estaba en cuarentena por el COVID-19.
El otro suceso ilustrativo ocurrió la semana pasada en Perote, donde un boxeador amateur de 28 años pereció por la gripe pandémica. Durante el sepelio, los dolientes trasladaron el féretro hasta el Hospital General donde fue internado inicialmente y de donde fue trasladado hasta el centro médico Rafael Lucio en Xalapa donde falleció. Furiosos, los familiares llamaron “perros” a los médicos y los acusaron de asesinato.
Por supuesto que en esos momentos habló el dolor y la ira, la segunda etapa del duelo, que también se mezcló con la negación, pues en redes sociales los dolientes declararon que el COVID-19 no existe, sino que es un bulo del gobierno “para matar gente” y azuzaron a la turbamulta a “no dejarse”.  A través de ellos también habló la ignorancia y la irresponsabilidad, muy útiles cuando se intenta descargar la pena en terceros.
Y ese cóctel es muy peligroso cuando se intenta enfrentar una crisis sanitaria de alcance mundial. La mezcla del dolor, la negación, el enojo y la ignorancia no sirven de consuelo en el duelo ni de advertencia para el resto de las personas. Por el contrario, alientan la confusión y la desobediencia de las recomendaciones médicas. El dolor unido a la ignorancia, paradójicamente, sirve a la propagación del virus. Negar su existencia y considerarlo una mentira es alentar intentonas de suicidio.
Ni los  médicos ni las enfermeras ni los camilleros ni el resto del personal sanitario son responsables de los contagios ni las muertes. La gente ignorante e irresponsable sí lo es y urge detener y aclarar cada expresión ignorante porque cuestan vidas. Por cierto, en el contexto de la pandemia de COVID-19, un juez en Brasil obligó al presidente Jair Bolsonaro a usar mascarilla para evitar contagiar y contagiarse bajo la advertencia de que será multado con 360 dólares por día si desobedece. ¿En México habrá un juez que le ponga el cascabel al pejelagarto, igual de negacionista y estólido?
 
LAS MUJERES
DEL PRESIDENTE
El movimiento político-social que llevó a Andrés Manuel López Obrador a sentarse en la silla presidencial nunca hubiera sido exitoso sin el hartazgo de la gente por la corrupción de sus antecesores. Fue un descontento colectivo y acumulado –“mal humor social”, le llamó Enrique Peña Nieto- fue aprovechado por el propio tabasqueño y sus seguidores para ganar adeptos prometiendo remediarlo con el combate a la corrupción. Se limpiará el gobierno como las escaleras, de arriba a abajo, decía López Obrador.
Dos años después de que la mayoría de los votantes le aceptaron la propuesta y lo convirtieron en ganador de los comicios del 2018 y tras dieciocho meses de gobierno, el lopezobradorismo no solo ha incumplido tal compromiso, sino que ha generado su propia cátedra en las raterías, negocios al amparo del poder y excesos ofensivos.
La llamada “cuarta transformación” también se apoyó en el movimiento feminista y se comprometió a garantizar la equidad de género y el empoderamiento de la mujer. Lo hizo, en parte y, sobre todo, con la colocación de poderosas funcionarias en el gabinete presidencial, pero a diferencia de lo esperado éstas resultaron todo lo contrario del entendido popular de que una mujer es mas eficiente y honesta que el varón.
Si en el gobierno del priista Peña Nieto, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles se convirtió en el emblema de la corrupción practicada al más alto nivel y con voracidad tremenda por una mujer, ahora eso se ha multiplicado por cinco en este sexenio. Los nombres de la ignominia femenina son Rocío Nahle, secretaria de Energía; Ana Gabriela Guevara, directora de la Comisión Nacional del Deporte (Conade); María Luisa Alcalde, secretaria del Trabajo e Irma Eréndira Sandoval, de la Función Pública.
El colmo es la última funcionaria que resultó ser una casateniente millonaria, a pesar de cobrar un sueldo modesto como investigadora universitaria que no le alcanzaría para acumular 60 millones de pesos en propiedades y que parte de su fortuna inmobiliaria la obtuvo con “regalos” del mismo gobierno. Entonces, la designada para combatir la corrupción fue pescada en la sospecha de ser corrupta. Vaya caso.
A esas cuatro se le suma una quinta, Yeidckol Polevnsky, aun secretaria del Comité Ejecutivo Nacional de Morena y que cuando fue dirigente del mismo partido incurrió en un desfalco por casi 500 millones de pesos -en Veracruz fueron 25 millones de pesos robados por medio de la simulación en la compra de un edificio para la sede del partido cuando Manuel Huerta Ladrón de Guevara estaba al frente del mismo-, de acuerdo a las auditorías practicadas por su sucesor, Alfonso Ramírez Cuéllar, quien ya interpuso las denuncias correspondientes
Rocío, Ana Gabriela, María Luisa, Irma Eréndira y Yeidckol son las mujeres del presidente que van de escándalo en escándalo carcajeándose de aquel consejo milenario que hablaba de la corrección en las mujeres cercanas al poder –‘la mujer del César’- porque ni son honestas ni hacen el menor intento por aparentarlo. Con la “cuarta transformación” se cayeron dos mitos: el de la incorruptibilidad femenina y el de la incorruptibilidad de las féminas que se dicen de izquierda.
 
EL DESTANTEO
Siguiendo en los temas de género e influencias, el gobierno lopezobradorista no tiene el mismo rasero para tratar a los familiares de los narcotraficantes. Por un lado, el presidente López Obrador rompió las normas sanitarias y el decoro político para saludar de mano a la mamá del capo del Cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán y puso a su disposición la Secretaría de Relaciones Exteriores para que le tramitara una vista humanitaria ante el gobierno de Estados Unidos para ir a visitar al hijo preso.
Por el otro lado, ordena detener, golpear, encarcelar y exhibir a la progenitora de José Antonio Yepez “El Marro”, líder del Cartel de Santa Rosa de Lima. Es más, también la hermana y la novia del narcotraficante fueron aprehendidas mientras que al hijo de “El Chapo”, Ovidio Guzmán, fue liberado por órdenes directas suyas cuando fue detenido en octubre del año pasado, según su propia confesión de hace unos días. ¿Acaso hay ‘narcomamás’ de primera y de segunda o la 4T tiene a su cártel predilecto? La gente se destantea con esa ambivalencia hacia los criminales.