Andrés Timoteo
Columnista

LOS RETORNADOS
Los tiempos están acelerados. Se preveía que el rebrote de la gripe Covid-19 por allá de septiembre, pisando el otoño, pero de pronto suenan las alertas en diferentes partes del planeta por una prematura “ola” de contagios -cuya magnitud todavía no se alcanza a percibir del todo – que han puesto a todos a correr…casa adentro. En diez países de Asía, Europa, África y Oceanía la gente ha sido encerrada de nuevo a fin de evitar otra infección masiva.
El continente americano no está considerado en este nuevo alertamiento porque aun no sale del primer zarpazo pandémico, en estos momentos está en el epicentro de la enfermedad. En el resto del mundo, unos 10 millones de personas han sido regresadas al confinamiento y se volvieron a suspender actividades oficiales, empresariales, turísticas, deportivas, culturales y religiosas en el afán de aminorar el golpe del rebrote.
De esa cifra, al menos 8 millones de los retornados al confinamiento lo hicieron apenas empezando julio. El caso más impactante es el de la ciudad de Melbourne, Australia, donde desde la semana pasada 5.1 millones de habitantes fueron puestos en aislamiento por un nuevo brote, a pesar desde que desde finales de mayo se había declarado controlada la pandemia y se inició con la desescalada.
En Antananarivo, capital de Madagascar, también retornaron al enclaustramiento 1.6 millones de personas el lunes mientras que en la porteña Lisboa, capital de Portugal, 19 distritos con 700 mil habitantes hicieron lo mismo. Otras 300 mil personas regresaron al encierro en la ciudad Leicester, Gran Bretaña. España confinó de nuevo a 200 mil pobladores de Lérida, en Cataluña y 70 mil en el municipio A Mariña, en Galicia.
A su vez, en la Campania italiana se aisló nuevamente a los 700 habitantes del pueblo Mondragone por un foco de infección detectado desde finales de junio. En Alemania, dos distritos de la región de Renania con 360 mil y 280 mil habitantes, respectivamente, también fueron regresados a sus domicilios y en Pekín, China, 21 distritos con 400 mil habitantes se volvieron a confinar. Lo mismo en la provincia china de Hubei – incluida la ciudad de Wuhan, donde se originó la pandemia- así como en Taiwán, Corea del Sur y Japón donde se ha ordenado a la gente a volver al encierro.
Hay que leer esas señales porque esto demuestra la impredecibilidad de la pandemia de Coronavirus y lo falibles que son las mediciones y cálculos de los científicos porque se está frente a una patología inédita. A eso hay que agregar lo que ya se debate en todos los centros de investigación: la mutación del virus SARS-CoV-2 que a estas alturas ya debió producirse para hacerlo más agresivo, resistente al entorno climático y con una mayor capacidad de contagio.
Un esbozo de lo anterior es que científicos norteamericanos han identificado a un genoma, al que llaman G614, de ese virus que le permite una adaptabilidad acelerada. Entones, ese genoma hace que el virus cambie rápidamente para adecuarse al huésped y al vector -el que lo transfiere- de ahí que algunos expertos alertan de que el Covid-19 ya alcanzó la capacidad de transmitirse por aire. De miedo.
En tanto no haya un medicamento eficaz para combatirla ni una vacuna para prevenirla, no hay otra forma para enfrentar a la gripe pandémica más que con la distancia social, en aislamiento domiciliario, la desinfección de manos y prendas y el uso del cubrebocas, guantes y lentes -de ser posible-. En México, como en Veracruz, hay una población cuasi suicida porque a sabiendas de todo esto continúan en la tambarria como si la pandemia fuera un mito.
Ni distancia social ni mascarillas ni protección mínima. La gente sigue de fiesta, francachela en bares, aglomerándose en mercados, bancos, centros comerciales y restaurantes y eso no es otra cosa que la invitación a la epidemia para que se expanda y eleve su cuota de muertos. Lo peor es que muchas veces esos irresponsables no son los que se mueren, sino que se convierten en transmisores -vectores- para que otros enfermen y perezcan. No solo el tiempo está acelerado sino también la sinrazón. Además del Coronavirus, Veracruz se infectó de autofagia, la gente se come a sí misma.
 
LA GIOCONDA DE NUEVO
En París, Francia, la buena nueva es la reapertura del museo de Louvre, el más visitado del mundo y que el martes, luego de cuatro meses de permanecer cerrado, volvió a admitir a visitantes, aunque con estrictas medidas sanitarias como portar cubrebocas, respetar la distancia de 1.5 metros y en grupos reducidos. De hecho, solo recibirá menos de la tercera parte de los visitantes que eran habituales hasta antes de la emergencia sanitaria.
De los más de 30 mil visitantes que diariamente recorrían el recinto ahora sólo serán 7 mil 500. Asimismo, los boletos para el primer día de reapertura -que se vendieron en línea desde hace semanas- ya son artículos para los coleccionistas, pues no todos los días se tiene el privilegio de ser los primeros en ver nuevamente las colecciones de arte y en especial contemplar a la Gioconda de Leonardo Da Vinci, la gema más preciada de todo el acervo, tras sobrevivir a una pandemia. Tiempos inéditos, pues.
El 25 de junio también reabrió otro de los monumentos icónicos de la Ciudad Luz, la Torre Eiffel tras más de cien días de clausura. Al igual que Louvre, el acceso a “La Dama de Hierro” se realiza en pequeños grupos, con severas medidas sanitarias y a pie, es decir, que no hay servicio de elevador para evitar aglomeraciones y entonces se tienen que recorrer los 674 escalones. Para mediados de julio se espera que se autorice el uso de los elevadores si las condiciones sanitarias mejoran y así acceder al punto más alto.
Fueron en total 104 días que estuvo cerrada la Torre Eiffel, el período más largo desde la Segunda Guerra Mundial y el más costoso porque cada día dejaron de ingresar 300 mil euros -7.6 millones de pesos-. Al mes se acopiaban 9 millones de euros, unos 227 millones de pesos y por el lapso de confinamiento se perdieron 790 millones de pesos.
 
MORIR EN RAPIÑA
A inicios de la semana ocurrió una tragedia en Colombia que hizo recordar a dos ocurridas en México, una en Hidalgo y otra en Veracruz. Fue la explosión de un carro cisterna que transportaba gasolina cuando estaba siendo saqueado por la gente a orillas de la carretera Barranquilla-Santa Marta. El saldo fue de 7 personas incineradas allí mismo y otras 60 con quemaduras graves que están en varios hospitales.
Las escenas del pillaje que se hacía al vehículo que se volteó en ese tramo y la explosión misma quedaron grabadas en video, ahora que los teléfonos móviles se convirtieron en testigos del horror. Las imágenes muestran que un hombre se trepó al camión para robar la batería y para aflojarla comenzó a golpearla lo que generó la chispa para el estallido. La gente quemándose corría y gritaba por ayuda, todo visto casi en directo. El ‘streaming’ del horror.
Esa tragedia recuerda, como se dijo líneas arriba, a lo sucedido en el poblado de Tlahuelilpan, Hidalgo, el 18 de enero del 2019 cuando los lugareños se arremolinaron en torno a la fuga de combustible tras la perforación clandestina de un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex) y que también explotó quemando a 73 personas que perecieron en el lugar y otras 64 murieron después por las quemaduras. En total 137 víctimas del ‘huachicoleo’.
Meses antes, el 6 de septiembre del 2018, cuatro personas que saqueaban un camión que se había impactado contra la rampa de contención en Maltrata, sobre la autopista Veracruz-Puebla, fueron arrolladas por un segundo vehículo que también se quedó sin frenos y utilizó la misma rampa. Los cuatro murieron. Pese a ello, ni la rapiña ni el huachioleo han disminuido, la gente sigue saqueando vehículos accidentados y robando combustible en la menor oportunidad. ¿Necesidad?, ¿avaricia?, ¿delincuencia? Es todo un coctel que allana el camino a la catástrofe. Y ahí siguen.
 
EL GRAN ENNIO
Tristeza en las artes, especialmente la música y el cine, pues murió el pasado martes Ennio Morricone, compositor italiano y uno de los últimos excelsos que poseyó el toque de transmitir sentimientos en las partituras. Entre su repertorio destacan dos composiciones que son verdaderos tesoros, una es “En la tierra como en el cielo”, conocida popularmente como “La Misión”.
Lo anterior porque fue la banda sonora de la película del mismo nombre de 1986, rodada en los límites de Brasil y Argentina donde se localizan las fastuosas cataratas del Iguazú -incluso una de las piezas para ese filme, también de Morricone, se llama “Falls” o “Cascadas”- y que relata la evangelización de los Jesuitas en las regiones guaraníes durante el siglo XVIII.
La otra pieza es el “Tema de Reagan” que fue la banda sonora de la película “El Exorcista II”, aunque no fue una cinta muy taquillera ni premiada el tema musical sí es una joya. Esa melodía fue remasterizada en la cinta “Los ocho más odiados” de Quentin Tarantino en el 2015 en la escena cuando cabalga al viento la diligencia del viejo oeste. Morricone ganó el premio Oscar por la música de esa película. Adiós al gran Ennio. El mundo está agradecido por haberlo embellecido con su arte.