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DAÑO COLATERAL
El descalabro del exalcalde porteño y actual senador Julen Rementería en su carrera por la candidatura de Acción Nacional para la gubernatura de Veracruz luego de la pifia garrafal de recibir en el recinto parlamentario al líder del partido español Vox, Santiago Abascal, a fin de abrazar la ideología su neofascista también tiene generó un daño colateral en el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) aun cuando el suceso le haya proporcionado armas de crítica mordaz -pero muy justificada- al tabasqueño Andrés Manuel López Obrador.
La afectación político-electoral para el partido marrón es a nivel local pues a Morena se le cayó su ‘candidato’ para el 2024. Y no es que los morenistas pensaran abanderar a Rementería del Puerto sino que lo consideraban el candidato ideal en el PAN pues ya tenían apalabrada una competencia suave y la disponibilidad de una derrota pactada. Tal era el avance y parte del acuerdo que desde el 2020 traen con el actual dirigente albiazul en la entidad, Joaquín Guzmán Avilés.
Al tantoyuqueño lo ayudaron desde palacio de Jalapa -concretamente desde la oficina de Patrocinio Cisneros, el secretario general de Gobierno- a ganar las elecciones internas de su partido para convertirse en dirigente estatal desplazando al yunista José Mancha Alarcón quien pretendía reelegirse en la conducción partidista. A cambio, Guzmán Avilés puso a disposición del gobierno estatal y de Morena buena parte de las candidaturas y estrategias electorales para facilitarles el triunfo en este año. Tampoco es un secreto que la coalición con el PRI y el PRD estuvo a punto de no concretarse por el sabotaje soterrado que intentó el líder panista.
Finalmente desde el altiplano lo obligaron a ceder y se hizo la alianza opositora, pero eso no significó que el pacto con los morenistas se rompiera. En ese trato figuraba Rementería del Puerto como candidato en el 2024 pues el morenismo lo considera “confiable” -traducción: proclive a traicionar a su propio partido y dejarse derrotar- pero el gozo se les fue al pozo con el desliz que cometió la semana pasada el coordinador de los senadores azules al exhibir su tendencia neonazi.
Será muy difícil que Acción Nacional se aventure a postularlo y así el morenismo veracruzano ya no tiene seguro su prospecto. ¿Qué hará ahora el grupo de Guzmán Avilés ahora que se quedósin la ficha para cumplir el pacto con palacio de gobierno? La tiene difícil porque fuera de Rementería en esa corriente no hay personajes con el perfil para esa candidatura. ¿Quiénes son los otros que están en ese grupo afín a la negociación con el régimen marrón y que puedan serlos sustitutos del exalcalde porteño?
Tal vez el diputado local saliente, Bingen Rementería Molina, el hijo del propio senador, aunquees muy probable que la desgracia política del padre también alcance al hijo. Los otros son caballería famélica ¿El exlegislador federal Víctor Serralde Martínez-o cómo se llame en realidad -, el también diputado local saliente Omar Miranda Romero, el sureño Germán Yescas, la catemaqueña Alma Rosa Hernández o la orizabeña Carmen Pontón? Solo de mencionarlosprovocan lástima. No tiene de donde escoger el grupo de Guzmán Avilés y Morena -no tanto el PAN- se quedó sin candidato en Veracruz para el 2024. Las paradojas de la política.

JUZGAR AL TERROR
“Doy testimonio que no hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”, fue lo primero que lanzó el franco-marroquí Salah Abdeslam ante Jean-Louis Peries, el juez presidente del caso de los atentados del 13 de noviembre del 2015 en París que dejaron 130 muertos, 350 heridos y más de mil víctimas. El miércoles pasado fue el primer día de los nueve meses que durará este juicio histórico.
Las palabras del terrorista marcaron el inicio del proceso que ya se equipara con el Juicio de Núremberg, en Alemania, contra los nazis que cometieron crímenes de lesa humanidad durante la Segunda Guerra Mundial. Aquel enjuiciamiento duró casi el mismo tiempo, alrededor de un año -de noviembre de 1945 a octubre de 1946-, y terminó con 24 sentencias sobre los principales líderes del ejército y el Estado nazi, once de ellas a muerte.
En Francia no existe la pena de muerte, fue abolida en 1981, aunque la última ejecución -por guillotina- se realizó en 1939. En el Tribunal de París se juzgan ahora a 20 integrantes de la organización terrorista Estado Islámico aunque Abdeslam es el único sobreviviente de los diez que participaron directamente en los ataques al Estadio de Francia, la sala de conciertos Bataclan y varias cafeterías y bares del este parisino. El resto se inmoló en el ataque.
Otros nueve detenidos comparecerán en las audiencias así como tres más que están en libertad condicional, todos ellos acusados de coautoría logística pues no participaron directamente en la masacre. Otros seis, los supuestos autores intelectuales, serán juzgados en ausencia ya que habrían perecido en Siria e Irak. Los delitos imputados son asesinato y tentativa de asesinato en coalición criminal y con propósitos terroristas. La condena máxima ya se sabe: será cadena perpetua.
“No me quejo de nada, a pesar de que me han tratado como un perro pues cuando muera Alá me resucitará”, afirmó altanero Abdeslam, de barba larga, mascarilla negra y vestimenta del mismo color. “Este no es un tribunal eclesiástico”, le reviró el juez Peries quien también le respondió en el mismo tono cuando hizo el testimonio de fe sobre Alá y su profeta. “Eso ya se verá”, le espetó.
Ante las quejas del terrorista por el trato recibido en la prisión de Fleury-Mérogis, ubicada en la zona metropolitana de la capital francesa, un abogado de las víctimas no se aguantó y gritó en la sala: “¡Salopard, il y a eu 130 morts!” (¡Bastado, hubo 130 muertos!”). Así comenzó un largo juicio “fuera de norma”, como lo describen jurisconsultos y analistas. Para empezar, el juez presidente no solo le respondió directamente al acusado ‘star’ sino que antes de oficializar la apertura e las audiencias dirigió un breve discurso, algo que en la legislación vigente no está contemplado.
Entre otras cosas dijo que “lo que sucedió ya está dentro de los anales históricos nacionales e internacionales de este siglo por su dimensión trágica – eso no está a discusión- y nosotros, la corte que represento tiene por función examinar los cargos contra los acusados y garantizar sus derechos al igual que los de las víctimas”. Enseguida, a las 13.17 horas de ayer miércoles, declaró abiertos los debates judiciales que se extenderán hasta junio del 2022 y en los que deberán intervenir mil 800 testigos, entre ellos el expresidente François Hollande y varios integrantes de su gabinete.
Por supuesto, el juicio es sumamente mediático. Unos tres mil periodistas y medios informativos de todo el orbe tramitaron acreditaciones para estar en las audiencias, aunque éstas serán repartidas como un bien escasísimo pues la sala del juzgado apenas tiene capacidad para 550 personas y la mayoría de los asientos serán ocupados por las víctimas, los abogados y los testigos. “Toda Francia verá este juicio, todo el mundo lo mirará también”, señaló el ministro de Justicia, Eric Dupond-Moretti.
Seis años después de aquellos ataques terroristas que desgarraron la Ciudad Luz en este tribunal no solo se está juzgando a los asesinos materiales e intelectuales sino al terrorismo en todo su espectro, coinciden analistas. También en el mismo proceso van concatenados asuntos que los franceses necesitan culminar como la construcción de la memoria histórica, la reparación de daños a víctimas y el luto colectivo. Será, pues, una cátedra judicial y memorística para Francia y para el resto del mundo.

¿Y SI HUBIESE SUCEDIDO EN MÉXICO?
Y como todo tiene dualidad, mientras ‘occidente’ juzga el terrorismo, en Medio Oriente muchos consideran que se está torturando a santos de la causa islamita. El propio Salah Abdeslam es tomado como un mártir supremo que sufre en manos de los infieles y su nombre terminará en el santuario de la diáspora del Estado Islámico.
Irónicamente a los terroristas musulmanes se les sentó en el banquillo de los acusados justo al lado de la Sainte-Chapelle o Santa Capilla, adosada al edificio del Palacio de Justicia de París y que alberga varias reliquias de la Pasión de Cristo entre ellas la supuesta corona de espinas y un trozo de la cruz del Gólgota. También el Tribunal está unos metros de la catedral de Notredame, otro de los símbolos católicos más conocidos a nivel mundial.
El miércoles, el centro parisino fue un ‘bunker’. Más de mil policías fueron distribuidos en toda la zona y 630 de ellos para resguardar exclusivamente el Palacio de Justicia, y eso mismo se repetirá en las audiencias venideras del juicio histórico. Ah y la primera audiencia terminó como empezó, con imprevistos, pues a las 16.54 horas fue suspendida debido a que Farid Kharkhach, otro de los coacusados que estaba en la sala sufrió un desmayo, y entonces abogados, periodistas y demás civiles fueron desalojados del recinto. Sin duda será un juicio ‘fuera de norma’, como lo calificó la prensa gala.
El hubiera no existe, pero sí la suposición malsana. Si Salah Abdeslam hubiera matado a 130 personas en el México de la “cuarta transformación” para empezar no lo hubieran cazado ni capturado. En el caso de que sí lo hubiesen detenido, el presidente López Obrador hubiera ordenado su liberación y luego habría ido hasta Siria o Marruecos a saludar de mano a su abuelita y le hubiera construido una carretera para que el califato musulmán estuviera bien comunicado por la vía terrestre.
Claro, el Estado Islámico no se compara, ni por asomo, con el Cartel de Sinaloa que ha asesinado, según estimaciones de diversas agencias de inteligencia, a más de cien mil mexicanos. En México no habría juicio histórico sino abrazos ‘cuatroteros’ para los terroristas.

AmoramarMx Superiberia