Andrés Timoteo
Columnista

Como nunca, al discurso gubernamental hay que tomarlo al revés. Siempre se dijo que cuando un político afirmaba una cosa en realidad era lo contrario y el contexto de la pandemia de Coronavirus lo confirma: esta semana se enciende la luz naranja en el semáforo epidemiológico en 18 estados, a pesar de que en varios los contagios y decesos están fuera de control.
Entre ellos se encuentra Veracruz donde, hasta el fin de semana, se reportaban mil 500 personas fallecidas y un acumulado de 10 mil infectados. El estado está considerado entre los diez que acaparan la mayor cifra de enfermos y fallecidos junto con la Ciudad de México, Guanajuato, Tamaulipas, Jalisco y Yucatán. Todos pasarán al semáforo naranja desde este lunes pese al extremo peligro epidémico. ¿No es el mundo al revés?
Dentro de la nomenclatura sanitaria para determinar la situación de peligrosidad por alguna patología colectiva hay cuatro colores oficiales: verde (libre de peligro), amarillo (alertamiento preventivo), naranja (precaución por riesgo elevado) y rojo (peligro total). Empero, en México tal clasificación cromática se trastocó para satisfacer un afán político, no científico. La señalización prende o apaga al gusto del presidente en funciones y no obedece a la situación real de la epidemia.
La semiología de ese semáforo tiene que ver con circular o no, y al eliminar el tono rojo se hace un llamado a la población a salir a la calle y reanudar la cotidianeidad. Esto es, por supuesto, una irresponsabilidad porque al permitir la apertura de negocios y centros de ocio se manda a la población a infectarse en masa aun cuando a diario estén muriendo entre 700 y mil personas y se infecten hasta 6 mil personas.
Los López tuercen a gusto el semáforo de alerta sanitaria sin reparar en que por medio vaya la vida de miles de mexicanos. Es decir, el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador y el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, continúan mintiéndole al pueblo. Llevan tres meses de emitir mentira tras mentira. Entre engañifas más evidentes del propio López Gatell están las “fechas fatales” que puso para alcanzar la cresta estadística y el fin de la peste.
De lo primero, dijo que la estadística más alta de contagios se alcanzaría finales de abril, luego que a mediados de mayo y más tarde que a principios de junio y no atinó en ninguna y de tanto “pico” pandémico ya construyó una cordillera de mentiras. Obvio, fue el resultado de que el pronóstico sobre las cifras más elevadas de la epidemia no lo hizo usando bases científicas sino políticas.
El segundo ejemplo es la fecha para finalizar la epidemia, el día en que -según él- estaría bajo control el virus Covid-19 que era el 25 de junio, es decir el jueves pasado y nada. Se le cayó otra mentira. ¿Ya lo ven? Un tema tan delicado como es la salud pública y la ruta de una pandemia no debe sujetarse a los caprichos y conveniencias de los políticos, sino que se tiene que manejar en base a cálculos científicos.
Sorprendido otra vez en la mentira, ahora el subsecretario de Salud ha dicho que la culpa de no haber vencido a la pandemia el 25 de junio ¡¡es de la gente!! No del gobierno. ¿Y quién la azuzó a besarse y abrazarse sin miedo, a salir a la calle para ir a restaurantes con la frase ‘no pasa nada’, a rechazar el uso del cubrebocas y despreció los test clínicos de forma masiva en la población? Ellos, los del gobierno, son los culpables.
Ahora van con otro embuste que agrandará el tiradero muertos con eso del semáforo naranja para que todos se vuelquen a las calles, cines, restaurantes, parques, playas y demás espacios de aglomeración donde se empaparan en el caldo vírico.
 
LOS SOBREVIVIENTES
Ayer falleció por la gripe de Coronavirus el alcalde de Coetzala, municipio ubicado en la sierra de Zongolica, Gerardo Tirso Acahua Apale. El 22 de junio fue diagnosticado positivo al Covid-19 y sólo duró una semana en terapia intensiva en una clínica privada de Córdoba. En esas ironías de la vida, el último acto público que presidió Acahua fue la sesión de Cabildo para avalar la reforma electoral impulsada por el morenismo.
Al edil, emanado del desaparecido partido Nueva Alianza, lo amenazaron desde la oficina del secretario de gobierno, Patrocinio Cisneros, con meterlo a la cárcel si no aprobaba la reforma y ni así la libró. No irá a la cárcel, pero le fue peor: el virus se lo llevó en menos de ocho días. ¡Que miedo sus últimos días! Por un lado, tenía a Patrocinio Cisneros enseñándole las fauces y por el otro a la parca con la guadaña lista.
Por cierto, según los científicos si la pandemia de Coronavirus arrasa a la humanidad, si hay un cataclismo nuclear o si se estrella un gran meteorito con la tierra, solo habrá tres tipos de sobrevivientes: Chabelo, las cucarachas y los García de Pánuco. Esta familia debería ser estudiada en los laboratorios porque sus integrantes son como amebas con un elevado instinto de supervivencia, no importa el entorno en que se encuentren, si es tóxico, con suciedad pestilente o radiactivo, pues se alimentan de eso y salen ganando.
El ex contralor alemanista y duartista, Ricardo García Guzmán, y sus hijos, Ricardo y Rodrigo García Escalante, pasaron del PRI al PAN, luego regresaron al duartismo, después brincaron al yunismo y ahora están con Morena. Han salido impunes de todo tipo de situaciones, desde el robo del erario hasta la muerte a golpes de un jovencito en Xalapa en el 2001 cuando eran parte de una pandilla conocida como “Los Porkys”.
A pesar de que fueron satanizados como corruptos por López Obrador y el gobernante local, Cuitláhuac García, durante su campaña electoral, ya están en el ánimo del cuitlahuismo. La semana pasada el secretario Cisneros Burgos se paseó del brazo con el diputado Rodrigo García en Pánuco donde será postulado por Morena como candidato a la alcaldía, la cual ya han ocupado su padre y su hermano por diversos partidos.
En los próximos días, según ha trascendido, Cuitláhuac García también irá a ese municipio para arroparlo en su precampaña adelantada. Es el pago del acuerdo por el voto de García Escalante a favor de los proyectos morenistas en el Congreso local. Así, los García de Pánuco sobrevivirán un sexenio más. Las cucarachas los han de envidiar por su sofisticación parasitaria que los hace sobrevivientes muy exitosos.
 
ESTADO DE
MATA-NIÑOS
El sábado fue un aniversario más. El 27 de junio del 2014, la adolescente Abigail Bautista Luna fue atacada sexualmente y asesinada en su propia casa por un sujeto al que identificaron como José Alfredo Tepepa García quien logró escapar y hasta la fecha sigue prófugo, a pesar de que en su momento se ofreció un millón de pesos como recompensa por información que sirviera para dar con su paradero.
Los hechos ocurrieron en la colonia Unidad Antorchista de Córdoba, zona bajo control de la organización Antorcha Campesina, y fue a plena luz del día cuando el tipo atacó a la jovencita. Huyó también a la vista de todos, vaya hasta la abuela de la víctima lo vio salir del domicilio tras cometer el crimen. Nadie lo detuvo a pesar de que los colonos se presumen agresivos y justicieros. Nada, hubo complicidad para que el asesino escapara.
A seis años ese atroz feminicidio los líderes antorchistas se olvidaron de Abigail al igual que lo hicieron las autoridades judiciales. En su momento, la diputada local Janeth García y la regidora Humberta Solís usaron el caso para chantajear a las autoridades estatales y sacar provecho a costa de la muerte de la jovencita para después olvidarse de la misma. En la Fiscalía General el expediente ya se archivó.
Al igual que el caso de Abigail Bautista hay una larga lista de pequeños asesinados sin que sus verdugos lleguen a pisar la cárcel. No hay que olvidar a la niña Karime Cruz Reyes, de 5 años, secuestrada y asesinada en el 2014 junto con una tía. Ambas fueron sepultadas en una fosa clandestina en el traspatio de una casa en Coatzacoalcos.
También Danna de 12 años quien fue apuñalada, golpeada y ahorcada tras una fiesta en Fortín de las Flores en enero del 2017 o el caso de la niña María Magdalena Herrera, de once años, asesinada a tiros por la policía estatal en Atzalan junto a su abuelo, apenas en enero pasado.
En días pasados, la opinión pública se estremeció por los asesinatos de dos niños, uno en el sur y otro en el norte de la entidad. El 15 de junio pasado en Acayucan, el niño José Antonio de 10 años fue secuestrado, violado y asesinado, su cadáver se encontró un día después en un lote baldío. Dos días más tarde, el cadáver de Said de 16 años fue localizado en una parcela agrícola de Álamo Temapache, lo mataron a balazos.
Y esos son apenas una pequeña parte de casi un centenar de asesinatos de pequeños que se han acumulado en la última década y que, en su mayoría, sigue en la impunidad. Veracruz es un estado de mata-niños y donde los feminicidas e infanticidas pueden actuar a su gusto, a plena luz del día y sin preocuparse de que las autoridades los molesten.