Alejandro Solís
Columnista

Preocupan los 653 mil infectados, 459 mil recuperados y 70 mil muertos de Covid-19 contabilizados oficialmente, pues, además de por estar expuestos a contaminarnos, rebotando o rebrotando, su constante alza resulta del desorden político propiciado por políticas públicas del gobierno de López Obrador.
Reducidas a usar cubrebocas en lugares restringidos con presencia de alguna autoridad pública o privada, las clínicas, hospitales y centros de atención equipados con personal especializado y habilitado, equipos y medicamentos básicos, no se dan abasto para controlar la pandemia; a pesar de informes contrarios vertidos por la autoridad federal en la materia, Hugo López Gatell.
ElPresidencialismo. A las críticas y protestas en toda la nación y autoridades internacionales, se suman las exigencias de gobernadores estatales por el cambio del responsable y sus tácticas de atención clínica y comunitaria. Entre otras medidas, proponen el uso obligatorio del cubrebocas, aplicar análisis masivos, aislar rigurosamente casos detectados, atender al círculo de personas con quienes tienen e hicieron contacto; destinándole recursos y medios a su atención médica.
Ignorados reiteradamente por el presidente, diez mandatarios renunciaron a la CONAGO; formando otro grupo de trabajo. Así, se abre una fisura en la Federación, a pesar del discurso Ejecutivo contrario pregonando logros ante un problema de expansión viral incontrolada.
Súmese a lo anterior el aumento de protestas en toda la nación contra las obras del régimen. Un ejemplo, grave, es la toma de la presa La Boquilla, imputado por López Obrador a los conservadores panistas, a corruptos afectados y amenazados en sus costumbres e intereses personales y de mafia.
En la grilla desatada se menciona como el origen de los conflictos al encausamiento de procesos, o, pretensión de implicar a poderosos ex presidentes de la República, así como a funcionarios y empresarios, que, en su momento, fama pública, operaron desfalcos a la Nación.
IdeasAberrantesDelSistemaDominante. Se observa la tendencia en medios de comunicación y redes sociales a responsabilizar “al presidente” del caos generado, debido a sus incompetencias y obstinaciones ante dos problemas: la crisis del capital y la pandemia, insistiendo en, que, de no ser por la segunda, estaríamos en jauja.
A contrapelo, un sector social y gubernamental imputa al capital el brote y expansión viral. Otros estudiosos observan una relación intrínseca entre crisis socio-económica y la neumonía atípica, brotada en China, según noticia falsa difundida por Trump.
Contrariándolo, la realidad objetiva experimentada en Wuhan, a partir de los primeros brotes del virus, contenidos con la aplicación de terapias y medicinas chino-cubanas, así como las evidencias estadísticas sobre su abatimiento en tres meses, son expresión de otras razones, para el control del contagio.
El presidente chino, Xi Jinping, informó al mundo y reconoció de su pueblo, el frente común exitoso facilitado por la costumbre ancestral de respeto a convivencias comunitarias, su vocación solidaria y la experiencia socialista.
Además de las tradiciones solidarias, han sido clave la unidad del partido, gobierno y sociedad, así como la determinación de salvar vidas, sin importar el costo económico. Lo que incluye aplicar exámenes clínicos masivos, asilamiento de casos y la obligación de medidas anticontaminantes, como el lavado constante de manos y uso de cubrebocas.
OrdenDesordenado. AMLO ganó la elección presidencial, legitimándolo, gracias al voto de más de 30 millones de mexicanos.
Por resultados de encuestas, se afirma que no ha perdido esa base de apoyo popular, a pesar de errores administrativos, planes inconclusos, conflictos de interés, corrupción de funcionarios de su gobierno y familiares, desprecio inicial de la gravedad de la pandemia, 70 mil muertes violentas, así como de la austeridad franciscana impuesta solamente al pueblo, pues ¿qué limitaciones pueden tener, quienes viven en abundancia?
Sus correligionarios señalan a los grupos de poder político-económico afectados, como causantes de los conflictos.
La oposición, insiste en que el caos brota de su incapacidad gobernante e insana costumbre a andar de activista en campaña permanente, en vez trazando mejores planes de gobierno.
Críticos, otros, insisten en que las bondades y limitaciones son de orden sistémico, incluyente de decisiones personales, indeseables. Como son la crisis general del capital, la deuda pública y sus leoninos intereses, así como el desmonte de empresas estatales y de servicios. Entre ellos los de salud pública.
Por su forma, la inseguridad y violencia criminal, la corrupción del aparato burocrático, la destrucción de empresas estatales y paraestatales, son herencia neoliberal aceptada por los liberales bienhechores: en el fondo, ambos modelos políticos, son de naturaleza económica capitalista, remitiéndose a sus leyes generales: prevalencia de la propiedad privada y de la libertad de mercado.
Idea&Estructura. Por la extraña integración del partido morena, que hizo el “milagro” de aglutinar a la mayoría de los electores a favor de AMLO, en menos de lo que canta un ganso, su falta de cuadros políticos formados profesionalmente, la afiliación de políticos de todas las tendencias, partidos y grupos de poder, que hoy reclaman el pago de facturas, no resulta extraño, que, a dos años de gobierno y a diez meses de las próximas elecciones, el partido se muestre como lo desde siempre ha sido.
Caótico, sin formación militante; sin adopción consciente de lineamientos y reglamentos. Sin trabajo social, ni siquiera acompañante de las certeras y fallidas actividades gubernamentales; Morena es una empresa fallida, diseñada para darnos atole con avión presidencial, amasado con resaca de todos los partidos, todos los rencores e ingenuidades.
Perdida entre grillas de poder, la organización triunfante en las últimas elecciones, no fue capaz de elegir a su presidente nacional y a su secretario general; propiciando una aberración política, que se hará costumbre de ahora en adelante, para facilitar la intromisión del Estado en los partidos políticos de oficio.
Mediante sus operadores del INE y del Tribunal convocan, organizan, contabilizan y cantarán de manera irrebatible a los triunfadores, resultado de una encuesta, aplicada a un padrón de militantes determinado por ellos. Y, sin modo de verificar sus respuestas.
La ofensa política, aceptada y legitimada por AMLO, a la par de ser cuestionada por militantes obligados a participar en ella, expresa otro error en la vida política de López Obrador, dándole la razón a Cuauhtémoc Cárdenas, crítico de su falta de formación de izquierda y planes realmente libertarios.
Siendo un excelente agitador, AMLO no sabe, ni quiere, ni le interesa organizar y formar una verdadera organización política de cuadros y masas autónoma, independiente, que trascienda al entreguismo impuesto, entre otras técnicas, con el garlito presidencialista de enaltecer al “líder”, caudillo, santón o jefe insustituible de la transformación propuesta.
Pobre México, tan lejos de China y tan encharcado, como los Estados Unidos.