Alejandro Solís
Columnista

Presumida de democracia ejemplar, la selección del presidente de EU no pasa de ser una engatusada más de falsos procesos champados al mundo basados en libertades individuales, imposibles en nacidos muertos y endeudados hasta el queque.
Imagine usted qué injusticia: en los EU la deuda pública es de 23 billones de dólares, en promedio personal cada gringo debe 70 mil dólares.
Con trece billones de pesos de deuda, solo por el hecho de nacer en México los niños traen bajo el sobaco un millón de deuda, sumándole intereses y nuevas raterías; con la obligación de destinar hasta el 60% del Producto Interno Bruto.
¿De cuánto disponemos para el desarrollo? De nada. Al contrario, los financieros tienen calculado el costo operativo del sexenio de López Obrador en 5 billones de pesos que esperan sumar al servicio de la deuda para llegar a 17 billones de pesos, en 2024.
EnSuspenso. En ocasión de elegir entre el republicano Donald Trump y el demócrata Joseph Biden, observamos un proceso electoral dividido perfectamente entre decisiones individuales, de estados y masas canalizadas hacia el Colegio Electoral para decidir, en corto, quién ha de administrar al país y en gran medida al mundo, durante los próximos 4 años.
El tamiz selectivo incluye leyes, reglamentos e instrumentos afinados entorno de la llamada “democracia indirecta” donde se vota por las preferencias de una cierta cantidad de miembros de cada estado pertenecientes al Colegio Electoral, formado por 538 personas de identidad secreta. En principio, con 90 millones votos a su favor, Biden logra 306 electores, contra 232 de Trump, por lo que más de medio mundo ya lo considera presidente electo. Pero los trumpianos no.
ParodiaGringa. La frágil democracia americana indica que los electores pueden ratificar o rectificar la preferencia manifestada en urnas, pues no están obligados a validar los resultados para decidir quién ha de ser el presidente constitucional.
La cosa está tan loca que por ejemplo, hace cuatro años Hilary Clinton obtuvo tres millones de votos más que Trump, pero perdió la elección. Váyase de bruces: ahora Biden logró 5 millones de votos más que Trump y gracias a la democracia indirecta, es hora en que sus opositores no reconocen su triunfo. ¿Es la democracia perfecta?
No. Es la democracia burguesa de la sociedad autodenominada perfecta, esa que pretende darnos lecciones de civilidad y derechos humanos, canalizada mediante un embudo protector del establishment gringo, en cuyo pináculo está un nido de águilas oligarcas.
La apariencia de sociedad perfecta, de película, trata de ocultar al mundo el drama de una más de las expresiones de la división de clases sociales en lucha permanente cooptada por demócratas y republicanos; quienes, a su vez, son marionetas de quienes detentan realmente el poder económico político, sin importar su nacionalidad: los fondos de inversión; los financieros.
Aunque mucha gente se deslumbre por sus pertenencias comerciales, industriales, de servicios, heredadas o logradas gracias al tesón de bisa, abuelos y padres explotando esclavos, siervos de la gleba, empleados, obreros, campesinos, profesionistas, negociantes informales, pequeño burgueses y burgueses endeudados, quebrados, empobrecidos, sobre sus propiedades mandan los bancos y sobre éstos las enormes bancas de inversión y los clubes de capitalistas dedicados a pastorear dinero ajeno.
Oxfam insiste en que sólo son el 1% de los habitantes del planeta quienes han concentrado fortunas enormes con la capacidad para determinar los giros del mercado, tanto como de la política de sostenimiento de las relaciones de propiedad impuestas a la sociedad.
Para sus fines monopolistas, el pináculo financiero oligarca acaparador del poder económico, así como del político, militar, policial e ideológico, teje un Estado culturizado, o sociedad enajenada, con valores egocéntricos individualistas de naturaleza fascista militarista, cubierta con la mejor de sus caretas: la socialdemocracia cristiana.
ElJefeDeJefes. Curiosamente, este modismo político, económico y cultural representa la idea generalizada en la sociedad capitalista sobre la integración del pináculo del poder oligarca: el mero bueno de todos, quienes ejercen partes del poder.
Por encargo, ideólogos profesionales -gran parte anidada en medios de comunicación de masas, pero también en lo vivencial cotidiano- “reducen” el alcance de las ciencias a mínimos manejables con criterios comerciales; como el caso de la comprensión de los “establecidos”, refiriéndose a los que están para quedarse donde están, así tengan que cambiar de mecate a cada rato. O, revolcarse, para seguir mamando del presupuesto público, sin tener que ir a bailar a Chalma: nomás bajando la cresta.
CuidandoInvestidurasExtranjeras. A pesar de la “cargada del mundo” hasta santificada por el Papa Francisco para felicitar el triunfo de Biden, dice nuestro preclaro presidente Obrador, él se esperará en tiempo señalado oficialmente, así como la resolución de las controversias que presenta Trump para revertir su derrota, arguyendo que hubo fraude sobre todo en votos depositados por correo y en los estados donde fue descalabrado. Pues, claro, ¿quién solicitaría revisar huecos ganados?
FakeDemocracy. ¿Por qué, la vez de negarse sistemáticamente al recuento de votos casilla por casilla donde no le conviene, brota por obviedad su deseo de llevar el recuento final de rollos de votos a terrenos operados por supremacistas proto fascistas?
Porque como todo en el capitalismo, el gobierno es una mercancía más y participar en sus negocios equivale a comprar barato y revender caro lo que sea, como cebollas, chiles, jitomates, yerbitas y frutas de temporada.
NegociosSonNegocios. Por lo general, los políticos se meten al gobierno para ganar ganar, como lo observamos en las grandes personalidades implicadas en la “estafa maestra”, Odebrecht y “El Pacto por México”, quienes, por la gracia de servir a los neoliberales caídos en temporal desgracia, solo por hoy se ven en la pena de estar encarcelados y vinculados a procesos, en gran parte amarrados por delaciones de antes grandes amigos y socios de turbios negocios; anhelantes de consolidar las posiciones ganadas durante el gobierno de Trump.
A eso se reduce la pelea de la oligarquía gringa: a repartirse el control de la economía americana y donde puedan, del resto del mundo.
GemelosFraternos. ¿Desea usted disponer de un criterio más para bien calificar por sus tendencias al gobierno de la Cuarta Transformación? Entonces sea estricto.
Hace un siglo y cuarto “México” depende de las decisiones políticas y económicas decididas por la oligarquía norteamericana. Así nos han capacitado y culturalizado, al punto no tanto de no poder evitarlo, sino de la imposibilidad de hacerlo.
“La libertad”, la “soberanía” la “independencia” son cuentos ladinos de políticos en turno; y, los que se pretendan exitosos para ocultar esa realidad, deben aprender a lidiar con mentiras, sobre todo porque hay una gran diferencia entre la línea económica proteccionista y la neoliberal: la política retrógrada de bienestar a base de regalar dinero entre los pobres -la caridad populista- “choca” contra la línea neoliberal de considerar peso muerto a los millones de pobres gestados por su mismo proceso productivo.
Bienvenidos los necesitados, porque, sin ellos, ¿cómo parecer misericordioso y de la misma secta?

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