>> Para celebrar con Emilio, que hoy hubiera llegado a los 95.

Comienza este lunes una quincena clave para sacar adelante varios de los principales temas de la agenda política y para definir, de paso, qué ocurrirá con muchos de los capítulos centrales del llamado Pacto por México, pero también para ver cómo resisten los partidos y los gobiernos las presiones políticas de los grupos más radicales.

En Guerrero, el intento para reeditar la APPO oaxaqueña es más que evidente, las provocaciones no cesan y los bloqueos (ayer el último nuevamente en la Autopista del Sol) buscan llegar a un límite que obligue a las autoridades a implementar un acto de “represión”. Es el ingrediente que les falta. Tarde o temprano, en esta dinámica de desafíos y provocaciones, terminarán teniéndolo. Esa presión política quiere comprobar hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno federal para sacar adelante sus propuestas, y hasta dónde llegarán sus aliados. Lo que estamos viendo con la reforma educativa es sólo una suerte de prueba respecto de lo que debemos esperar cuando llegue la hora de las reformas energética y fiscal: están poniendo a prueba hoy la verdadera disputa de mañana.

Por eso es tan importante saber cómo actuarán las autoridades ante este desafío. Si, como algunos creemos, ha cambiado la forma de entender y ejercer el poder por el presidente Peña Nieto, la prueba de fuego estará ante estas provocaciones. No está de más recordar que el sexenio de Fox perdió toda la iniciativa política cuando el gobierno se doblegó en su intención de construir un nuevo aeropuerto ante las manifestaciones de Atenco y, tiempo después, cuando mostró una completa parálisis ante la toma de Oaxaca por la APPO. Un gobierno no necesita mostrar continuamente su fuerza si se sabe que cuenta con ella, pero es suficiente con una vez que haya mostrado su debilidad para que la misma se vuelva endémica.

Las presiones se darán en forma simultánea con dos temas que no están en el interés público, pero que resultan también clave para la configuración futura del país y el reequilibrio de fuerzas políticas, económicas y sociales. Por una parte se espera que el 18 de abril se presente en el Senado la minuta de la Cámara de Diputados con la reforma en telecomunicaciones. Como hemos dicho, es una reforma increíblemente compleja con innumerables aristas que deben analizarse. No dudo que lo aprobado en Diputados sea perfectible: sobre todo en el tema de las atribuciones del IFT, el nuevo organismo autónomo que regulará el sector; hay muchos aspectos que deberían analizarse y probablemente reformarse. En eso tiene razón el PAN. La autonomía absoluta del IFT puede significar costos altos para la capacidad de control del propio Estado sobre el sector. En todas las democracias existen organismos relativamente autónomos, pero en ninguna el Estado ha resignado su responsabilidad y atribuciones mínimas, que en realidad son de seguridad nacional sobre el sector.

Todo indica, sin embargo, que la reforma se aprobará sin cambios significativos porque la intención es que no regrese a la Cámara de Diputados y que los cambios que deban realizarse se efectúen en las leyes reglamentarias que ya están siendo preparadas entre los integrantes del Pacto por México. Se asegura que si se dan cambios, sobre todo en el IFT, se romperán los acuerdos con la dirigencia del PRD en el Pacto, mientras que el PAN tiene una posición dividida al respecto. Esta semana tendremos la respuesta.

En el plan de Hacienda que también se analizará en estos días en el Congreso se establecerán mecanismos crediticios y de manejo de deuda que serán, en los hechos, parte de la base para las reformas fiscales que se darán en septiembre. No deja de ser significativo que, en ese capítulo, la propuesta tenga el respaldo de la fracción panista del Senado encabezada por Ernesto Cordero y seguramente no del PRD. Lo cierto es que en estos días estos dos grandes temas estarán en el debate bajo la presión de grupos radicales que, con la coartada de la reforma educativa, están haciendo una prueba para tratar de bloquear las grandes reformas que vienen en el futuro inmediato: la energética y la fiscal.

Empresas en la Cruzada

Hay cosas difíciles de explicar. Por ejemplo, ¿cómo pueden oponerse personajes, sobre todo de la izquierda, a que las empresas privadas participen apoyando la Cruzada contra el Hambre? ¿Qué sentido tiene rechazar que, con aportes privados, el Estado haga llegar alimentos o leche a los más desprotegidos que no pueden pagar por ella? ¿Tienen idea de cómo les puede cambiar la vida a familias que ganan diez pesos diarios el que los dos litros de leche Liconsa, que hoy cuestan nueve pesos, les puedan llegar en forma gratuita? Cuando el discurso se niega a confrontarse con la realidad, simplemente hay que ignorarlo.