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Leer y escribir, escribir y leer

Superiberia

POR: Gilberto Nieto Aguilar / COLUMNISTA

Leer y escribir, junto con la expresión oral (la insinuación mímica y el gesto), son parte del lenguaje, un verdadero mecanismo para pensar, una herramienta mental que proviene de la parte profunda del yo. El lenguaje hace al pensamiento más abstracto, flexible e independiente de los estímulos inmediatos. Cuando los niños usan símbolos y conceptos, ya no necesitan tener delante un objeto para pensar en él: lo guardan en alguna parte de su cerebro para recurrir a él cuantas veces sea necesario, incluso modificarlo y asociarlo con otros semejantes o completamente diferentes.

El lenguaje permite imaginar, manipular, crear ideas nuevas y compartirlas con otros; es una de las formas mediante las cuales intercambiamos información; de aquí que el lenguaje desempeñe dos papeles: es instrumental en el desarrollo de la cognición, pero también forma parte del proceso cognitivo (SEP, Propuesta Curricular 2016).

Para que se realice la interacción comunicativa, como mínimo las partes deben utilizar alguna forma reconocida de lenguaje. Hablar es la forma más común. Para compartir una actividad, debemos hablar de ella, explicarla, comprenderla. A no ser que hablemos, jamás sabremos si los significados atribuidos al lenguaje son los mismos para nosotros que para los demás.

«Yo aprendí que escribir tiene mucho más que ver con callarse que con hablar. Sin embargo, fue una liberación cuando empecé a escribir porque por primera vez hubo palabras para expresar lo que sentía… Mi meta no es literaria, quiero contar lo que pasa en este mundo horrible», dice Herta Müller, novelista, poetisa y ensayista rumano-alemana cuya obra trata fundamentalmente de las condiciones de vida en Rumania durante la dictadura de Ceaucescu. Premio Nobel de literatura 2009 (Gaceta INEE, Año 2, No. 6/Nov 2016-febrero 2017). 

Desde el momento en que el hombre escribe y expresa sus pensamientos en forma comprensible a los demás, se cumple el fin del lenguaje de «transmitir lo pensado a lo escrito» (Ileana R. Alfonso, “Un mensaje para quienes escribir es algo insignificante”, 1999). El uso del lenguaje es un fenómeno complejo en el que influyen motivaciones o dificultades personales o sociales para decir lo que se piensa y se siente, de forma oral y con mayor razón de manera escrita.

En el blog de psicología de Malena Lede, encontramos que «Escribir un libro, una carta, un diario o cualquier cosa en un blog, es terapéutico porque puede darle sentido a la existencia; ser útil para conocerse más y tener más conciencia del propio potencial, puede ayudar a aceptar las limitaciones y a desahogarse de las cuestiones propias sin resolver y puede ser la mejor manera de superar dolores, desilusiones y frustraciones. Escribir exige concentración y atención, de modo que es una forma de meditación…»

De la página Voz de Rusia tomamos: «Saber leer, realmente, influye sensiblemente en la reacción del cerebro. En primer lugar, complica la organización de la zona visual de la corteza. En segundo lugar, en la persona que sabe leer prácticamente toda la red de neuronas, que responde por la percepción del habla, también se activa en el hemisferio izquierdo con ayuda del texto impreso».

«Pero resulta que la lectura tradicional presenta defectos. La falta de atención y de un programa flexible de lectura, cuando todos los textos se leen con la misma lentitud, los movimientos regresivos de los ojos hacia lo ya leído, y, obviamente, el enemigo número uno es la pronunciación para sí del texto que se lee. En consecuencia, la información no se recuerda y se escapa el sentido de lo escrito».

«El hombre de nuestros días debe leer a diario decenas de páginas de textos y no sólo literatura de ficción, sino también informaciones del trabajo, la prensa y la correspondencia oficial y personal. De ahí que la lectura correcta suponga, ante todo, la buena percepción de las informaciones». 

gilnieto2012@gmail.com

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