Lo peor está sucediendo en Siria, a nivel político y humanitario. Todos los días escala la confrontación entre el ejército y los militantes de la oposición en Damasco y sus alrededores. Las víctimas son usualmente cientos, y el número de refugiados aumenta dramáticamente. En el Consejo de Seguridad (de Naciones Unidas), el pasado miércoles 19, Jeffrey Feltman, el asistente del secretario general, advirtió que si el curso actual de los eventos no cambia el rumbo a una solución política, Siria va en camino a una destrucción total. La violencia y los enfrentamientos están escalando de manera muy peligrosa.

Ban Ki-moon expresó su profunda preocupación por el hecho de que el aspecto militar está teniendo prioridad sobre el diálogo político, y la posibilidad de que masacres sectoriales tengan lugar. Él se dirigió a ambas partes diciéndoles que no habrá una solución militar al conflicto y la crisis debe resolverse de manera política. Pero el enviado especial árabe internacional, Lakhdar Ibrahimi, no está avanzando en su misión política en Siria. Él se encuentra en El Cairo desde el fin de semana pasado esperando una audiencia en Damasco con el presidente Bashar al-Assad. Algunos rumores circularon respecto a su renuncia si el presidente sirio no lo recibe pronto.

La última vez tuvo que esperar cuatro días en Damasco antes de reunirse con Al-Assad. Ibrahimi manifestó su intención al viceministro del Exterior ruso, Mijail Bogdanov, y al secretario de Estado asistente de EU, William Burns. Considera que su misión no tiene ningún sentido si no puede transmitir los elementos de su plan al presidente Al-Assad, el cual se basa en la Declaración de Ginebra en general, y consiste en un cese el fuego monitoreado por una fuerza internacional y la creación de un nuevo gobierno nacional con poderes absolutos. Es una manera de organizar la salida de Al-Assad de la escena bajo los auspicios de los rusos y estadunidenses sin ninguna promesa para un futuro político en este proceso. El presidente sirio y su círculo cercano piensan, considerando su poder militar, que pueden lograr un trato mejor todavía. Mientras tanto, un grupo de militares de la OTAN, arribó a Turquía para preparar la instalación de baterías antimisiles Patriot en la franja fronteriza con Siria. Rusia envió una flota de barcos de guerra haciendo maniobras militares frente a las costas de Siria durante este mes, una escalada paralela está en la mira.

A nivel humanitario, las condiciones de millones de refugiados se están deteriorando, con el incremento en el número de personas migrando a los países vecinos. Líbano tiene el número más alto de todos: 150 mil hasta el momento y se esperan aún más, especialmente (porque) el campamento Yarmook para refugiados palestinos fue campo de batalla entre el ejército sirio y los grupos opositores. Cien mil de los150 mil tuvieron que huir de la escena causando una nueva catástrofe humanitaria. El presidente palestino Mahmud Abbas hizo un llamado a las Naciones Unidas a ayudar a que regresen a territorio palestino, lo cual está lejos de que suceda.

Las Naciones Unidas están pidiendo a diversos países recaudar fondos para lograr una cifra de mil 500 millones de dólares para proveer de refugio, comida, medicinas y educación, al millón de refugiados sirios y palestinos que se esperan y a más de 4 millones dentro del destrozado país.

Las repercusiones en Líbano, Turquía, Jordania e Irak, generan gran preocupación a sus gobiernos y a las Agencias Humanitarias. Las consecuencias trágicas de la crisis siria son un nuevo problema que tendrá que ser atendido de manera urgente por las principales capitales y organizaciones internacionales.

El autor fue embajador de Líbano en México entre 1999 y 2011

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