Por ándres timoteo /  columnista

“Heriré al pastor y las ovejas se dispersarán”, Mateo 26:31. El cardenal y arzobispo emérito de Xalapa, Sergio Obeso Rivera ya está en la gloria de Dios Padre. Desde la semana pasada atravesaba una crisis que lo mantenía en estado crítico.

 Hombre de su tiempo, monseñor Obeso no fue un ideólogo ni promotor a ultranza de la Teología de la Liberación que prioriza la opción preferencial por los hombres, pero sí fue su defensor y escudo que protegió a otros religiosos y pensadores que la sembraron en México. Don Sergio nació en cuna de seda, pero eso no lo privó de sensibilidad social ni distorsionó su compromiso pastoral.

Fue dos veces presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y desde allí libró tremendas batallas con la élite eclesiástica del País, pues se enfrentó al famoso Grupo Roma que lideraba el ex nuncio apostólico Girolamo Prigione e integraban los obispos y cardenales para ricos, influyentes, conservadores y progobiernistas de la Nación. Frente a ellos, Monseñor Obeso defendió a la comunidad clerical perseguida y a las ideas progresistas en la Iglesia católica mexicana.

En la propia Diócesis de Xalapa que presidió por varios años, desde que ésta incluía a las diócesis de Orizaba y Córdoba, dio apertura a movimientos y pastorales en favor de los desprotegidos, los derechos humanos, la participación política de los laicos y la denuncia pública por todo tipo de injusticias.

El cardenal Sergio Obeso no necesitó de oraciones intermediarias, pero desde este espacio elevamos la plegaria por el eterno descanso de su alma. 

También se pide por otro pastor tocado en su persona, el obispo de Córdoba, Eduardo Patiño Leal, quien atraviesa por una situación delicada y comienza un tratamiento médico altamente sensible.

 Es cierto, Patiño Leal no es un hombre perfecto, protagonizó algunos episodios que en su momento se cuestionaron -como aquel accidente automovilístico que provocó en Huatusco y ocasionó la muerte de una persona-, pero como pastor ha tenido un buen papel en la Diócesis cordobesa ejerciendo su ministerio de profeta, para denunciar y anunciar.

 Nadie debe olvidar que Monseñor Patiño fue de los pocos obispos, tal vez el único, que durante la negra noche del duartismo y la fidelidad denunció la “ola” de violencia que cobraba vidas y enlutaba hogares en la zona Centro, y cuestionó y exigió a las autoridades. Ahora el pastor está en apuros, es tiempo de que sus ovejas oren por su salud.