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Pena de muerte

Superiberia

El miércoles 22 de enero le será aplicada en Texas la pena de muerte al mexicano Édgar Tamayo si el gobierno no logra detener esa acción apelando, como lo ha venido haciendo, al cumplimiento de la Convención de Viena, y si el gobernador Rick Perry permanece empeñado en que su estado no se rige por esas leyes internacionales.

Estados Unidos es de los pocos países que sigue aplicando la pena de muerte. Durante el primer siglo después de obtener su independencia, el método que utilizaban era la horca -una herencia de los británicos-, aunque también se aplicaba de vez en cuando el fusilamiento.

Pero con la llegada de la electricidad, la transformación en casi toda la vida cotidiana llegó también a la aplicación de la pena de muerte con el uso de la silla eléctrica.

En ese entonces Thomas Edison batallaba para que su invento no fuese utilizado para matar prisioneros. Abogaba mejor por utilizar las corrientes alternativas de su contrincante inventor, George Westinghouse.

Así, en 1890, en Auburn, Nueva York, William Kremler, preso por haber asesinado a su esposa, se convirtió en el primer americano en ser ejecutado mediante electrocución.

De acuerdo con la base de datos compilada por M. Watt Espy y John Ortiz Smykla y retomada por la revista New Yorker del 23 de diciembre, hasta el año 2002 unos 4 mil prisioneros tuvieron el mismo trágico fin que Kremler.

Posteriormente, en 1924, en Nevada, se comenzó a utilizar la cámara de gas para las ejecuciones. El problema era que tanto silla eléctrica como cámara de gas tenían fallas recurrentes al ser aplicadas.

Fue la Suprema Corte de Justicia de EU la que deliberó que la pena de muerte debía ser más humana. De ahí nace el método actual: la inyección letal.

En 1977 Jay Chapman, un médico de Oklahoma, diseñó el actual método que implica un protocolo de tres inyecciones: primero se inyecta al prisionero tiopentato de sodio, que es una especie de anestesia; después pancuronium bromido, que es un relajante muscular; y finalmente clorido de potasio, que provoca un paro cardiaco.

Este mecanismo fue utilizado por primera vez en 1982 en… Texas… que es uno de los estados que más aplica la pena de muerte.

Hoy, la inyección letal también enfrenta algunas complicaciones. Desde la escasez para conseguir el tiopentato de sodio, porque quienes lo producen no quieren seguir apoyando la pena de muerte, hasta un público estadunidense que está cada vez más en contra del uso de la pena de muerte como mecanismo disuasivo para el crimen.

Gallup ha llevado a cabo encuestas sobre apoyo/rechazo a la pena de muerte en EU desde 1936. En 1994 se tuvo la cifra récord de apoyo con 80 por ciento de los estadunidenses en favor. Para 2013, 60 por ciento la sigue apoyando, lo cual representa la cifra más baja desde 1972.

El número de jueces que sentencian la pena de muerte ha bajado también, de 17.8 por cada mil asesinatos en 1976, a 5.1 condenados por cada mil asesinatos en 2013. Un descenso de 71 por ciento. Y al mismo tiempo ha caído en 25 por ciento los asesinatos en EU.

Por eso no se sostiene la retrógrada teoría de que la pena de muerte disuade los delitos. Pero aún así, una vez más parece que un mexicano será ultimado con este grotesco e inhumano mecanismo, del que cuesta trabajo entender que se utilice en una sociedad democrática.

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