Guadalajara.-  El gol es vida. Es el oxígeno del futbol. Por eso, el grito es desbordante. Marco Fabián corre con los puños apretados. 

El paso firme. Triunfador. Lleva dirección hacia su banca. Lo felicitan sus compañeros. Abraza al técnico John van’t Schip. 

Todos son uno, fundidos en el abrazo. Celebran el 2-0 sobre el Atlas. Orgullo puro en el Clásico Tapatío, con goles de Rafael Márquez y Marco Fabián.

Echa una mirada al palco presidencial. Se toma la camiseta con ambas manos. 

Hay coraje en el rostro. En la semana, después de la eliminación ante Concacaf, hubo regaño. Esta es, quizá, una forma de ratificar su cariño por los colores. Pero el gol es vida. Chivas respira de nuevo en la liga, pues con el triunfo es octavo.

Chivas celebra con su afición. Abandona el terreno de juego con los brazos en alto. 

Sonrisas en todos los rostros. Esto no borra el fracaso de la Concacaf, pero da oxígeno en el torneo local. 

El Rebaño Sagrado festeja con orgullo el triunfo en el Clásico y con dos tantos es octavo general. El gol es vida.

En el palco presidencial del Estadio Omnilife, esta vez no se pudo observar al asesor Johan Cruyff. El holandés viajó de regreso a Holanda, debido a la muerte de su suegra y ya no estuvo en el Clásico Tapatío.

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