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¿Qué significa la izquierda en el siglo XXI?

Superiberia

 

Por: Eduardo de la Torre Jaramillo

 

Al leer la Biblia en Mateo, me encontré con lo siguiente: 25:34 “Entonces el Rey dirá a los de la derecha: Venid, benditos de mi Padre, hererad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”; a diferencia del 25:41 “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”.

Quise arrancar este artículo con esto para decir que la izquierda tiene mala “prensa” desde su origen, pero lo que más nos importa es la parte política de esta corriente; si bien en el siglo XIX y parte del XX, el enfrentamiento entre las dos corrientes de izquierda fue la parte violenta o pura de herencia marxista y la socialdemócrata de Rosa Luxemburgo, Eduard Bernstein, Karl Kautsky, y que al final, los que ganaron fueron los segundos, los que llamaron despectivamente “reformistas”.

El punto más importante simbólicamente hablando para la izquierda fue con la caída del Muro de Berlín en 1989 y con la posterior implosión de la URSS en 1991; aunado al desmantelamiento del Welfare State en Europa fundamentalmente. Si bien, el metarecit de la “revolución” se agotó, porque ya no era éticamente viable utilizar la violencia para acceder al poder, por ejemplo, esa fue la razón por la cual Octavio Paz dejó de ser de izquierda, el impacto que le provocó la guerra civil española, y en un ejercicio de su autocrítica fue cuando se cuestionó, si era necesario quitarle la vida a otro hombre para instaurar el socialismo, algo que éticamente no era aceptable para él.

Por otra parte, quedaba la parte económica, donde la socialización de los medios de producción y su sistema económico, caracterizada por la planificación económica centralizada, no fue capaz de garantizar la prosperidad de sus sociedades ni generar incentivos para hacer competitiva su economía, ésta fundamentalmente se quedaba en los sectores primario y secundario, porque ya no se pudo reconfigurar en una economía terciaria y menos tecnológica. Inclusive, el propio Marx no vio a Rusia para implantar el socialismo, porque era un país agrícola, algo que siguió hasta finales del siglo XX.

Después del fracaso económico y político del “socialismo realmente existente” (Rudoplh Bahro), en 1991 cuando Francis Fukuyama afirmó que el fin de la historia se concentraba en la economía de mercado y la democracia a un nivel global, pues la izquierda tendría que reaccionar hacia la democracia “burguesa”, como le llamaban y su viraje a una economía de mercado, todo ello fue traumático en Europa del Este, porque de 4 países (URSS, Checoslovaquia, Yugoslavia y Alemania) nacieron 22 nuevos.

Parte del tránsito de la izquierda fue hacia la socialdemocracia, centrándose en la “tercera vía” de Anthony Giddens, que no era otra cosa, que ayudar a los ciudadanos a guiarse en las grandes revoluciones de nuestro tiempo: la globalización, las transformaciones de la vida personal y nuestra relación con la naturaleza.

Con la anterior recomendación, una parte de la izquierda se inclinó por los nacionalismos y en algunos casos de manera dramática como lo fue la desintegración de Yugoslavia, con su limpieza étnica como reafirmación de su identidad ciudadana, es decir fue un alejamiento de la civilización y fue un retorno a la barbarie, al menos en ese país.

Ante la derrota global, la izquierda se podría definir, de acuerdo a Ramón Cotarelo como “adjudicar a la izquierda una actitud de disconformidad con la realidad en que se vive y un empeño por cambiarla en función de un plan de mejora de la condición humana, especialmente a los más desfavorecidos”, lo que nos dice este autor es que es una forma de ser, y que es mucho más sencilla que en los siglos XIX ó XX.

Desde mi punto de vista, la única diferencia que observo es en la vida personal, como las sociedades de convivencia o el aborto, allí sí chocan frontalmente con la derecha, pero en lo político y en lo económico, todo ha sido colonizado por la globalización, particularmente en la globalidad, donde ya no hay diferencia entre estas viejas ideologías, lo que hace del mundo actual, una zona habitable postideológica.

El reto es en lo económico y en lo político, no en la parte cultural, donde allí si hay diferencias, como lo referimos anteriormente.

Finalmente, todo este recorrido lo tendrá que hacer la izquierda mexicana para construirse en este marasmo de fragmentación política, les faltan ideas, estrategias políticas y no mercantiles de cómo permanecer en el poder como en el DF, donde su hegemonía rompe todo vestigio democrático, ese será el mayor reto, además de ajustar su pasado inmediato para hacer una izquierda moderna en los próximos años.      

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