Salvador del Río
Columnista

Parecían innecesarias las declaraciones del presidente López Obrador sobre la visita a su homólogo estadounidense. Son obviedades impropias de un jefe de Estado decir que va representando a todos los mexicanos con dignidad y decoro. Aun en los momentos más difíciles nunca se ha demandado al presidente una postura que no sea en defensa de los intereses de la nación. Las aclaraciones de López Obrador se antojarían traiciones de conciencia, pues si por una parte se esperan acuerdos favorables por la otra hay voces que previenen de un acto de subordinación en el momento en que se intensifican los intentos del norteamericano para aprovechar esa visita en busca de recuperar terreno frente al candidato demócrata Joe Biden. La estancia de López Orador en Washington será sin duda utilizada por el republicano para allegar a su causa votos del electorado latino y en general de los migrantes en un proceso contaminado por los avances de la crisis sanitaria.
Que López Obrador se propone representar a la totalidad de los mexicanos, resulta dudoso dada la división provocada por él mismo al señalar lo que considera dos bandos, liberales y conservadores, enemigos y apoyadores de su gobierno con la intención de marginar a quienes estima sus adversarios. Eso se confirma cuando no fue sino a última hora que se dio el nombre de los empresarios que lo acompañan, entre los cuales no figura un solo dirigente de los organismos cúpula de ese sector con quienes ha roto toda relación. Como en el caso de los empresarios, López Obrador hace a diario una partición que en su concepto discrimina y aleja a los ricos de los pobres, a los buenos de los malos en la exigencia de una imposible unanimidad. Se derrumban así los enunciados de representación de todos los mexicanos; la dignidad y el decoro pregonados caen también por la realidad del momento y las circunstancias que rodean a la entrevista.
López Obrador llega a Washington con la intención, dice, de agradecer a Donald Trump las atenciones y el apoyo recibidos de su gobierno, especialmente dentro del Tratado. Si es plausible el propósito de sacar del T-MEC provecho para nuestro país, no deben pasarse por alto las salvedades de la relación con Estados Unidos y de la postura interesada de Trump hacia México y a su presidente, a quien con sospechosos ditirambos llama un hombre maravilloso. Cuarenta y ocho horas antes del encuentro Trump dio una señal adelantada de la “bienvenida” a su invitado cuando en uno de sus tuits aparece junto al muro fronterizo que ha insistido será pagado por México. En ese mensaje Trump se refiere a su condena pública a las manifestaciones de grupos antirracistas y a su supremacía. En México como en otras partes del mundo el presidente norteamericano, nuestro amigou, sólo tiene intereses.