• Mientras no se erradique la corrupción en políticos y no se terminen los líderes obreros que se han dedicado a enriquecerse a costa del energético nacional.

JULIO FENTANES
Columnista

Empezamos desde esta semana prácticamente con la cuarta transformación nacional, de acuerdo al ya empoderado Presidente, Andrés Manuel López Obrador.
Y lo que viene enseguida, con la venia del gran Tlatoani, serán las modificaciones que requieren de aprobación legislativa, como las reformas.
Pese a muchas críticas internas, México sí dio un paso muy grande dentro de los países que pertenecen a la OCDE en materia de reformas, sobre todo, para estimular la competitividad, el gran problema fue la correcta aplicación de estas y que efectivamente se aplicarán en beneficio de la ciudadanía y no en beneficio de unos cuantos, de la “mafia del poder”, dice el Presidente.
Al igual que las leyes mexicanas y la misma Constitución Política nacional, que pese a ser modelo para muchos, las reformas estructurales tienen el defecto de cómo se aplican por los hombres y mujeres que les corresponde la operación y cómo se beneficiaron muchos de los que las impulsaron.
Dentro de las reformas, de entrada ya dijo Andrés Manuel López Obrador, que la educativa va para atrás. Hasta ahora es la única que ya tiene lapidario destino, y en próximas semanas quizá antes de que culmine el año, tendremos algunas propuestas de la nueva “contra-reforma” y confío que no será del SNTE ni CNTE quienes se adjudiquen el derecho de mejorar la educación en el País. La educación es la única forma que hay para avanzar hacia el siguiente nivel como modelo económico y de éxito, así lo hicieron en su momento Japón, Taiwán, Corea, Singapur o Taiwán. Todos sus modelos son relevantes y en pocos años, muy pocos realmente, convirtieron a esas naciones en poderosos entes industriales, comerciales y financieros.
Claro que hay que tomar en cuenta las características de la idiosincrasia del mexicano para poder aplicar un nuevo modelo educativo.
Veremos qué sigue, desearía no encontrarme con la desagradable sorpresa de que Elba Esther Gordillo o la runfla de pseudomaestros de la famosa Coordinadora Nacional, están encabezando alguna presunta propuesta, y es que no es posible imaginar algo constructivo de quienes han destruido lo poco que tenían los maestros, como su credibilidad, honorabilidad, pasión por la enseñanza, amor a la niñez. Dicho de otra manera, no podemos esperar cosas diferentes si vamos con los mismos de siempre.
La otra gran reforma que posiblemente tenga remiendos y también veremos si la ultranacionalización de López Obrador no cambia su concepto, es la energética, que por su propia naturaleza es la que debe tener más impacto en México, porque nuestro País es productor de petróleo y recientemente se han dado nuevos hallazgos de campos con millones de barriles de crudo.
Vale la pena anotar que de los países que integran la OCDE a la que México pertenece, la gran mayoría permiten que compañías privadas, nacionales o extranjeras inviertan en exploración y explotación, generando ahorros al estado que ya no invierte, pero sí recibe regalías o utilidades, claro que tiene que compartir la riqueza que se encuentra, pero se ahorra mucho dinero y de todas maneras gana el Estado.
Nuestro País apenas se integró a ese esquema y seguramente en los próximos años veremos beneficios, con una derrama económica regional en donde se encuentran las compañías privadas que han ganado las licitaciones de los últimos cuatro años y son expertas en su trabajo. ¿Pemex lo podría haber hecho en lugar de dar contratos a empresas privadas? Seguramente sí, los trabajadores petroleros mexicanos, desde el obrero perforador hasta los ingenieros, son muy buenos en su trabajo, sin embargo, el único pero muy grave problema que existe aquí es el alto nivel de corrupción que vive Pemex y el Sindicato de Trabajadores Petroleros que en lugar de estimular una mejoría en el País y en los propios empleados, se ha convertido en una máquina de hacer dinero para la cúpula sindical, olvidando las razones por las que existe el sindicalismo mexicano, igual con la alta dirección, ahí está el caso tan sonado de Odebrecht que involucra al exdirector general, Emilio Lozoya, que todavía no la libra.
Mientras no se erradique la corrupción en políticos y no se terminen los líderes obreros que se han dedicado a enriquecerse a costa del energético nacional, México no verá realmente los frutos de la reforma energética ni de ninguna otra.
Hoy las finanzas nacionales no dependen del petróleo y ya no deben volver a esa dependencia.
La Comisión Nacional de Hidrocarburos hizo un buen trabajo en la implementación de la reforma y los procesos de licitación, que fueron abiertos y transparentes con participación de las petroleras más importantes del mundo en alianza con mexicanos.
Veremos qué sigue y cómo sigue.
Veremos cómo el nuevo equipo en el gobierno mexicano logra el equilibrio y hace funcionar las finanzas.
Hasta hoy se ha dicho que se respetarán los contratos firmados y se revisarán con lupa si es que hubo corrupción.
Los industriales aceptaron el reto, esperemos que como dije arriba, los beneficios económicos se derramen también en los poblados donde van a sacar hidrocarburo.
Lo de la gasolina barata, se lo platico en otra columna, ya dijo AMLO que por lo pronto, el precio sigue igual.