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Por Andrés Timoteo / columnista

DÍA 15: LOS CUIDADORES

El corte de caja a una quincena de que la gripe Covid-19 se asentó en Europa es apocalíptico, pues tan sólo en las últimas 24 horas murieron 1 mil 733 personas en los tres países más afectados que son Italia, España y Francia. En el primero fueron 969 muertos, en el segundo 770 y en el tercero 299, es decir que cada hora fallecieron 72 personas. Más de un muerto por minuto.  ¿Quién dice que el virus no es letal, que no hay que tenerle miedo y que la gente debe regresar a la gente a hacer la vida “normal”?

Bien cierto, el 80 por ciento de los fallecidos son adultos mayores, de más de 70 años, pero hay un 20 por ciento que son más jóvenes y también cuentan. Nadie es estadística fría ni se puede hacer un cálculo algebraico para minimizar el número de muertos frente a los millones de habitantes porque eso es inaceptable hasta desde el punto de vista científico. “No son pollos que se mueren en el criadero donde hay millones”, afirma enojada una vecina que lleva, junto a su madre de 90 años, el aislamiento draconiano.

 Sobre las redes sociales, especialmente Twitter, día tras días miles de franceses agradecen médicos, enfermeras, camilleros, paramédicos, bomberos, choferes de ambulancias y demás personal que labora en hospitales y centros de urgencias por su labor. “Soignants”, se les llama cuya traducción más romántica es “cuidadores” y sobre la red social es permanente la etiqueta #Onapplaudit (Les aplaudimos).

 En muchos barrios de París, así como en los de otras ciudades francesas cada vez que se les ve pasar, los enclaustrados salen a las ventanas, balcones y terrazas para aplaudirles. En toda España ya se hizo una rutina que diariamente a las 20 horas -8 de la noche- la gente hace lo mismo, desde ventanas y balcones aplaude. Un minuto, dos, tres o los que sean necesarios para mostrar el reconocimiento colectivo a los trabajadores sanitarios. Los italianos no solo les aplauden y mandan mensajes en redes sociales, sino que también les cantan desde los ventanales.

Esos “cuidadores” son los que van en la primera fila del frente que se tiene en la guerra sanitaria contra la pandemia de Coronavirus. Hoy, los médicos, enfermeras, camilleros y demás son una suerte de guerreros que en cada batalla arriesgan su vida. Están en contacto con la muerte en el afán de salvar gente y por eso deben ser, entre todos los héroes actuales, a los que más se les debe procurar.

 Hay que cuidar a los cuidadores y por eso el reclamo colectivo para que se destinen partidas presupuestarias para la compra de insumos que los protejan: mascarillas especiales, trajes aislantes, guantes y vaya, hasta elevar el monto de sus seguros de vida. Su trabajo es de altísimo riesgo y sus familias deben tener una seguridad económica por si llegan a faltar. Y, por supuesto, hoy en medio de la calamidad viral, ellos son ‘bajas de guerra’ y cada “caído” entra al estatus de héroe patrio.

 El número total es un misterio, pero hay versiones de que al menos ocho mil trabajadores sanitarios en Europa están infectados con el Covid-19 y que lo adquirieron al realizar sus labores médicas. A pesar de que la mayoría de estos infectados son jóvenes y podrían superar la enfermedad, hay quienes tienen padecimientos crónicos o edad avanzada que los tiene en una situación muy complicada.

 Los trabajadores del sector sanitario han reclamado por la falta de equipo de protección personal e insumos para ayudar a los pacientes -máquinas de respirar, camas o aparatos de reanimación y medicamentos-, pero hasta la fecha ninguna queja se les ha escuchado por hacer su trabajo o porque estén en la primerísima línea de batalla contra la pandemia. Estoicamente, estos “cuidadores” hacen lo que les corresponde y muchos en medio de la precariedad.

 Por eso en América y especialmente en México todos, desde el gobierno hasta la sociedad civil, debe escuchar el clamor de ahora hacen los trabajadores del sector salud para que se les provea de equipo para su protección personal y también para la atención de los pacientes que en breve atiborrarán hospitales y clínicas. Ni por asomo llega todavía la avalancha de infectados por el Covid-19 con los que tendrán que estar en contacto irremediablemente, por eso debe haber previsión para ellos.

 Nuestros médicos, enfermeras, paramédicos, camilleros, conductores de ambulancias, auxiliares y hasta el personal administrativo estarán al frente de la guerra sanitaria que librará México y Veracruz.

Se viene una larga batalla y durante meses ellos le verán la cara a la muerte y, entonces, hay que prepararlos, tanto con equipo de protección como con el sostén moral. ¡Atención!, nadie está exento de enfermarse y de necesitar a esos ángeles guardianes cuando la peste golpee con más furia. ¡Cuiden a los cuidadores!

LA TARDÍA INGLATERRA

 Después de varias semanas de desoír las advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y negarse a decretar emergencia nacional y ordenar el aislamiento de la población defendiendo la cuestionada tesis de la “inmunización colectiva” -que la gente se infecte y desarrolle por sí misma los anticuerpos para contrarrestar al virus Covid-19-, finalmente el primer ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson aceptó la realidad y dispuso la paralización de actividades y que los ingleses se encierre en sus casas.

Fue una medida tardía y la pandemia le pasó factura al mismo Johnson pues él mismo acaba de salir positivo en el test clínico por el Coronavirus y ahora está en cuarentena obligada. El mandatario tiene 55 años o sea que está pisando la raya límite que lo pone en el sector poblacional con elevado riesgo por la enfermedad. Y vaya, ni la realeza se salva porque hasta el príncipe heredero, Carlos de Inglaterra, de 71 años, también está infectado, otra factura más del destino.

 No olviden que ningún miembro de la corte de su majestad Isabel II salió a reconvenir a su primer ministro ni a abogar por el pueblo que seguía en las calles pese a la pandemia.  No escupas al cielo porque el salivazo te cae en la cara, advierten las abuelas en el pueblo. Ah, y el tabasqueño, Andrés Manuel López Obrador que tiene 66 años también debe tomar sus previsiones porque han lanzado muchos escupitajos contra los que advirtieron de la gripe virulenta. Es más, casi todo el gabinete presidencial es sexagenario y septuagenario, o sea un bocado apetitoso para el Coronavirus.

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