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EL OTRO REY MAGO

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Autora Irma H. S.

La estrella peregrina llama a los Magos con su brillo maravilloso.

El Rey Farouk también se regocija al verla y decide seguirla. Aunque su pequeño reino es pobre y está muy lejos, rápidamente organiza su caravana.

El Rey Farouk tiene más entusiasmo y buena voluntad que riquezas y magia. Como no le alcanza para camellos, caballos ni elefantes consigue burritos trotones.

Como tampoco le alcanza para oro, incienso ni mirra, carga sus burritos con lo que puedan necesitar el Niño Dios y sus padres.

Farouk sale de su reino muy contento, con sus regalos humildes pero útiles y con un cofre de monedas de cobre, bisutería y cuentas de colores para los gastos del camino.

Detrás de la estrella Farouk sube y baja montañas heladas, atraviesa bosques tenebrosos y cruza desiertos calcinados.

Aunque el viaje es largo, agotador, también es tranquilo. Hasta que Farouk pasa un río en barca. El barquero inexperto hace un giro brusco y el burrito con el cofre cae de la embarcación.

El peso lo hunde, por salvarlo Farouk salta al agua, corta las cuerdas que sujetan el cofre y pierde su modesto tesoro.

A partir de ese accidente para pagar sus gastos Farouk lee la mano, hace horóscopos y vende los regalos y los burritos uno por uno. Siempre que puede ahorra durmiendo bajo las estrellas y ayunando.

El viaje se vuelve más difícil y mucho más lento.

Cuando Farouk por fin se acerca a Belén la estrella se está apagando, él ya no parece Rey, excepto por la corona y nada más le quedan un burrito y un poco de ropa de bebé.

Farouk encuentra al Niño Dios y a sus padres en una curva del camino. La Sagrada Familia está huyendo de los soldados del Rey Herodes, que buscan al Niño Dios para matarlo, y su burrito se ha torcido una pata.

Farouk inmediatamente intercambia su burrito sano por el lastimado. Apenas hay tiempo para entregar su regalo, dar un breve vistazo al Niño Dios y besar sus pequeños pies.

La Sagrada Familia continúa su huida a Egipto, Farouk se queda para demorar a los soldados de Herodes y darles tiempo.

Farouk astutamente coloca su corona en el camino, donde reluce con el sol del amanecer. Es de cobre chapado de oro, más brilla tanto que cuando los soldados la ven pelean por ella.

Los perdedores continúan la búsqueda del Niño Dios. Farouk les sale al paso en otra curva del camino. Cuando le preguntan por la Sagrada Familia él los hace ir en la dirección opuesta.

Farouk regresa a su reino maltrecho, exhausto, pero muy feliz por haber conocido al Niño Dios. Conserva al burrito de la Sagrada Familia con él en su vieja casona. Cada vez que lo monta le recuerda la estrella y el momento más dichoso de su vida.

Aunque son Magos poderosos, Melchor, Gaspar y Baltasar a veces no logran visitar a todos los niños. Entonces Farouk monta en su burrito y lleva los regalos que puede dar.

Si este Día de Reyes en vez de juguetes recibes calcetines, no llores. Te los trajo Farouk, el Rey que siguió a la estrella a pesar de todo y protegió al Niño Dios.

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