Por Andrés Timoteo   /  columnista

PACIENCIA COLECTIVA

En temas nacionales, al Gobierno lopezobradorista se le deben señalar errores, omisiones, contradicciones y hasta perversidades, pero también hay que reconocerle sus aciertos e incluso apuntalarlos si éstos sirven a la recomposición del País. Uno de esos es el rescate de la industria petrolera y para ello ahora se aplican medidas emergentes a fin de detener la sangría que le han provocado durante décadas los ‘huachicoleros’, los de abajo y los de arriba.

Entre las estrategias para lograr parar la hemorragia de combustibles están el cierre de válvulas en ductos para que los chupaductos no tengan qué extraer cuando hagan las perforaciones clandestinas y la asignación de elementos del Ejército para resguardar instalaciones petrolíferas y los puntos clave en la red de ductos.

Por ejemplo, el fin de semana, elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional ingresaron a las instalaciones de la refinería Lázaro Cárdenas en Minatitlán a fin de resguardar el producto -los combustibles- y su proceso de distribución. A la par, en muchas partes del País se suspendió el flujo de los carburantes en el sistema de ductos para impedir que fuera extraído ilegalmente.

El presidente López Obrador ha explicado que mientras se depura el sistema y se instalan los programas de monitoreo del flujo de combustibles, se hace uso del transporte en carros cisternas que, hoy por hoy es más seguro, aunque se sacrifique la rapidez. Y tiene razón, vigilar la trayectoria de las ‘pipas’ -como se les llama- es más fácil que cuidar un ducto que puede ser perforado en cualquier punto.

La secuela de esta medida es un desabasto moderado en las estaciones de servicio, lo que ha servido para atizar el fuego mediático contra el Gobierno Federal. Sin embargo, aquí si vale el beneficio de la duda y la tolerancia de todos. Los automovilistas -consumidores de hidrocarburo- deben contribuir con eso, con paciencia al plan para poner un alto a los ‘huachicoleros’.

El combate a esos delincuentes no es fácil y no se logrará sin el respaldo popular que requiere, en este caso, aguantar la escasez, racionalizar el combustible que se obtenga y, en su caso, limitar el uso de los automotores recurriendo al transporte colectivo. Salvar a Pemex y deshacerse de los bandidos de combustible bien vale ese pequeño esfuerzo, ¿no creen?

Más allá de los precarios modales del tabasqueño que despacha en Palacio Nacional y las ínfulas de sus seguidores, es bueno apoyar la estrategia para acabar con el saqueo energético. Claro, esto debe traer consecuencias y se tiene que castigar a directivos y operadores de Pemex involucrados en el ‘huachicoleo’ así como a los empresarios gasolineros que compran el combustible robado.

Por supuesto, también ir tras el dirigente del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps que mucho tiene que ver en este asunto. Le llaman “el huachicolero mayor”. Si López Obrador no escarmienta a todos esos pillos, ningún plan funcionará y, ahí sí, todos tendrán el derecho legítimo de recriminárselo. La paciencia colectiva tampoco es una carta en blanco para la simulación.

LOS OBSCURANTISTAS

El lunes se cumplieron cuatro años del ataque terrorista contra el semanario francés Charlie Hebdo en 2015. Doce personas – siete periodistas y entre ellos cinco caricaturistas- fueron asesinados a balazos en las mismas instalaciones de la publicación por dos sicarios del Estado Islámico.

La edición del cuarto aniversario lleva como portada el dibujo de un obispo católico y un clérigo musulmán apagando una vela que representa la libertad de pensamiento.

“Le retour des anti- lumières (El retorno de los anti-luces o los obscurantistas), es el título del número especial. (https://urlz.fr/8App). El ataque al semanario fue el preludio de una “ola” terrorista en Francia y Europa entera. Diez meses después, el 13 de noviembre, París vivió una de sus peores noches de terror en su historia, pues 137 personas fueron asesinadas. Con lo sucedido con Charlie Hebdo se cumple aquello que cuando llega la intolerancia y el autoritarismo las primeras víctimas las pone el periodismo.