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EL OTRO COMPETIDOR 

Finalmente, llegó al proceso electoral el competidor que faltaba: el crimen organizado. Su presentación la hizo ayer en el municipio de Úrsulo Galván con la ‘ejecución’ de Gilberto Ortiz Parra, precandidato del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) a la alcaldía. Al empresario transportista lo emboscaron unos sicarios y pese a que lo llevaron aún con vida a un hospital falleció por las heridas.

 Es el primer homicidio ligado directamente a la competencia electoral. Se dio en una zona muy ‘caliente’, como se le denomina en el mundillo delictivo. Úrsulo Galván es tierra en disputa de los cárteles de la droga y también un cementerio ilegal. Allí, en el predio La Guapota, fue localizada una de las fosas clandestinas más grandes del estado y de donde se han extraído los restos de las primeras 13 personas.

 Forma parte de un territorio de miedo pues los municipios colindantes como La Antigua, Puente Nacional, Emiliano Zapata y Paso de Ovejas también son plazas disputadas por los maleantes. En todos ellos hay historias de terror que contar. Y la llegada de los grupos delictivos a los comicios locales se da tocando al partido en el poder, Morena.

Los lugareños aseguran que la incursión de los delincuentes a la competencia electoral era algo cantado desde finales del año pasado y algunos hasta aventuran que no es que el homicidio de Ortiz Parra venga de otro aspirante a la alcaldía sino es una presión de el crimen organizado al partido marrón para que respete los pactos realizados. ¿Será? Úrsulo Galván arde en rumores y ayer era el mensaje que prevalecía.

 Antes de lo sucedido en ese municipio ya hubo antecedentes del mismo tipo, aunque muchos lo obviaron, especialmente las autoridades estatales. El primero de noviembre fue asesinado en Tierra Blanca el médico Manuel Dimas Cristóbal, uno de los aspirantes más populares a la alcaldía. Su homicidio fue igualmente con el sello del sicariato y continúa sin ser esclarecido.

 Dimas Cristóbal ya había contendido por el ayuntamiento terrablanquense en el 2017 por el Movimiento Ciudadano y buscaría serlo otra vez en este 2021, además de que otros partidos políticos lo pretendían. Tampoco hay que pasar por alto que Tierra Blanca es otro punto rojo por la violencia, coto bajo control de una organización criminal que también el año pasado, en mayo, mató a Francisco Navarrete Serna, identificado en un tiempo como el ‘jefe de plaza’ de un grupo contrario y ligado a la desaparición de cinco jóvenes en el 2016.

Un mes después también fue ‘ejecutado’ su hijo, Abraham Navarrete. Navarrete padre era compadre de la diputada local por Cosamaloapan, la morenista Margarita Corro quien lo había acercado con el gobernante en turno, Cuitláhuac García. Ahí, en la llamada “Novia del Sol” el clima político-electoral también está que arde-

 El segundo antecedente sucedió la semana pasada en Oluta, al sur del estado, cuando un grupo de sicarios atentó contra la diputada local, también de Morena, Florencia Martínez y la fiscal regional, Marisela Rojas Cisneros. La legisladora atribuyó el ataque a una motivación política y concretamente contra su partido, aunque desde Palacio de Gobierno la desmintieron. El gobernante García Jiménez zanjó el tema diciendo que fue contra la fiscal por asuntos judiciales.

 Tampoco hay que olvidar el crimen de la alcaldesa de Jamapa, la panista Florisel Ríos Delfín, perpetrado en noviembre también por sicarios. Su esposo y director del DIF municipal, Fernando Hernández Terán, apodado “El Pan Comido” y quien recientemente fue capturado luego de varios meses de estar prófugo, pretendía contender por la alcaldía jamapeña para suceder a su cónyuge.

 Hernández Terán no fue aprehendido por la muerte de su esposa sino porque desde el gobierno estatal le abrieron procesos judiciales por desvío de recursos en un afán de atajarlo en sus pretensiones electorales. En fin y resumiendo, los crímenes políticos tienen rato que llegaron a Veracruz, aunque el del precandidato en Úrsulo Galván es el más reciente y el primero que lleva un mensaje claro y llano, sostienen los galvanenses.

Ah, y la violencia organizada sigue haciendo de las suyas en la zona centro. Hace unos días se desató el infierno en Omealca con varios días de enfrentamientos entre criminales y policías, y ayer en Orizaba un comando armado atacó a una patrulla asesinando a dos policías estatales – la versión era que fueron tres los guardias abatidos-. Sí, en la ciudad donde el alcalde Igor Fidel Rojí presumió en su informe de labores en diciembre que el municipio estaba libre de violencia y era una isla de paz. Ajá.

LA PALOMA Y 

EL PALOMO

En el mismo tema electoral, se concretó el ‘pinochetazo’ contra el huasteco Gonzalo Vicencio Flores quien ya renunció a la secretaría general del Comité Directivo Estatal de Morena y también a su militancia. Abandonó el partido marrón y se fue a Fuerza Social por México, propiedad del líder de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), la nueva central obrera a modo de la “cuarta transformación”.

Vicencio Flores asegura que se lleva parte de la militancia morenista, incluyendo a prospectos de candidatos. ¿Qué tanto impactará esta renuncia?, ¿será una desbandada importante? No se sabe aún, pero es una fractura que grande o pequeña afectará los resultados para Morena al menos en algunos municipios o distritos. Ya se verá la noche del 6 de junio.

Gonzalo Vicencio fue nombrado delegado nacional de Fuerza por México de la mano de la expanista, expriista y exmorenista, Regina Vázquez Saut, la “Paloma del Sur”, hija del pistolero Cirilo Vázquez Lagunes quien durante la fidelidad y el duartismo mantuvo para su familia tanto la presidencia municipal de Acayucan como las diputaciones locales y federales. Ella y su hermana Fabiola Vázquez se han turnado y transferido la alcaldía y las curules. Ahora, la “Paloma del Sur” busca una diputación plurinominal en el partido Fuerza por México.

Por cierto, a Gonzalo Vicencio Flores ya lo motejan “El Palomo” por inocente. No supo leer los mensajes de palacio de gobierno, quiso competir contra el aparato estatal y lo embistieron. No le pudieron ganar en una asamblea de militantes -que nunca la hubo- y de plano lo echaron de forma burda para imponer al choapense Esteban Ramírez Zepeta, exsecretario particular del gobernante en turno.

 Y aquí nuevamente salta el tema del crimen organizado involucrado en cuestiones electorales y los nuevos pactos con el poder en turno. ¿Se acuerdan que en los comicios municipales del 2017, Vicencio Flores, entonces candidato a la alcaldía de Chicontepec, fue secuestrado y herido por un grupo de sicarios que lo dieron por muerto, pero sobrevivió? El autor intelectual fue el exdiputado local del PRI-PVEM, Manuel Francisco Martínez, detenido dos años más tarde, el 9 de enero del 2019.

 Pues bien, el gobierno de Cuitláhuac García maniobró a través del secretario de Gobierno, Patrocinio Cisneros, para que el acuado fuera exonerado por medio de un amparo y la Fiscalía General del estado no impugnó el proceso por lo que en agosto pasado quedó libre. En esas fechas ya estaba el pleito cantado entre Vicencio Flores y palacio de gobierno. Es decir, le soltaron a su verdugo.

 Y sorpréndanse, ese mismo que atentó contra uno de sus candidatos en el 2017 -aunque actualmente se convirtió en enemigo del grupo gobernante – ya está operando para Morena en la Huasteca Alta. Más aún, en el marco de la alianza con el PVEM se pretende colocar a Martínez Martínez en la candidatura a la presidencia municipal de Chicontepec. Es el mundo al revés, el presunto secuestrador de un morenista se volvió aliado de palacio de gobierno. ¿Hay o no pactos con los mafiosos?

BUSCAPIÉS EN 

CÓRDOBA

En Córdoba soltaron un buscapiés: que el expanista Gerardo Buganza Salmerón iba a ser candidato a la alcaldía por invitación de la alianza formada por el PAN, el PRI y el PRD, aunque pocos se creyeron el bulo. El mismo Buganza lo desmintió horas después de que corría la especie en las redes sociales.

Lo hizo alegando cuestiones de salud y en efecto hace tiempo que el político padece una enfermedad crónica, pero también la lógica apuntaba a que era una engañifa mal montada porque si Buganza regresara a buscar un cargo de elección popular lo haría por Morena pues es un duartista redomado y el duartismo opera para el partido marrón desde el 2016.

 Hace algunas semanas también se esparció un bulo parecido de que el expanista -y también fidelista disfrazado-, Juan Bueno Torio regresaría a la política electoral para buscar la presidencia municipal. No fue cierto. Y no porque Bueno Torio no quisiera regresar a la nómina pública sino porque nadie lo invitó, no al menos del panismo ni del morenismo.

 Por otro lado, los cordobeses deberían agradecer que todo se trató de un chisme porque de ser cierto tendrían otra calamidad encima. La terca memoria, siempre la terca memoria: demás de haber sido secretario de despacho con Javier Duarte, el último cargo que Buganza tuvo en el municipio fue como síndico en el primer trienio del panista Tomás Ríos Bernal. ¿Y qué hizo ese par? Se robaron los 100 millones de pesos del fideicomiso para apoyar a los enfermos de Anaversa. Nadie debe olvidarlo.

Vecino