EL MUNDO SE VA ACABAR

La cuenta regresiva ya está en su última fase según los profetas mayas y el próximo viernes 21 de diciembre la huesuda va a cargar con todos. No se salvarán ni ricos ni pobres, ni poderosos ni descamisados, ni letrados ni analfabetas, ni blancos ni negros, ni religiosos ni ateos, ni bélicos ni pacifistas, ni hombres ni mujeres, ni jóvenes ni ancianos, ni altos ni chaparros, ni gordos ni flacos, ni feos ni bonitos. Todos se achicharrán en el Fin del Mundo.

Ante ello, los eruditos y estudiosos se devanan los sesos tratando de darle la vuelta a las profecías mayas y el clero ha salido presuroso a difundir que “nadie sabe el día ni la hora”, haciéndose apoyar por los escritos bíblicos para atemperamentar el miedo. Sin embargo, para el ciudadano común que todos los días tiene que soportar la pesadez de la vida, no le queda otra que ver la parte positiva del asunto.

De ahí que lo de hoy es el Fin del Mundo. Ya pasó de moda eso del calentamiento global, lo del adelgazamiento de la capa de ozono, lo de la extinción de las especies y hasta el retorno de zombis y los vampiros. Lo “cool”, como dirían los jóvenes, es el Fin del Mundo y quien no hable de eso está “out”. Y tampoco faltan los abusados comerciantes que ya desde hace varias semanas comenzaron a ofrecer las ofertas del “fin del mundo” y otros ya venden souvenirs –objetos para el recuerdo- sobre el tema.

Los mexicanos, que son expertos en hacer de la tragedia una fiesta, ya está preparando las pachangas y borracheras del Fin del Mundo porque si en verdad llega por lo menos que no los agarre en sus cinco sentidos. Vale la pena juntar el tema del Fin del Mundo con las fiestas decembrinas para darles un toque diferente y si todos amanecemos el día 22 pues ya habrá otro motivo para seguir la pachanga porque habremos sobrevivido al Fin del Mundo. ¿No creen?

La profecía maya no es del todo mala pues hay que pensar que si la humanidad ya no amanece el día 22, los mexicanos se habrán salvado de chutarse el sexenio del copetón Enrique Peña Nieto. Los cordobeses ya no tendrán que soportar un año más a Francisco Portilla ni los orizabeños a Hugo Chahín ni los fortinenses al alvadareño, Carlos Junco y así muchos se salvarán de aguantar a otros ediles que, como los antes nombrados, ya se afilan las uñas para el saqueo municipal en el Año del Hidalgo pero se quedarán con las ganas.

Además, todos se habrán salvado de los merolicos electorales tricolores, azules, naranjas, rojos, verdes y variopintos que vendrán para el 2013 prometiendo de todo con tal de obtener el voto. Eso ya es ganancia. Pero si alguien está temeroso de la fatídica profecía pues bien puede seguir la conseja de los yucatecos, diciendo si el mundo se hace pedacitos, en Mérida todo seguirá de pie y habrá que enrumbarse hacia la península antes de que el reloj marque la hora cero.

 “Si ya te sientes del planeta Hespérida/ y tu que tú vives entre tanto inmundo/ no te preocupe se acabe el mundo/ vente conmigo, que me voy pa’ Mérida./ Vuela lejos de aquí como una ictérida/ si se te advierten que se acaba el mundo/ y el final te pone meditabundo/ no te me inquietes, di: me voy pa’ Mérida”/ Lo han aceptado personas de todas las culturas/ que leen a hechiceros/ piensa que pudieran ser verdaderos./ Feliz por el ardid quedó la gente/ y se anotó para el engaño siguiente”, dice un poema yucateco.

Pero no sólo los yucatecos hicieron rimas del Fin del Mundo sino también los veracruzanos lo profetizaron musicalmente y desde hace años los soneros del grupo Mono Blanco andan pregonando que se aproxima la catástrofe: “El mundo se va a acabar/ el mundo se va acabar/ si un día me has de querer/ te debes apresurar. / Ni que dudar, mira la tierra/ con tanta guerra, dónde va andar/ no hay que esperar que el mundo es loco/ y queda poco, tiempo de amar”. Tan tán.

 

CERCANÍAS

En el pasado despacho se mencionaba que los nuevos integrantes del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, César Camacho Quiroz a Ivonne Ortega Pacheco, conservan cercanía con algunos veracruzanos. Tres de ellos son los ex diputados federales Marco Antonio Torres, Mario Zepahua y Pablo Anaya, éste último, actual secretario de Salud en la entidad, quienes conservan una sólida amistad con la ex gobernadora de Yucatán desde que compartieron curul en la 59 legislatura federal.

Al zongoliqueño Zepahua, la cercanía con la secretaria general del tricolor le servirá para atajar al bugancista Tomás López Landero, quién tras hacerse de la diputación local y federal ahora ha puesto la mira en la alcaldía de Zongolica pese a que ni siquiera radica en la zona sino en Córdoba. Otro allegado a la yucateca es el tuxtleco Jorge Uscanga Escobar, actual secretario ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública pues también estuvo en la misma legislatura federal, aunque su amistad no es tan fuerte como la de los tres primeros.

Por cierto, beneficiada indirectamente con los nuevos mandamases en el tricolor nacional es la directora de Radio del gobierno estatal, Ana Guadalupe Ingram, aspirante a una candidatura a la diputación local ya sea distrito de Veracruz o en el de Boca del Río, ya que su operadora Érika Blanco también tiene línea directa con Ortega Pacheco. Otra que fue compañera de la hoy secretaria priista en esa legislatura pero que nunca pudo hacer migas con ella es la alcaldesa de Xalapa, Elizabeth Morales García. La razón para que no entablara amistad es porque la xalapeña nunca asistía a las sesiones legislativas pues está documentado que la xalapeña fue la diputada más faltista de todo el país.

Respecto al ex gobernador del Estado de México, César Camacho, aunque muchos de la vieja guardia priista veracruzana se podrán ostentar como allegados en realidad son pocos los que han entablado y conservado alguna relación con él. No hay que olvidar que en sus tiempos de poder y dinero, el ex alcalde cordobés Bernardo Cessa Camacho, presumía en sus tertulias de un supuesto parentesco con el mexiquense, el cual nunca se comprobó. De los escasos veracruzanos cercanos al dirigente priista está el coatepecano Adolfo Mota Hernández, secretario de Educación pues fueron compañeros en la 60 legislatura federal. 

Es verdad que ambos son de generaciones diferentes y los tamaños políticos no se comparan pero Mota Hernández logró colarse a la burbuja del entonces coordinador parlamentario Emilio Gamboa Patrón – hoy líder de la bancada priista en el Senado- y de ahí, hizo la relación con viejos dinosaurios como Camacho Quiroz. Eso no lo ha logrado ni siquiera el triste dirigente oficial del priismo veracruzano Erick Lagos Hernández, puede presumir la cercanía de Mota Hernández ni tampoco el toluqueño Jorge Carvallo, quien despacha como diputado local y tan acostumbrado a marear con sus “chorizos verbales”.

Hay tres veracruzanos que fueron compañeros de Camacho Quiroz en el Senado durante la 58 legislatura federal pero ninguno tiene acceso a dirigente priista. Una es Nohemí Guzmán Lagunes, secretaria de Protección Civil, quién suplió a Fernando Gutiérrez Barrios en la cámara alta pero que nunca estableció nexo alguno con el mexiquense. El otro es el ex gobernante estatal, el cual, hasta donde se sabe, se ha cansado de tocarle la puerta a Camacho Quiroz pero éste ni lo ve ni lo oye, sabedor de que es un apestado en la era peñanietista y que no tiene cabida ni en el partido ni en el organigrama por órdenes de Peña Nieto.

Un tercero que compartió legislatura es el actual secretario de Gobierno, Gerardo Buganza Salmerón en su época en que era senador por Acción Nacional pero ni se veían ni se fumaban. En ese entonces, Buganza fingía odiar a los priistas y los alejaba rociándoles agua bendita. Si se hubiera arremangado la sotana por aquellos días y hacer diplomacia política, otro gallo le estuviera cantando al persignado funcionario estatal pues tendría a quien acudir ahora que lo quieren jubilar de Palacio de Gobierno.