Superiberia

“Ya tenemos dos meses de casados y no me has hecho el amor ni una sola vez”. Eso le dijo Pirulina a su esposo, el cándido joven Simpliciano. Respondió él: “No sabía que tenías prisa”… El señor pidió en el restorán unos huevos fritos. Cuando los vio no le gustaron. Llamó al mesero y le dijo: “Estos huevos no están buenos”. “Caballero –replicó muy digno el hombre-, yo lo único que puse fue la mesa”… Doña Perleta oyó hablar de una médium que tenía el poder de convocar a los espíritus de los difuntos. Ella había perdido recientemente a su marido, de modo que acudió al consultorio de la mujer con el propósito de establecer contacto con el finadito. La médium la condujo a una sala en penumbra adornada con toda suerte de emblemas esotéricos y funerarios; la hizo sentar frente a ella y le preguntó el hombre de su esposo. “Se llamaba Serenín –le informó doña Perleta-, pero todo el mundo le decía Nin”. Tras de cobrar sus honorarios por adelantado la médium se puso en trance y empezó a llamar: “Nin… Nin…”. Transcurrió un minuto y la mujer le informó a la señora: “Ya está aquí el espíritu de su marido. Me dijo ‘¿Qué onda?’, y me pidió un cigarro”. Inquirió doña Perleta con angustia: “¿Dónde se encuentra mi querido Nin? ¿Está en el Cielo?”. “No lo sé exactamente –respondió la espírita-. Pero no me pidió ni cerillos ni encendedor”… Un individuo bebía su copa en la barra, silencioso y solitario. El cantinero, compasivo, le preguntó: “¿Qué le sucede, amigo? ¿Por qué se ve tan triste?”. Respondió el sujeto: “Tuve una discusión muy fuerte con mi señora, y me dijo que no me admitiría en su cama durante todo un mes”. “¡Caramba! –se condolió el de la cantina-. Con razón está usted tan apesadumbrado”. “Sí –suspiró con aflicción el tipo-. Hoy se cumple el mes”… Dos grandes enemigos tiene la democracia: la pobreza y la ignorancia. Esos males van juntos casi siempre, y hacen que quienes los padecen no estén en aptitud de ejercer plenamente su libre voluntad. Son entonces fácil presa de caudillos, de gobiernos que basan su política en las dádivas, de políticos demagógicos. Un pueblo educado es por naturaleza un pueblo libre. La educación y la libertad conducen necesariamente a la democracia. Donde esos bienes faltan es difícil que los ciudadanos puedan alcanzar su cabal realización. Nuestro país tiene un problema grave de pobreza, lo cual hace difícil que los frutos derivados de la educación puedan llegar a la inmensa mayoría de los mexicanos. Y sin educación no florecen lo valores en que se finca la sana existencia de una comunidad: libertad, justicia y democracia. Cuidado con los gobiernos que en la pobreza del pueblo, y en su ignorancia, fincan su poder… Un tipo iba por la calle y tropezó con un sujeto de estatura procerosa, potentes músculos y puños como mazos de herrador. El hombrón se molestó. Le dijo al que lo había empujado: “Es usted un imbécil”. Preguntó el otro, retador: “¿Me lo dice en serio o en broma?”. Replicó el gigante: “Se lo digo completamente en serio”. “Entonces no hay problema –declaró el tipo empezando a retirarse-. Porque bromas sí que no aguanto”… Doña Jodoncia le dijo a don Martiriano, su marido: “Voy a platicar un minutito con la vecina del 14. Cada media hora échales un ojo a los frijoles”… El joven marinero buscó en su oficina al médico del barco. “Doctor –le dijo-. Si me acuesto boca arriba me molesta el estómago. Si me acuesto sobre el costado derecho me molesta el hígado. Si me acuesto sobre el costado izquierdo me molesta el riñón”. Inquirió el facultativo: “¿Y si se acuesta bocabajo?”. Respondió el marino: “Entonces me molestan mis compañeros”… FIN.

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