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DOS TIPOS DE GRITONES

Por: Andrés Timoteo  /  columnista

DOS TIPOS DE GRITONES

Este fin de semana se conmemora el 208 aniversario del inicio de la Guerra de Independencia y los gobernantes de los tres niveles de Gobierno encabezarán, la noche de mañana sábado, las tradicionales ceremonias del Grito de Independencia. Pero serán actos bivalentes: unos gritarán por primera vez y otros darán su último grito.

Los alcaldes que iniciaron su período constitucional en enero de este año acudirán por vez primera a gritar en las plazas públicas. Se verá así a la panista Leticia López Landero arengar a los héroes patrios a todo pulmón, lo mismo que al orizabeño Igor Rojí López y al resto de los 212 ediles veracruzanos. A ver qué tal les sale su primera vez como gritones.

La expectativa está en Xalapa, por si a Hipólito Rodríguez se le ocurre dar un grito propio, envalentado por la locomotora de Morena que se aproxima -recuerden que la ceremonia principal la encabeza el Gobernador en funciones-. Ya se verá. El morbo es también por si en una de esas hasta el Gobernador electo hace su presencia para el “grito alternativo”.

En las páginas de esta casa editorial se leerán las crónicas sobre los gritones, aunque habrá dos tipos de ellos, pues, como ya se dijo, el Gobernador presidirá su última ceremonia de este tipo desde balcón de Palacio de Gobierno en Xalapa y la mañana del día siguiente, el domingo, encabezará la guardia de honor frente al monumento de Miguel Hidalgo en el parque Los Berros, también en la capital del Estado.

A nivel nacional, el inefable Enrique Peña Nieto hará lo propio en Palacio Nacional y por supuesto, se espera que los asistentes al zócalo de la Ciudad de México lo despidan con un gran abucheo, el que se merece, pues, por haber dejado al País hecho un reguero de sangre y haber encabezado el Gobierno más corrupto de la historia.

En este contexto, lo destacable en Veracruz es que, a diferencia de otros años, en esta ocasión no hay zozobra por cuestiones de seguridad pública ni anuncios de suspensión de desfiles patrios por el mismo motivo. Las marchas del 16 de septiembre, eso sí, servirían de plataformas para las protestas de todo tipo, pero ello es parte de las libertades en una democracia. Ni para quejarse.

MARGINACIÓN POLÍTICA

El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, acaba de anunciar un plan de gran calado para ‘rescatar’ de la pobreza urbana a 15 ciudades del País, tanto fronterizas como con destino de playa. Para ello anunció una inversión de 10 mil millones de pesos para crear infraestructura urbana, es decir, servicios públicos -agua potable, electrificación, pavimentación de calles y mejoramiento de vialidades-.

También se ocupará en el rescate de espacios -dignificación de parques, plazas públicas, centros deportivos, iluminación nocturna de áreas y ubicación de puestos y vigilancia policiaca y de socorro para atender emergencias, entre otras-. Son dos los ejes a combatir: la marginación -pobreza urbana-, especialmente en colonias populares, y los índices de violencia -robo, narcomenudeo, extorsiones y asaltos a casa-habitación-.

A mediano plazo, con esta inversión multimillonaria y la participación de los gobiernos estatales se espera “rescatar” a esas 15 urbes y catapultarlas como polos de desarrollo turístico, comercial e industrial. El proyecto suena espectacular, aunque del mismo está marginado Veracruz. No hay una sola ciudad veracruzana contemplada en el mismo -¿dónde está la influencia y cercanía con López Obrador que presume el gobernador electo Cuitláhuac García-?

Las ciudades incluidas son: San Luis Río Colorado en Sonora, Tijuana en Baja California, Matamoros en Tamaulipas, Acuña en Coahuila, Juárez en Chihuahua, Acapulco en Guerrero, Los Cabos en Baja California Sur, Bahía de Banderas en Nayarit, Puerto Vallarta en Jalisco y Solidaridad (Playa del Carmen) en Quintana Roo, además de cuatro ciudades del Estado de México que son: Nicolás Romero, Chimalhuacán, Texcoco, Chalco y Cuautitlán Izcalli.

Algunos elucubran que el Gobierno Federal entrante excluyó a ciudades veracruzanas que tienen esas características por estar gobernadas por ediles de Acción Nacional y del Sol Azteca, como el Puerto de Veracruz, Córdoba, Catemaco, Gutiérrez Zamora, Papantla o Tuxpan.

Sin embargo, lo lamentable es que hay otras urbes que también tienen un potencial turístico, pero son presas de la violencia y el abandono presupuestal que tampoco fueron consideradas -aunque no las gobiernen panistas o perredistas- como San Andrés Tuxtla, Huatusco, Coatzacoalcos y la misma Xalapa, la capital de la entidad. Estas dos últimas gobernadas por el Movimiento Regeneración Nacional.

Es incomprensible, por ejemplo, que en el Sureste se haya incluido a Playa del Carmen, en Quintana Roo, que tiene un elevado ingreso per cápita por el turismo internacional que recibe y no se haya considerado al Puerto de Veracruz, que lleva años pugnando por convertirse en destino internacional.

La decisión sobre las ciudades elegidas, o mejor dicho las excluidas, en Veracruz es obviamente política. La famosa “Cuarta Transformación” que propone López Obrador será excluyente para los ciudadanos que tengan autoridades locales que les son incómodas al caudillo.

MORELOS NO ES VERACRUZ

En estas cuestiones la misma tesitura de conveniencias políticas, ¿quién iba a decir que Morena tendería a reventar desde adentro? Tras los resultados electorales del primero de julio, en ese Partido se festejaba que no sólo habían ganado la Presidencia de la República y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, sino que también gobernarían cuatro entidades: Chiapas, Tabasco, Morelos y Veracruz.

Pero, a dos meses del triunfo, el gobernador electo de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, está en plena rebeldía, pues quiere gobernar por cuenta propia y no ser marioneta del altiplano, por lo que rechazó la imposición del senador Rabindranath Salazar Solorio para que se convirtiera en su secretario de Gobierno.

Además, el exfutbolista y exalcalde de Cuernavaca también se negó a que Morena controle el Congreso Local, pues eso lo usarían para tenerlo presionado y bloquear todas las iniciativas que mande al Poder Legislativo si no obedecía las órdenes de Los Pinos, por lo que sus operadores llamaron a los parlamentarios electos por el Partido Encuentro Social (PES) para construir una mayoría por cuenta propia y además convencieron a varios legisladores de Morena para cambiar de filiación.

Eso desató la furia en el centro del País y la dirigente de ese partido, Yeidckol Polevnsky, salió hace unos días a fustigarlo, calificándolo de “innoble” y “traidor”, pero el exfutbolista es de barrio y no se deja, así que le contestó aclarándole que no le debe el triunfo a Morena ni a López Obrador, sino que el resultado electoral fue gracias a los tres partidos que participaron -en los hechos, el propio Cuauhtémoc Blanco tenía las encuestas a su favor- además de que no hubo acuerdos para someterse a imposiciones en su gabinete.

Blanco no cederá fácilmente a la presión para colocarle a un secretario de Gobierno que en realidad sería un mandatario de facto y podría ser el primer gobernador que rompa la alianza con el lopezobradorismo, encabezando el primer cisma de la ‘República Amorosa’ y dejando a Morena sin uno de los cuatro estados a ‘gobernar’.

Y Morelos no es Veracruz ni Cuauhtémoc Blanco es Cuitláhuac García, aunque López Obrador los paseó a ambos en la reciente asamblea de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) para sacarles provecho a sus nombres de origen azteca y exhibirlos como trofeos. No, en Veracruz ni chistó García Jiménez cuando le impusieron a Erick Patricinio Cisneros en la Secretaría General de Gobierno.

Tampoco ha levantado ni una ceja en protesta por las imposiciones en las carteras de Salud, Turismo, Desarrollo Económico y hasta en la jefatura de su oficina. Será casi imposible que diga algo en contra de los nombramientos en Finanzas o Desarrollo Social que ya se tienen en el altiplano. El xalapeño no cortará los hilos del titiriteo porque a diferencia de Cuauhtémoc Blanco, él si le debe el triunfo a López Obrador, que lo hizo ganar sin hacer campaña. 

LOS FALSEADORES

Hay crisis en el Gobierno de España. La ministra de Sanidad, Carmen Montón, tuvo que renunciar al cargo, fue exhibida porque hizo una maestría en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) llena de anomalías: no asistió a clases, no trató con profesores y su tesis está plagada de “fusiles” de otros trabajos y hasta de páginas enteras de Wikipedia.

La primicia la detonó el periódico digital Eldiario.es el segundo trabajo periodístico de ese medio informativo que ‘tumba’ a un poderoso.

La primera en caer, en abril pasado, fue María Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, también por haber falseado una maestría en la misma Universidad. El escándalo no para allí, pues también es investigado por el Tribunal Supremo de España el actual dirigente del PP, Pablo Casados, por otro máster obtenido de manera fraudulenta ¡y en la misma Universidad!

Y hay más, el mismo presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, está acusado de haber plagiado trabajos ajenos para su tesis de Doctor en Economía en la Universidad Camilo José Cela en el 2012. Y como siempre, hay que hacer las odiosas comparaciones. A diferencia de España, en México salió intocado el presidente Enrique Peña Nieto, a pesar de que plagió el contenido de su tesis en la Universidad Panamericana.

Pero no hay que ir muy lejos, durante seis años el exgobernador Javier Duarte se hizo llamar “doctor”, cuando nunca pudo exhibir el título que presumía haber obtenido de la Universidad Complutense de Madrid. Lo peor, el gobernador que está por entrar, Cuitláhuac García, también presume un doctorado inexistente en Ingeniería por la Universidad Técnica de Hamburgo-Harburg, Alemania. Muy parecido Cuitláhuac a Duarte, ojalá que sólo lo imite en eso de falsear los títulos de postgrado y no en meterle la mano al cajón.

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